El anacronismo de la migración española

Juan Haro      @HaroJuan

Es curioso lo idílicos y pastoriles que llegan a ser los reportajes de “Españoles por el mundo”. Cómo es lógico, después de ver este documento, el espectador se retira a sus aposentos cansado de un largo día y se dice a sí mismo: “Yo me voy al extranjero, allí se vive mejor, me voy”.  Tristemente, la realidad en España a día de hoy, es así de cruda. Pero la pésima situación que atraviesa nuestro país, no necesariamente quiere decir que irse al extranjero sea la solución a todos nuestros problemas, o quizás sí. Pero en cualquiera de los casos no significa que vaya a ser una camino de rosas y  claveles blancos.

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Fuente: Juan Haro Simarro.

Año 2013, volvemos a ser un país de emigrantes. Ya lo fuimos y volvemos a serlo, aunque es cierto que lo hacemos en una coyuntura diferente y con más recursos que en otras oleadas. La crisis de 1973, más honda que la actual, ya propició el éxodo de españoles a América Latina y Europa. Cuarenta años después, la historia se repite.

Argentina, es en la actualidad, el país que más españoles recibe junto a México y otros países de Europa como Alemania, Francia, Reino Unido o Noruega. El número de españoles mayores de edad residentes en el extranjero alcanza los 1.591.639 emigrantes. Sin ninguna duda, las vidas y caminos recorridos por una gran mayoría de ellos, no se parecen ni lo más mínimo a los que reportan en el popular programa de Televisión Española.

Para tratar este fenómeno con franqueza, es necesario extrapolar los diferentes tipos de migración más frecuentes entre los jóvenes. Un joven de clase media-baja, que ayuda en casa con lo que puede, trabaja en el negocio de su padre si tiene suerte, trabaja sin contrato o no encuentra trabajo.  Otro caso, un joven con idiomas, recién licenciado, piso y gastos pagados por papá y mamá se queja de la mala situación que le “ahoga” y cuya única salida posible es el “exilio” al extranjero. Desgraciadamente, tanto uno como el otro, tienen sus motivos para quejarse y justificar su salida o su desesperanza al quedarse.

Fuente: Juan Haro Simarro

Fuente: Juan Haro Simarro

Pero seamos francos, muchos jóvenes se exponen a una situación laboral precaria y con pocas posibilidades de progresar en España y por ello buscan salidas fuera de España. Sin embargo, quienes reciben directamente el azote de la crisis, son las familias asfixiadas económicamente, dependientes de los ingresos del padre o de la  madre, a quienes les han suprimido ayudas sociales. Ellos sí sufren el verdadero vendaval de la crisis y se merecen un respeto tácito en los lamentos que emitimos sin pensar en el cómo están otros.

El irse al extranjero es una opción, es una gran opción, que no todos pueden aprovechar. No obstante no conviene tener una idea alejada de la realidad. Hemos de ser conscientes de que más allá de nuestras fronteras y sin irse más lejos de Europa, también pagan en negro, también explotan, también hay contratos basura, también hay “becas” de 100 euros, etc. No todas la experiencias en el extranjero van acompañadas de una casa divina, un trabajo estable y bien remunerado, o de tiempo libre para conocer las costumbres del país de acogida y saborear su cultura. Puede suceder y sucede, pero la inmigración tiene una doble cara.

Fuente: Juan Haro Simarro.

Fuente: Juan Haro Simarro.

Todo en la vida tiene sus pros y sus contras y quién no arriesga no gana, de ahí que la apuesta pueda salir ganadora o no. El inmigrante se somete a ciertos cambios que dependiendo de cada perfil personal podrá afrontar con más o menos facilidades. La estrechez y el contacto físico con los tuyos puede convertirse en una losa insalvable, las despedidas y el dejar  en el camino grandes personas  de las que uno aprende, es algo muy doloroso. La soledad en algunos momentos es fatigosa, pero te ayuda a conocerte y a dejar de ser dependiente. Todo ello, es en muchos casos más llevadero con la inestimable ayuda de lo que se conoce como la “solidaridad informal”. Ese conjunto de actos de buena fe, esa solidaridad que germina fruto de una faceta humanista y de compasión con las personas. Una solidaridad que es mucho más efectiva y pragmática que las redes de ayuda que gestionan los estados. Hoy en día, manejamos una tecnología que hace que todos estos síntomas de flaqueza y nostalgia sean menos acentuados, pero no desaparecen de un plumazo.

La migración, independientemente de su resultado final, es positiva y beneficiosa para el ser humano. El libre intercambio de personas y de culturas genera riqueza en sus mentes, ayuda a conocer qué nos gusta de otras personas y de otros lugares, y sobre todo, ayuda a detectar los fallos y virtudes de nuestro país de origen. La inmigración actual se concibe como una válvula de escape a los problemas internos de un país.

Lo único que hemos de tener presente para disfrutar de una hermosa pero sufrida experiencia como lo es la inmigración, es que pasaremos momentos duros,  que no todo será los españoles que salen en la tele, pero que de todo se aprende. Quizás nuestro país, no sepa que pierde mucho con la salida de todas estas personas, puesto que no hay mejor capital, que el ser humano.

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