En el nombre del padre

Diego Alonso


Seguramente cuando ustedes lean esto ya habrán elegido a una nueva figura como cabeza visible de la Iglesia, pero lo cierto es que no me interesa tal cosa. No me interesa porque sé que por mucho que nos quieran vender la imagen del nuevo Papa como alguien cercano a la sociedad del momento, no será más que propaganda vaticana. Así que el nombre y la vida del nuevo pontífice es y será algo irrelevante para mi manera de pensar. Si aún estoy publicando esto de forma íntegra será porque la imagen del mismo se asemejará aún a la que el pasado domingo mi colega y vecino de sección Ayoze Álvaréz reflejó en su artículo “Queremos un nuevo papa y lo queremos ya”.

Chumy Chúmez, Hermano Lobo nº 13, 5 de agosto de 1972

Chumy Chúmez, Hermano Lobo nº 13, 5 de agosto de 1972

Eh? Ah! Mierda. Joder. Otra vez me dormí escuchando “El partido de las 12” en la COPE.  ¿No tendrán otro tema de que hablar? Ya es el colmo que lo primero que escuche al despertarme sea esto. Aún no lo han elegido y ya estoy hasta los cojones del nuevo Papa.

Creo que nunca entenderé cómo la gente puede ser tan fanática. No hay nada más que ver la pompa que envuelve a esos fartones para darse cuenta de que no viven en el mundo de los mortales. Su sistema de votación es oscuro, antidemocrático y sectario. Un fiel reflejo de la institución. No representa ni a los fieles ni a la divinidad, sino a sus intereses. Si va a ser el representante de Dios en la tierra no se porqué coño el señor no lo elige a dedo. Es de cajón. En ese sentido incluso el Partido Popular les lleva ventaja. Pero no. No hay más que verlos con el albornoz de los domingos y un crucifijo de cuarta (medida equivalente a un palmo) en el pecho, al más puro estilo RUN DMC, paseando en formación romana y cantando melodías que dan más yuyu que el hecho de que el partido “progresista” de nuestra patria bananera haya aceptado pulpo como animal compañía en el Ayuntamiento de Ponferrada, en plena celebración del día de la mujer para más inri.

Cómo diría Trillo, manda güevos que en pleno siglo XXI aún estén así las cosas. La elección del cabecilla de la Iglesia se está anunciando a bombo y platillo por todos los medios de esta España confesional en la práctica, por mucho que se esconda. Sólo nos faltaba que encima eligiesen un Papa de aquí. Seguro que estarían dando la bara con él hasta límites insoportables. Entre el fútbol, el tiempo y eso no habría espacio para recortes ni corruptelas en los informativos. Sería un milagro para los politicuchos que nos gobiernan.

Estoy viendo al ministro del interior diciendo que el nuevo Papa es un ejemplo para todos y que esto ayudará a revalorizar la marca España. Puede que incluso se le escapase que el voto de castidad es un problema para la continuidad de la especia y esta vez sí, tuviera que dimitir, pero supongo que se andaría con más ojo que en otras ocasiones.

Lo cierto es que el Borbón nos caduca y estaría genial tener a un nuevo representante del Reino en el exterior, cómo hasta ahora se nos ha venido pregonando al monarca. Aunque en el fondo creo que el capo de una santísima institución como la católica, a la postre no tendría tiempo para repartir flayers rojigualdos con hologramas que convertirían la ñ en toro y viceversa. Tendría bastante con, bueno, con eso que sea lo que hacen los Papas. Papar, o algo así. Como se diga, vamos. La verdad es que es una profesión que desconozco. Yo hasta ahora tan solo he visto a dos ejercerla y los dos han hecho los mismo: asomarse de vez en cuando al balcón, dar conciertos multitudinarios para fervientes fans de Justin Bieber, pasearse en un Mercedes blanco como el Espíritu santo y blindado como Bradley del ejército yankee y santificar gente para ganancia de los que imprimen los calendarios.

Pero dejando a un lado la fatal idea de un pontífice español, he de decir que se me antoja un marrón según esta hoy en día la iglesia ser el padre con mayúscula. No creo que lo sea para los que se encerraron en el cónclave, porque qué problema tiene esos, ya que si no están allí encerrados, lo estarán en sus ideas retrógradas. Me refiero a uno que tuviera 5 cosas: una mente lúcida, dos pies en la tierra y un par de cojones.

Escucho constantemente que se espera mucho de quien asuma el puesto. Que ha de regenerar la iglesia. Etc. Pero puestos a imaginar a mí lo que me molaría es que saliese a la plaza Sn Pedro vestido según los consejos de Squire (porque la elegancia no se negocia) y diciendo que sí, que Dios existe. Que está bien creer en algo, pero que estamos mucho más cerca de encontrar vida extraterrestre que de encontrar al creador del mundo (porque si cada mundo tuviese un creador esto sería una versión avanzada del juego The Sims).

Exigiría que los funcionarios de la Iglesia dejen a un lado toda su parafernalia y se pongan de una vez a trabajar, como hacen el resto de los mortales. Y que si los domingos quieren dar misa, la den. Pero que no obliguen a nadie a ir a ella. Que es mejor hacerla más atractiva, superarse ,  que sea más útil para la sociedad. También añadiría que es preferible que se casen y tengan hijos a que violen a los de los demás. Que si les molan otros tíos lo digan y no se fustiguen por ello. Y que si van a fornicar con las monjas que al menos pongan condón, o al menos prediquen con el  ejemplo cuidando de sus hijos en vez de darlos en adopción o enterrarlos en el patio del convento. Que eso está muy feo, coño. Puestos a vender imagen de familia  que lo hagan desde el dechado, y no desde el púlpito y la intolerancia.

Si el Papa tuviera realmente espíritu reformista seria quizás el único ser sobre la faz de la tierra que podría permitirse cambiar el mundo para mejor. Si quisiera reestructurar la institución y ser la imagen pura de la bondad debería enfocar la misma a la defensa de los Derechos Humanos, en vez a promover guerras santas. Donaría los bienes de la Iglesia a un fondo común con el cuál abolir la deuda de los Estados, de forma que la población mundial dejase de cargar a sus espaldas con la  especulación y mala gestión de sus gobernantes, y construiría una cárcel colosal inspirada en el infierno para meter a todos los especuladores, corruptos y caciques en su interior, para que allí se pudran y ardan en su propio fuego fatuo.

También reuniría a las mejores mentes para redactar nuevos libros sagrados que inspirasen un nuevo código ético en consonancia con los tiempos que corren. Porque los actuales están más desfasados que las cintas de cassete. Revertir el Antiguo Testamento haciendo de él algo similar al escrito de Gene Sharp  que inspiró el documental How to Start a Revolution, pero con la imaginación y la narrativa de Tolkien para que todos nos enganchásemos a él.

Actualizar el Nuevo Testamento. Que éste hiciese honor a su nombre, y que nos explicara una nueva forma de vivir en armonía.  Crearlo a modo de segunda entrega del primero, con nuevos personajes, e incluso sacar película  del mismo para llegar a más público.  Narrar en él una idea semejante a lo que Jaques Fresco estudia mediante su Proyecto Venus para animar a la gente  a seguir con un estilo de vida acorde con el planeta que nos acoge, y en el que se realzase el lado bueno de la condición humana, lejos de la codicia y el ansia de poder. Algo que realmente nos hiciese creer en las personas en vez de hacerlo en un Dios omnipresentemente intangible. Algo que enorgulleciese a Jesucristo en una hipotética nueva visita a nuestro planeta. Algo que legar a sus hijos. A nuestros hijos. Algo que nos hiciese recuperar la fe.

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