La náusea

Diego Alonso

Decidme algo que sepáis y algo que creáis. Parece una cuestión fácil, pero nada más lejos de la realidad.

Aún recuerdo como si fuera hoy el día en que un profesor nos hizo tal cuestionamiento en una clase de la universidad. La verdad es que no centro muy bien quién era el sujeto, ni siquiera el nombre de la asignatura, pero sí que me hizo dudar.

Lo cierto es que esas dudas se siguen acrecentando a día de hoy. Cuanto más creo saber más me doy cuenta de que no tengo ni puta idea del mundo en el que vivo. Es algo patente. Es imposible tener certeza de casi ningún aspecto, y más en un ámbito como el periodismo. Puedes dar una información concreta, veraz y que además aporte algo. Un hecho. Nada más. Si te paras a pensar en ello te das cuenta en que reflejar el contexto es imposible. Son demasiados factores. Te ves obligado a concretar porque si intentas abarcar más de lo debido te ves superado y caes con todo el equipo en la generalización, o te ahogas en la inmensidad del océano. Cada hecho es parte de una secuencia en la que intervienen diversos actores y múltiples factores. Es un cacao. No sacas nada en claro. Aunque hagas un trabajo en profundidad. Siempre te queda algo en el tintero. Y a esa ecuación siempre hay que sumarle el hecho de que la actualidad nos persigue. El tiempo es limitado y las cosas muchas veces salen del horno a medio cocer.

banksy en caracas

Por un lado es gratificante. Todo lo que puedas aportar es un orgullo personal. Alimentar un debate es algo fantástico, pero por otro lado es desencantador. Nunca se está en posesión de la verdad. Puedes acercarte a ella pero es tan escurridiza que por mucho que aprietes siempre se escapa. Esa es realmente la única verdad. O al menos eso es lo que creo…

Si lo analizas desde el otro lado es igual de ambiguo. Las informaciones que llegan desde los medios aportan una parte esencial de nuestras vidas. Nos dan de qué hablar. Nos ponen en situación sobre lo que pasa, pero volvemos a lo mismo. Verdades a medias. Nos otorgan datos con los que hacernos una opinión, pero.. ¿qué sabemos realmente? Hablamos de oídas. Llegamos incluso a alteramos comentando los hechos, discutiendo una opinión prediseñada por aquello que nos dicen, pero no sabemos nada.

La sobreinformación es otro factor clave en esto.  Produce aborregamiento. Sabemos por ejemplo que la política es un campo de corrupción pero nos resulta imposible dar 10 nombres de políticos corruptos. Nuestra memoria es finita y en consecuencia retener tantas cosas es imposible. Y el final.. generalizamos.

El producto de todo esto es la sensación de agobio. El no querer saber nada. No querer creer nada, ni a nadie. Nos induce el miedo. La dominación. El quedarnos en casa porque ya no sabemos si protestar merece la pena. Si va a servir de algo. De hecho, ni siquiera podemos apartarnos de ello, porque creemos que las cosas nos influyen aunque sepamos que nosotros difícilmente vamos a influir en ninguna de ellas. Es una rueda en la que estamos subidos y no nos podemos bajar. Es la sociedad. La imposibilidad de salir de ella. La esperanza. La náusea.

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