Los trapos sucios se lavan en casa

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Muchos se sentirán ofendidos y disgustados, pero ya va siendo hora de que aceptemos nuestra cruda realidad. Dicen que la revolución comienza por uno mismo, es cierto. El clamor que ha suscitado la corrupción en los partidos por el blanqueo dinero, la evasión de capitales o la financiación ilícita se ha instalado en las cenas y comidas de todos los hogares, familias de izquierdas y de derechas, en los corrillos del grupo de colegas, en los vagones del metro, fíjense hasta que punto hemos llegado, que en los bares casi se habla más de Bárcenas que de fútbol… Hay que ver lo bien que le vienen al gobierno los clásicos entre Madri$ y Barcelona.

Es como mínimo normal que la gente estalle cuando día tras día los telediarios informan de cómo políticos y empresarios no declaran grandes cantidades de dinero y de cómo se dispara la economía sumergida en España que ya sobrepasa el 20 % del PIB, es decir, si todo el dinero negro que circula por el país fuese declarado, hacienda ingresaría aproximadamente 205.000 millones de euros.

Pero queridos y queridas de España, todos sabemos que en este país no declara ni DIOS. Y es razonable que si los que tienen que dar ejemplo hacen lo contrario, pues el ciudadano no va a ser menos. Y  así nos va. Queda muy bonito y justo decir lo malvados que son los imputados del caso Gürtel o en su día los del caso Filesa, pero desde la venta de un coche de segunda mano hasta los pagos en la construcción y la hostelería, pasando por los negocios en manos de capitales extranjeros como los chinos, aquí no declara ni CRISTO. Y lo cierto es que es algo innato en el ser ibérico, desde que íbamos a por el pan y nos quedábamos con las vueltas, hasta la pasividad a los pagos en metálico, somos así y nos gusta darle triple uso al colchón. En resumen, de poco vale maldecir a los hijosputa de nuestros políticos si luego,  aunque a menor escala, todos hemos hecho lo mismo alguna vez. El cambio comienza por uno mismo.

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One response to “Los trapos sucios se lavan en casa

  1. El Lazarillo refleja la sociedad del XV y nuestro mundo sigue fiel al desengaño cínico del pícaro.”¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que yo comía dos a dos y callabas.”

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