Tiempo de crisis

Diego Alonso

Menuda mierda. Empieza un año nuevo y en vez de alegrarnos por ello nos echamos a temblar presagiando que será aún peor que el pasado.

Muchos hubiésemos preferido que se acabase de verdad el mundo de una vez. Que se dejase de agonías. Las llamaradas solares, la inversión de los polos, los agujeros negros o una invasión alienígena eran las únicas salidas viables que a corto plazo teníamos para escapar de esta espiral negativa.

Pero lo cierto es que aquí seguimos, y no nos queda otra que apechugar con la realidad. Si 2012 nos ha hecho despertar del letargo, 2013 debería servirnos para afianzar la lección aprendida.

mono-escribiendo

Los únicos brotes verdes que veremos llegarán con la primavera, y será así porque es algo que no está de nuestra mano. Pensar que el trabajo vendrá a llamarnos a la puerta es una utopía que una vez han pasado las elecciones nadie se quiere creer ya, y es mucho más fácil pronosticar a estas alturas que será el despido quien siga tocando timbres.

El panorama es desolador, y la crisis ha conseguido robarle al tiempo el honor de ser el tema de conversación más recurrente. Y ciertamente son cuestiones parecidas. Ambas se nos escapan de las manos y aunque la tele nos dé predicciones, estas varían en función del canal, y sólo sabremos la verdad si miramos a través de  la ventana.

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