Un país de récord

[Antes de comenzar la lectura, cántese lo de “yo soy español, español, español” varias veces para aumentar la motivación; si hay alguien más en la estancia que lo tararee en segundo plano para mantener la tensión emocional línea a línea]

La selección de fútbol. La de baloncesto. Las de balonmano (femenino y masculino). La de fútbol sala. Mireia Belmonte, Nani Roma y Nadal. Los olímpicos del tae kwon do y los de vela. Fernando Alonso, Lorenzo y Pedrosa. También Marc Márquez, Maverick Vi –bueno este que se cambie primero el nombre y luego hablamos- y Pol Espargaró. Y David Cal y Alberto Contador y Gisela Pulido y… Todo un país de éxito, gloria y récords.

[Elévese ahora el volumen de la cantinela hasta un límite de ‘a grito pelao’, eligiendo la energía idónea en función del propio fervor patriótico]

5.965.400 parados, el mayor número de parados de la historia del país. Con la gente que busca empleo, podríamos llenar Dinamarca, Finlandia o Noruega, o doblar la población de cualquiera de las repúblicas bálticas. Una tasa de desempleo del 26,02%, cinco veces la tasa alemana y por supuesto la más alta de los veintisiete países que componen la Unión Europea. Uno de cada dos menores de 25 años en edad de trabajar no puede hacerlo. En los últimos cinco años, 2.000 personas se han ido a la puta calle cada día. Casi dos millones (1.833.700) de hogares sobreviven sin que ninguno de sus integrantes trabaje. Prácticamente la mitad de los parados son de larga de duración –más de un año sin encontrar trabajo- y la gran mayoría ya han agotado las prestaciones por desempleo. ¿Querías récords? Pues toma dos tazas.

rajoy paro

Portada de ‘El Mundo’ del 10 de enero de 2010

Las perlas de Zapatero, que cada dos por tres decía a los cuatro vientos que el paro ya había tocado techo, intentando autoconvencerse como el niño que atraviesa un trauma y se repite una y otra vez “ya ha pasado todo” tratando de borrar aquello que le perturba, fueron duramente criticadas. Ya sea por pura cara dura, por el principio de Hanlon (“no atribuyas a la maldad lo que puede explicarse por la estupidez”) o por el consumo desenfrenado de sustancias alucinógenas durante demasiados años, el anterior presidente era la única persona  que veía con optimismo la evolución de la tasa. Un año y una vergonzosa reforma laboral después, hemos podido comprobar que Marianón y la Pitonisa Báñez, sin lugar a dudas, están enganchados a los mismos estupefacientes.

Previsiblemente, el desempleo mantendrá su escalada implacable en los próximos meses, impulsado, entre otros motivos, por un sector regido por auténticos estafadores y que, tras la explosión de la burbuja que nos había elevado a los maravillosos mundos de Yupi, necesita una operación de adelgazamiento con la misma urgencia que el creador de Megaupload. No se trata del estamento político –no caerá esa breva-, sino del sector financiero.

A cambio de los 41.265 millones del rescate bancario, Bruselas exige a las cajas hundidas que “reorienten su negocio hacia la concesión de crédito a familias y empresas y ajusten sus plantillas a la nueva coyuntura”, o lo que es lo mismo, que se dejen de tonterías y se dediquen a aquello para lo que fueron concebidas, prestar dinero a la gente.

El grupo de entidades nacionalizadas, que recibirá la mayor parte del rescate (37.000 millones), será el que se haga una mayor liposucción laboral. Catalunya Caixa y Banco de Valencia ya han eliminado más de 1.500 empleos. Novagalicia, que encasqueta preferentes (complejos productos financieros) a ancianos analfabetos y luego denuncia a los que reclaman unos ahorros que nunca van a recuperar, destruirá otros 2.500 puestos, pero el premio gordo es para la joya de la corona.

Bankia, esa entidad que lo mismo le da un préstamo de 27 millones a uno de sus propios consejeros –Díaz Ferrán- que echa a 9.000 madrileños de sus casas, la misma que pagaba 1.000 euros diarios a Ángel Acebes (abogado de estudios y mentiroso de profesión) como asesor independiente porque “el presidente le puso”, es la responsable del mayor agujero financiero de la historia del país. Tras los 20.000 millones de dinero público europeo que recibirá, echará a 5.000 personas a la calle. Los sindicatos han denunciado esta semana que despedir a uno de cada tres trabajadores le costará al banco lo mismo que la salida de 50 directivos, es decir, que cada alto cargo recibe la misma indemnización que cien empleados muertos de hambre, así da gusto ser ‘bankero’.

Las entidades no nacionalizadas que también han necesitado ayudas (Caja España Duero, Caja3, Liberbank y Banco Mare Nostrum) tendrán que recortar sus plantillas un 30% de media por los 1.865 millones que recibirán. Este ajuste dejará en la calle a cerca de 4.000 personas más, según los cálculos de UGT. Mención aparte merece la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Paradigma de las casas de putas en que se convirtieron la gran mayoría de las cajas durante los años de los Zaplanas y los ‘poceros’, fue vendida al Banco Sabadell por el precio simbólico de un euro. Sus cuotas participativas, el formato que utilizaron unas 54.000 personas para guardar sus ahorros, perdieron todo su valor. El grupo catalán pondrá a 1.250 trabajadores de la otrora próspera entidad mediterránea de patitas en la calle.

A todo ello se deben añadir los despidos de los dos principales bancos del país, el orgullo patrio de las finanzas. BBVA anunció el año pasado que, con la compra de Unnim, eliminará 1.300 puestos. El Banco Santander también echará a varios centenares de empleados después de la integración con la red de Banesto. El consejero delegado de la entidad cántabra, por cierto, fue indultado por el Gobierno de Zapatero “el progresista” por una condena a tres meses de inhabilitación por acusación falsa. El indulto, que se ha recurrido ante la justicia, podría ser anulado, pero no pasa nada, porque el Gobierno ya prepara una reforma para que los condenados puedan dirigir bancos, y así todos contentos. Qué curiosa casualidad, ¿no?

En total, durante los próximos meses y años asistiremos al despido de unos 15.000 empleados de banca que se suman a los más de 22.000 que ya han sido destituidos. Currantes que pagan los platos rotos de unos consejos de administración que se dedicaron a dar préstamos a tocateja a sus amigotes de la política y a estafar al cliente medio con unas prácticas que parecen sacadas de los libros de Mario Puzo, creyendo que la vida sería siempre como un gran anuncio de Evax. Mientras se ejecutan los despidos masivos, esta sarta de eficaces, solidarios y, ante todo, honrados gestores, se llevan más de 330 millones como recompensa a su buen hacer y al éxito obtenido en la misión de hundir cada caja hasta donde no alcance la vista para luego poner pies en polvorosa, dejando agujeros que tengamos que sufragar entre todos, algo que hacemos encantadísimos, porque al fin y al cabo, mientras gane la selección…

Daniel Vega

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