Esperanza

Diego Alonso

Ausente en estos días de indignación hacia nuestros responsables políticos, resurgirá poderosa de entre sus cenizas.

Quienes crean en ella dirán que es lo último que se debería perder. Que una vez se ha marchado tan solo volviendo a recuperarla se podrá seguir adelante.

Prometerá aferrarnos al deseo que anhelamos ver cumplido.

Se nos presentará como la luz al final del túnel.

Simbolizará un acto de fe. Una presencia divina. Será la advocación mariana de la iglesia Católica. La virgen encinta.

Aristóteles se refirió a ella una vez como el sueño del hombre despierto.

Santo Tomás de Aquino la elevó a la categoría de virtud sobrenatural.

Según el mito de Pandora, será el único de los males del hombre que permanezca dentro de la caja una vez que esta ha sido abierta.

En el campo de las matemáticas, la estadística la define como el valor esperado.

En el lenguaje, a ella se oponen, por defecto, la desesperación y por exceso, la presunción.

Nietzsche, por su parte, la anunció como peor de los males. Aquél que prolongará el tormento del hombre.

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