Puñetazos

Foto: Estudios Pérez. Sta Cruz de TenerifeEsta garita indiscreta se abrió hace unas semanas para pellizcar al respetable. La cultura debe tener ese efecto. Debe hacernos despertar, espabilar, estar alerta y no dejar que las emociones duerman plácidamente mientras la razón se apodera de todo.

‘Yo soy mi propio abuelo/ viendo a mi infancia jugar’

Pero a veces, tan sólo a veces, yo recibo, como decía Woody Allen, un puñetazo en todo el cigarrillo. Y doy gracias a todas las casualidades que han hecho que ese derechazo haya llegado al centro de mi asombrada cara de gafapasta intelectualoide.

‘Y es que la inteligencia/ es erótica/ y el arte perfecto/ el orgasmo’

Y aún con el corazón a cien por hora, balbuceando pensamientos, necesito explicar, gritar y anunciar que lo que acabo de recibir es un maldito regalo que no sé cómo no lo he descubierto antes.

‘Pequeños hombres dan/ vueltas a sus cabezas,/ las miran fijamente/ y se echan a llorar’

Ese regalo se llama Félix Francisco Casanova. Nacido en 1956 y muerto diecinueve años después, estuvo más de treinta aún más muerto, que es lo que le pasa a un poeta olvidado, que muere dos veces. Hace tres años, Hiperión primero y Demipage después decidieron que había que desenterrar esa poesía de “la fosa común del tiempo” que decía Brassens. Y así fue. Ha tardado pero el viento del azar ha dejado en mis manos ‘Cuarenta contra el agua’ (Demipage, 2010) una bella antología de la poesía de este muchacho apasionado por la música y poeta desde que nació.

‘Pero ahora son tus pies/ quienes dan mis pasos’

Si nunca habéis temblado al leer un puñado de versos ya va siendo hora. Casanova lo consigue una y otra vez. Es joven, bruto, desbocado. A veces grita; pero en voz baja. La elección de las palabras, la concreción de las imágenes. Notas la juventud, la puedes tocar pero a través de labios expertos que son sus versos. No falta nada y lo más importante en un poeta: No sobra nada. Y eso lo convierte en un libro infinito; de lectura en bucle, casi.

‘Es un asunto muy contagioso/ éste de la muerte’

Cuando cierro el libro me asalta una necesidad: ‘Quiero más; necesito más’. Pues poco más. Una novela, implacable dicen (‘El don de Vorace’) y un diario (‘Yo Hubiera o hubiese amado’) igual de palpitante. Y a partir de ahí fabular con lo que hubiera dado de sí la voz de un poeta absoluto.

‘Eres un buen momento para morirme’

Yo me quedo mirando fijamente a sus ojos mientras espero que mi corazón nunca deje de latir tan fuerte.

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