Y al levantar la vista… desapareció lo prohibido

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Ana Pérez Martín

 

“Cuando es el lugar donde vives pasas de largo y ni te das cuenta de estas cosas”. Habla con acento de metro ochenta, ojos azules y pelo rubio; es mi vecina aunque no la había visto antes, pasea como otro día cualquiera por la Rambla del Poblenou y hoy su cámara se ha encontrado con una exposición repentina que llevarse en la memoria. Camino hacia el mar, cada pocos metros una pausa y una nueva forma de romper con lo prohibido en las señales. Me ven y se detienen también, “¿qué significa?”, me pregunta pensando que hay novedades en el código y no se ha enterado. Alguien ha inventado un nuevo lenguaje y ella saca una pequeña cámara para no olvidarlo. Sonríe a su pareja, ambos con aspecto de recién jubilados, y se despiden para seguir avanzando con la mirada puesta en cada poste: no quieren perderse nada.

Alguien ha estado jugando con lo prohibido en Poblenou y no nos habíamos dado cuenta. Estaba ahí la semana pasada y sigue ahora intacto. Damos tan por supuesto que nadie se saltará la norma que ya ni siquiera la miramos, estamos tan convencidos de que no cambiará que no levantamos la vista para revisarla. Pero si lo hacemos… ahí está: el pacman engulléndola, el hombre que la sierra, el policía que llora su muerte. Los graffitis que se cuelan en galerías de prestigio y engañan a expertos y público durante días. Las paredes que amanecen con otro mensaje. Gobiernos que subvencionan organizaciones benéficas que entrenan voluntarios para limpiar graffitis y a la vez reclaman la devolución a las calles londineses de un mural “ilegal” de Banksy porque es una “pieza artística” que “se ha convertido en un verdadero símbolo del orgullo local”. Lo ilegal y lo prohibido no tienen por qué ser inamovibles, los contextos cambian, las mentalidades evolucionan y lo que ayer era suciedad hoy puede ser arte. Eso nos cuenta hoy la rambla.

“¿Y hay más?” la que me pregunta ahora se parece en edad a la anterior pero lleva un móvil de última generación y funda amarilla que saca rápidamente del bolsillo para mandarle por whatsapp a su hijo la flecha convertida en ángel. Su marido quiere ser serio y nos dice que como pillen al que lo haya hecho le va a caer una buena multa, aunque no puede esconder que le está gustando. Les dejo atrás pero no paro de encontrármelos: ella dispara sin parar, él sigue simulando que no le importa pero pregunta si las está enviando al chico: “menuda la que has hecho ahora con esta” me dice mientras atiende al chat y se le escapa una sonrisa. Un chico joven se para y hace una fotografía rápida. Miro hacia atrás, la rambla tiene de repente un cierto parecido a una galería, pero las bicis no dejan de pasar y la gente bebe cerveza en las terrazas hoy soleadas.

ActualizaciónGracias a Apu y su blog “Pintando fotos” he podido saber que el artista que ha inventado un nuevo código para las señales es el francés Clet Abraham y su trabajo se puede ver en varias ciudades españolas. Mirad aquí su galería.

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