Ven Arte, sal a dar un paseo

Ana Pérez Martín

Que el arte también exista fuera del museo no quiere decir que lo que allí se esconde no sea digno de ser visto. Ni que vayamos ahora a quemar todo aquello que no sea graffiti; barricadas no (gracias) y cuantos más lugares donde disfrutar del arte, mejor. Sólo digo que si te quedas encerrado en casa, por muy bonita y agradable que sea, te marchitas, y que salir a dar un paseo y tomar un poco el aire de vez en cuando no viene nada mal, parece que volviera uno con la energía renovada.

Museo Precario Albinet. @Coroly Suard

Museo Precario Albinet. @Coroly Suard

Es una reflexión de Hirschhorn, artista suizo analizado por Laddaga. Él mantiene que el arte en sí mismo tiene capacidad de producir cambios en las condiciones de vida y que ese “don” se ve muy reducido, incluso desaparece, cuando se exponen las obras en un museo. Que el museo, paradójicamente, les roba su aura, su energía todopoderosa. Hirschhorn cree que el arte se marchita en el museo, necesita “reactivarse” y para ello hay que sacarlo del contexto para el que fue creado y ponerlo “en riesgo”. No sólo en peligro de ser robado o destrozado (como podría pasar si se expusiera en la calle) sino ante la situación complicada de enfrentarse a unas circunstancias para las que no fue creado y a un público que no se pensó que pudiera contemplarlo, uno “no exclusivo”. Sería como poner a Mozart a tocar en una discoteca.

Dos artistas institucionales y dos propuestas de paseo por territorio del arte profano. El primero, el ya nombrado Hirschhorn y su “Musée precaire Albinet”. El segundo Ángel Domínguez Gil, ceramista asturiano cuyas Esferas siguen viajando por el mundo en busca de historias que las cuenten.

Museo precario Albinet @Coroly Suard

Museo precario Albinet @Coroly Suard

Hirschhorn construyó en 2004 un museo con cuatro espacios a base de plástico, madera y cartón atados con cables y cinta adhesiva en Aubervilliers, un barrio conflictivo al noroeste de París donde vive principalmente población árabe y africana. La estructura se colocó entre la biblioteca del barrio y un centro juvenil y estuvo en pie durante ocho semanas, después la desmantelaron entre el artista y los vecinos en una de las muchas celebraciones que tuvieron lugar allí. Hirschhorn consiguió que el Centro Pompidou le prestara ocho obras de arte contemporáneas de Dalí, Beuys, Warhol, Malevich, Mondrian, Léger, Duchamp y Le Corbusier y organizó una exposición por semana centrada en una de ellas. Contrató a jóvenes del barrio como ayudantes y cada lunes trasladaba una de las piezas a la estructura de paredes tambaleantes. En torno a ella giraba la actividad de la semana. A su alrededor se colocaban textos, fotocopias de la propia obra, en un estilo más parecido al graffiti que al que se puede ver en los museos convencionales. Además había una biblioteca donde se anunciaban actividades, se organizaban talleres de producción de obras que luego se exponían junto a las del Pompidou, excursiones para “sumergirse” en el mundo de los artistas, exposiciones espontáneas de vecinos, debates, los jóvenes se reunían en las salas del museo y una familia del barrio atendía un bar colocado al lado de la instalación. Así “reactualizó” Hirschhorn las obras del Pompidou, confrontándolas “con el tiempo que fluye hoy una vez más”.

Varios artistas. Museo Barjola

Varios artistas. Museo Barjola

Lo que hace Ángel Domínguez Gil (Gijón, 1956) con sus Esferas se parece a la idea del suizo pero en este caso el ceramista no buscaba “reactualizar” su obra sino darle vida, buscarle una biografía, una historia. El proyecto comenzó con una reflexión sobre El Niño, un proceso cíclico que obligó al autor a pensar sobre nuestra percepción del tiempo, el eterno retorno y sus consecuencias. Pero esto sólo fue el principio. En 2006 Ángel Domínguez Gil se fue de viaje por Europa pero no podía desprenderse de sus esferas, en las que estaba trabajando con tanta dedicación. Así que decidió llevarse una con él. Empezó a hacerle fotos en los sitios a los que iba, después se dio cuenta de las reacciones que causaba su presencia en la ciudadanía y de cómo aquello formaba también parte de su obra. En 2007 la obra se expuso en el Museo Barjola de Gijón pero la vida de las esferas no terminó en aquella sala. Después volvieron a salir de paseo, a viajar de mano en mano, con la única condición de que se les diera un nombre y que se fuera recogiendo su historia. Hoy siguen por el mundo buscando su identidad, creciendo cada día. Presentes siempre, “con el tiempo” como diría Hirschhorn.

Esferas viajeras. Varios artistas

Esferas viajeras. Varios artistas

El arte se convierte en una experiencia. Una vida. La que le dan las personas con su día a día. Y eso pasa en la calle, en el metro, en unas y otras manos. Está bien recibir visitas en casa pero de vez en cuando hay que salir afuera y socializarse, conocer gente, ver qué sucede en el mundo más allá de nuestras cuatro paredes. Como hacen las esferas viajeras, como hizo Hirschhorn con las obras de los grandes artistas contemporáneos. Sin las estructuras artísticas “clásicas” (los creadores trabajando en estudios, los materiales de siempre y los espacios expositivos habituales) no sería posible hacer otras “alternativas”, no se puede “salir” si no se ha “entrado” en ningún lugar. Sacar el arte a la calle no significa ir en contra de la institución sino ampliar sus posibilidades, experimentar más allá de sus puertas, volver con algo que contar. Y todo sin renunciar al calor del hogar al final de la jornada.

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