Hacienda somos todos (tontos)

Corrección: Se ha descubierto que Bárcenas el honorable blanqueó en realidad 19 millones de euros, por los que pagó poco más de un millón de euros, es decir, que la tasa final por legalizar casi 4.000 millones de las antiguas pesetas, más de lo que la mayoría de nosotros ganaremos en toda nuestra vida, fue del 5%. Porque en España, la realidad siempre supera la ficción.

La actuación del Gobierno en materia económica se ha centrado en dos focos, reducir el desempleo y volver a generar crecimiento. Como vimos la semana pasada, en la primera asignatura han tenido menos éxito que Rodolfo Chikilicuatre en Eurovisión. Pero el hecho de que haya un millón más de parados desde la llegada al poder de los populares no ha sido óbice para que la ministra de Empleo, Fátima ‘la milagrosa’, se sienta “moderadamente satisfecha” por los resultados de la reforma laboral (¡Olé tus cojones, pitonisa!).

Respecto a lo de que la economía vuelva a crecer, el Ejecutivo ha establecido la dictadura de la ‘consolidación fiscal’, es decir, cerrar el grifo del gasto público y exprimir el bolsillo del ciudadano hasta dejarlo más seco que las gónadas de Berlusconi. Del “¡Me sobra el dinero!” de un Zapatero inspirado en la filosofía de Matías ‘el humilde’, hemos pasado al “dame un euro su colega” de un Mariano más inclinado hacia la doctrina calé.

Para ello, han aplicado severos recortes en prácticamente todo -excepto algunas partidas imprescindibles para la recuperación económica tales como el material de los antidisturbios- y han subido todos los impuestos habidos y por haber (IVA, IRPF, Sociedades, tabaco, carburantes…). Bueno, el de las SICAV, sociedades de inversión para grandes fortunas, no lo han tocado. Frente al 20% del Impuesto de Sociedades que paga como mínimo una empresa normal, estos clubs de ricos tributan un equitativo 1% desde hace 20 años. Todo muy justo.

Una de las medidas estrella aprobadas por el ministro de Hacienda, ese enjuto individuo de mirada pérfida que guarda un sospechoso parecido con Monty Burns, fue la ‘amnistía fiscal’.

La ‘regularización tributaria’, como le gusta llamarla al equipo de sofistas que nos gobierna, consiste en la legalización de dinero negro (que no ha pagado impuestos) por una comisión del 10%. A cambio de una limosna para papá Estado, el delincuente fiscal se encuentra una alfombra roja para blanquear su patrimonio oculto en el extranjero.

INDISCRETOS ha tenido acceso a un borrador del folleto promocional que Hacienda planeaba distribuir por paraísos fiscales: “¡Ey, evasor fiscal! ¿Cansado de recurrir a sociedades pantalla o herméticos bancos para esconder tu dinero ilegal? Deja de sufrir viajando a lugares donde el calor es tan pegajoso que el sudor de tu cuerpo destiñe los billetes cuando te frotas con ellos y tráelos a tu país de muertos de hambre. Por una módica contribución para el Fisco, nosotros te guardamos tu dinero sucio y nos aseguramos de que nadie haga preguntas. Has sido malo, sí, pero nosotros te perdonamos porque te lo mereces. Hacienda somos todos (tontos)”.

Según Montoro Burns, la amnistía permitiría aflorar 25.000 millones de euros y supondría una inyección de 2.500 para el erario público. Además, las personas sometidas a juicios por delitos fiscales no podrían acogerse a ella y no se impediría que la Agencia Tributaria investigara posibles hechos delictivos si se encontraban indicios suficientes.

Cristóbal Burns

Si la cara es el espejo del alma, estamos apañados.

Sin embargo, los inspectores no han podido investigar nada ya que, por cuestiones de “seguridad”, el Gobierno sólo ha dado esa potestad a unos pocos altos cargos. Finalmente, se han descubierto 40.000 millones y se han recaudado 1.200. Aunque tengas la misma formación que los asesores de Rajoy, te habrás percatado de que las cuentas no salen. En realidad, no se ha gravado el dinero declarado, sino el rendimiento que éste ha generado, de forma que la comisión final ha sido del 3% del capital normalizado. Y para rematar la faena, se ha probado que el delincuente de moda, uno de nuestros indiscretos predilectos, recurrió al “proceso especial de regulación tributaria” -¿cómo dice, joven?- para blanquear 11 millones de euros a través de una de sus sociedades. Peina canas en sus sienes, le apodan cariñosamente ‘el cabrón’ y utiliza técnicas propias de la Cosa Nostra. No se trata de Paulie, el de Los Soprano, sino de Bárcenas, ‘el chocolatero’.

De modo que se ha legalizado casi el doble de lo que se esperaba pero se ha ingresado menos de la mitad, se ha lavado el dinero delictivo y, salvo el Bárcenasgate, no se están persiguiendo los más que probables casos de fraude. Vamos, una auténtica jugada maestra.

Ahora Hacienda ha abierto un plazo de tres meses para que los dueños de cuentas y bienes en el extranjero por un valor superior a 50.000 euros los declaren. Sólo con carácter informativo, sin más impuestos, no se nos vayan a asustar nuestros queridos ricachones. En teoría, por cada dato erróneo que se detecte, se impondrá una multa de 5.000 euros. Si se descubre algún elemento no declarado, tributará como el IRPF actual (52%-56%) y se aplicará una sanción de hasta el 150% de la cantidad restante. Por otro lado, Suiza, donde se calcula que hay otros 45.000 millones de evasores españoles, levantó el viernes pasado su secreto bancario. Esto significa que, a partir de ahora, el país helvético responderá a las peticiones de información sobre evasores que realicen estados como España. Parecen buenas noticias pero, teniendo en cuenta la eficacia de nuestra Agencia Tributaria, yo no lo tendría tan claro.

Daniel Vega

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