La inflación baila un tango en la Argentina

A Argentina no le salen las cuentas y la calculadora rota de la Casa Rosada ha colmado la paciencia del Fondo Monetario Internacional, que a principios de este mes le sacaba la tarjeta roja por la falta de exactitud en sus datos estadísticos. No es la primera vez que el organismo internacional le llama la atención al Gobierno argentino. Desde 2008 ha advertido en sus informes la notable diferencia entre los datos arrojados por las entidades de medición privadas y los proporcionados por el Gobierno. Tras años de pequeños avisos, el 1 de febrero llegaba el definitivo. Es la primera vez que, en sus 69 años de historia, el organismo toma esta medida contra uno de sus países miembro.

Fuente: The Economist

Es una declaración de censura por sus “insuficientes progresos en la mejora de la calidad de sus estadísticas macroeconómicas”. Argentina no tendrá acceso a los recursos del Fondo Monetario Internacional y deberá “mejorar la fiabilidad de sus datos de inflación y PIB”.  Tienen hasta el 29 de septiembre de 2013 para corregir su sistema de medición y esclarecer sus datos estadísticos. De no superar el examen, el FMI declararía la desclasificación del país, impidiéndole de forma definitiva el acceso a los recursos del organismo y suspendiendo el derecho a voto de Argentina dentro del mismo.

Los números bailan con la inflación. El Gobierno la sitúa en el 10,8%, y sin embargo las entidades privadas de medición la sitúan por encima del 25%. Esto quiere decir que el poder adquisitivo de los argentinos se ve mermado y el precio medio de los bienes sube, la moneda vale menos. Con lo mismo, se compran menos cosas. Los pesos, no pesan.

El tango estadístico comenzó cuando el gobierno intervino rebajando la cuantía de la inflación. Lo advertía  en 2007 el entonces Presidente y fundador del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino y ahora Viceministro de Economía, Axel Kicillof. Jugó un papel clave en la nacionalización de Repsol, una vez en el Gobierno se calló como una puta y no volvió a hablar de la inflación.

Decidieron que era mejor seguir maquillando los datos. Trece de los funcionarios encargados de elaborar las estadísticas, que advirtieron en su día que la inflación se disparaba, fueron despedidos. Poco después las consultoras que publicaban estimaciones independientes recibían multas de hasta 100.000 euros. Entre 2003 y 2011, el promedio de crecimiento del país fue del 7.5%, la inflación aumentaba pero los salarios también, así que todo el mundo tan contento. El pastel se hacía evidente cuando este 2012 el PIB se despeñaba en un tiempo record, pasando del 8.9% al 2% y las estadísticas perdían definitivamente toda su conexión con la realidad.

El motivo para falsear los datos era reducir la cuantía de los pagos a aquellos inversores que compraron deuda pública. Es decir, que falseando la inflación el Gobierno argentino se ahorra dinero al devolver su deuda. De aplicarse la inflación real, la factura en concepto de deuda se dispararía. Argentina tiene dos opciones, endeudarse de nuevo, o imprimir más dinero, lo que agravaría el problema de la inflación. Como bien decía la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hace poco, si la inflación fuera del 25% el país “saltaría por los aires”. Aún no lo ha hecho, y sin embargo el FMI ya ha puesto a Kirchner definitivamente en alerta.

Fuente: La Nación.

Para arreglar el tinglado el Gobierno se reunía con las principales cadenas de supermercados y anunciaba un congelamiento de los precios desde el 1 de febrero hasta el 1 de abril en más de mil establecimientos. La medida se toma sin decreto, no basta más que el acuerdo. La intención es obvia, mejorar la inflación al menos durante las negociaciones salariales. Al día siguiente las cadenas de electrodomésticos se unían al acuerdo. Mientras los argentinos se las arreglan para esquivar los intereses, muchos se arriesgan a endeudarse y tiran de la Visa. Saben que posponer los pagos les saldrá más barato gracias a la inflación. Ya hay falta de productos básicos en los comercios.

A colación de la congelación de los precios, los supermercados han retirado la publicidad de los diarios alegando que los descuentos y ofertas carecerán de sentido durante estos dos meses. Medios como Clarín o La Nación, cuya principal fuente de ingresos es esta publicidad, sufren ahora un hueco financiero en sus ediciones de fin de semana. Los mal pensados acusan al Gobierno de obligar a los supermercados a retirar los anuncios para debilitar a los medios poco afines a Kirchner y el autoritarismo sobre los medios de comunicación que precede al Gobierno argentino, como el ejercido contra el Grupo Clarín, no avala su inocencia.

La falta de transparencia va mucho más allá de la de los propios cálculos. Los atentados contra la libertad de prensa, las mentiras en torno a la inflación, el derroche de nacionalizaciones como la de Repsol, y el intento de reforma en la Constitución para permitir un tercer mandato de Kirchner, han provocado un descontento social que en Noviembre reunía, sólo en Buenos Aires a más de 700.000 personas. Fue el mayor cacerolazo desde que gobierna Kirchner.

Laura Amate. Follow @andromedades

LEO LA VALLE_EFE

“Respeto a la Constitución” Cazerolazo en Buenos Aires.
Fuente: Leo La Valle. EFE.

Agüita.

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