Obscenos

FuncionaUn día de estos la voy a liar. De verdad. Ya no puedo más. Es cierto que no es nuevo.  Que ya lo llevan haciendo mucho tiempo. Que esta sociedad manosea palabras y conceptos hasta borrar todo el brillo por el que nacieron y se colocaron en lo más alto de nuestro abecedario vital. Pero lo de los bancos es abusar. Sí, en esto también. Con una impunidad insolente, sí, en esto también, las entidades financieras de todos los colores apelan a conceptos nobles, sinceros, amplios y muy reconocibles para cada uno de nosotros con el único objetivo de sacar provecho de nuestro dinero. Usan aquello que, en los labios adecuados, en las tablas de un teatro o en las hojas de un libro puede ser lo más puro, para conseguir eso que en las manos menos limpias, en la obesidad de muchos bolsillos o en la blancura de unos cuellos de corbata puede ser lo más vil.  Sí, en esto también.

Televisión, prensa, radio, autobuses, marquesinas…cualquier soporte vale para prostituir la belleza de las palabras. A saber:

Revolución. Ahora resulta que esa palabra con sabor dulzón que suda sangre y costó cabezas, se puede leer tras el cristal blindado de una sucursal escrita sobre un bólido rojo. Ahora, que la velocidad de los coches guía al pueblo, la hipoteca es la nueva guillotina jacobina que se equivocó de víctimas. Y ahora me dirán, en esta ventanilla no, en la siguiente, que la poesía no es un arma cargada de futuro sino de futuros activos con precio marcado de antemano.

Felicidad. Esta es su preferida. En ese mundo de mármol y moqueta es imposible ser feliz sin dinero. A partir de este principio, que es un terrible final en sí mismo, ellos tienen la llave de la felicidad eterna. Sólo ellos saben cómo hacernos felices (como si tu mirada no fuese suficiente). Y nos la van a dar. Por supuesto que sí. Por un módico precio eterno la felicidad es nuestra.

Amor. No se andan con pequeñeces. No usan palabras de segundo rango. Ni sentimientos a granel. Que va. Parecía que nunca se iban a atrever a meterle mano al amor. Pero una vez perdido el primer pudor, el resto es fácil. Qué importa que Julieta muera de amor, que Cyrano enmudezca de amor, que Neruda se ausente de amor, que Lope defina el amor después de probarlo. Qué más da que podamos contar con Mario no hasta dos o hasta diez, sino contar con él, qué más da que  a Ángel le baste así, que Sabines pegue con agua los cuerpos o que Sabina tenga ganas de ti. Qué más da todo eso si pesa más un tipo de interés que una multitud de poetas.

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