Carne

Mr. Larrabee

La gente quiere carne. Chicha. Sustancia. Menos larala y más lerele. Dejarse de mandangas e ir al grano. Y parece que el mejunje lo ha encontrado en la oscuridad de un teatro. Pero no se equivoquen. Cuando me refiero a que han hallado carne en un teatro no me refiero a que han redescubierto el maravilloso mundo del muslamen y la lentejuela. No. Para ver una buena revista y un vodevil en condiciones ya tenemos el Congreso con sus vedettes de corbata y sus sobres a juego. Una superproducción que nos cuesta un ojo de la cara, por cierto.

TeatroMe refiero al teatro. Al de verdad. Bueno, aquel en el que todo es mentira para conseguir la verdad. El caso es que la gente está eligiendo el teatro como trinchera en este mundo en ruinas. Quizás porque la realidad cada vez se parece más a una tragedia griega en la que no nos salva ni un caballito de madera ni Zeus cagando rayos, rojo de ira. O quizás porque para que les cuenten mentiras prefieren a profesionales.

El caso, digo, es que las plateas se llenan. Hay necesidad de teatro. De gente hablando con gente. De gente emocionando a gente. De gente que necesita escuchar la palabra lanzada al aire porque necesita algo real que echarse a la cara, por muy voluble que ésta sea. La palabra, no la cara.

Antes se iba a misa a escuchar la palabra. Ahora la mayoría escoge el teatro. Como la fe para los creyentes, el teatro, el Arte en general, no soluciona ni arregla pero sí reconforta y alivia. Y por el mismo precio, que no es barato precisamente, el teatro que no una misa, mueve a la reflexión, a sacudir nuestras ideas y nuestras neuronas como bellotas del árbol. Y eso es bueno. Muy bueno.

Convertirse en una sola voz bajo la oscuridad de un teatro y sentir como propia la angustia de un actor que interpreta un personaje que fue escrito hace siglos tiene pocas comparaciones.

Ver a Blanca Portillo en ‘La vida es sueño’, entrando en la piel de un aturdido Segismundo que intenta saber qué es sueño y qué no lo es pone los pelos como escarpias. Y lo hace porque ella deja de ser ella para ser él . Y porque todos de alguna manera, hoy más que nunca, estamos intentando discriminar lo verdadero de lo falso. El grano de la paja. La pepita de oro entre tanto barro. Y mira que tenemos barro a paladas. Antes de que despertemos y nos digan que todo ha sido una maldita pesadilla.

Persigan a la Portillo, por favor, y búsquenla en algún teatro cercano porque ofrece carne de la buena. Su propia carne. Y eso no tiene precio, incluso con el 21% de IVA.

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One response to “Carne

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