Agradezcamos a los dioses el no ser yankis

La sociedad del siglo XXI se basa en la competitividad. Yo más, yo mejor, yo mayor, tú peor. La competitividad, que desplaza a la cooperación, conlleva a que tengamos una serie de iconos, ídolos, espejos, donde poder mirarnos y ver los caminos que ellos han marcado para nosotros seguirlos sin salirnos. Una carrera continua. Esto ocurre tanto a nivel individual como a nivel colectivo y  de país también. Ciertos pueblos miran por encima del hombro a otros ciertos que hacen lo propio con terceros. Hoy les voy a explicar porque en España la gente es más civilizada que en Estados Unidos, por ejemplo.

Imagínense la siguiente situación. Ustedes, por iniciativa propia, se matriculan en un curso, por ejemplo, de portugués. Se presentan el día de inicio de las clases y conocen a sus nuevos compañeros. Entre ellos hay un gallego. El gallego, por su cercanía lingüística al idioma portugués, se siente en la obligación de hacer comentarios para hacerle ver al resto de compañeros las pequeñas diferencias y matices entre ambos idiomas. Lo cierto que el conocimiento nunca está de más, y en este caso se pueden aprender muchas cosas, pero con tres apuntes por clase está bien. Ya al decimonoveno podría producirse una masacre si alguno de los colegas de aula del gallego tiene un arma, ha escuchado 19 puntualizaciones sobre las diferencias gallegas-portuguesas y además tiene mono de fumar. En España uno se calla, profiere mentalmente una de las populares fórmulas para desahogarse como por ejemplo “es que me voy a cagar en tu puta madre” y sigue atendiendo al profesor. Sin pegar un tiro.

Ahora fantaseen con un día de relax. Ajenos al ajetreo del mundo, un domingo como hoy, por ejemplo. Están frente a la chimenea porque hace frío y beben café caliente, o en la terraza porque hace calor saboreando una cerveza bien fresquita, elijan ustedes. Abren el periódico al azar y leen la frase”la pervivencia de la especie no estaría garantizada [con el matrimonio gay]” dicha por ejemplo, por un ministro del Interior español en Roma. Bajan ustedes en ese momento el periódico que les tapa la cara y frente a su casa ven pasar a dicho ministro en un coche de lujo con, por ejemplo, Luis Bárcenas de copiloto fumándose un puro. Miran a su lado y en el suelo tienen un bazooka, un regalo de algún pariente en el último cumpleaños. Lo que podría suceder sería un espectáculo de fuegos artificiales, pero en España uno no hace esas cosas. Mira fijamente a los ocupantes del vehículo para reclamar su atención y cuando sus cuatro ojos estén clavados en uno, se levanta el dedo corazón con rabia y se les dedica una peineta patria. Y tan a gusto. Sin volar un vehículo.

Hay además en un país tan civilizado como España, una tendencia al rencor solo superada por la tendencia al alcoholismo en cualquier parte, hora, lugar, fecha, compañía, etc. La Guerra Civil aconteció hace ya muchas décadas, pero sus consecuencias en nuestro comportamiento todavía son palpables a través de ese fenómeno guerracivilista que nos caracteriza y que en algunos momentos late tan fuerte. Construyan en sus mentes la tragedia humana que conllevaría cualquier partido Real Madrid-FC Barcelona si en el estadio, junto a las pipas y el refresco, cada aficionado tuviese un revolver.

O ya el colmo de los colmos. No quiero ni pensar que ocurriría si a la policía, ejército y fuerzas de seguridad de este país no se les exigiesen unos rigurosos estudios humanistas superiores como requisito para poder portar armas. ¡Qué locura sería! Entrenar a unos seres humanos en la represión basada en la autoridad… ¡Qué bárbaros seríamos!

Pero es que si las armas fuesen legales y de fáciles acceso en España, el día a día sería un caos. El profesor que te suspende injustificadamente, el semáforo que se ilumina de color rojo cuando tienes prisa, un conductor que con su caradura te obstaculiza en la carretera, un amigo robándote a la novia, el perro del vecino que siempre defeca delante de tu puerta, las ancianas que hacen parapeto en la acera y no puedes adelantarlas bajo ningún concepto, el compañero de piso que te quita el programa que estabas viendo en televisión, la señora que se te cuela en la cola del super… Un caos, todo sería un caos.

Por eso, somos más civilizados que países como Estados Unidos. Muchos se escandalizaron con la peineta de Bárcenas, pero eso es sólo el reflejo de lo civilizado que es este personaje. Así que no lo duden, basen sus actos en la buena educación y no olviden lo patrio. No seamos animales y sigamos restringiendo las armas el día de mañana. Un tiro no es la solución, un dedo corazón al aire y un “me cago en tus muertos”, pueden salvar vidas.

[En el artículo anterior no hubo ningún regalo por parte de la Aldea, así que para los que se enfadasen, aquí les dejo el de esta semana, al hilo del tema de la educación. Sean felices]

Fuente de la imagen: elmundo.es

 

 

 

 

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