La otra burbuja

Una de las pocas cosas buenas que ha generado esta maldita crisis es la atención que se presta a los excesos y las injusticias económicas. Desmanes que, allá por los dicharacheros 90, importaban menos que las elecciones en Surinam y ahora pueden constituir el motivo número n de indignación colectiva. El invitado de hoy en Viviendo por encima de NUESTRAS posibilidades es el fútbol.

En los últimos 20 años, el deporte rey ha experimentado un crecimiento meteórico en resultados, relevancia internacional y facturación. Una explosión tan desmesurada que el aumento de ingresos no ha supuesto un aumento de los beneficios -salvo para jugadores y directivas-. La conversión de los clubes (véase selecto grupo de socios propietarios) en Sociedades Anónimas Deportivas (véase hasta una vaca con gafas de sol puede entrar en el accionariado con tal de que (pro)meta pasta) fue el germen de un descontrol financiero traducido en que la mayoría de los equipos de primera y segunda división se encuentran en estos momentos en quiebra técnica.

El Roto

El Roto

De los 42 equipos que componen las dos principales categorías, 27 están o han estado en concurso de acreedores (suspensión de pagos). Esta fórmula ha permitido a las entidades pagar la mitad a sus plantillas y renegociar sus deudas tanto con el erario público como con los acreedores privados. Amparados en la ley concursal, los equipos mandaban sus problemas de paseo a un futuro no muy lejano, superaban la suspensión de pagos y vuelta a empezar, fichando estrellas a cascoporro como si no hubiera pasado nada. Y si los problemas reaparecen, no preocuparse, se vende el estadio, tu amigo el concejal nos recalifica el terreno para que se construyan oficinas y/o unos pisitos, y aquí paz y después gloria.

Con esta filosofía tan nuestra la deuda con Hacienda se disparó hasta los 752 millones de euros (ahora ronda los 700 millones), algo impensable en cualquier otra competición europea. El Rangers escocés, equipo con más ligas en sus vitrinas, tuvo que desaparecer el año pasado al ser incapaz de afrontar una deuda de 25 millones. Aquí, sólo el Atlético de Madrid, comandado por el ilustre Jesús Gil y su pelele chistoso Enrique Cerezo, llegó a deber 230 millones. Desde que empezó la crisis, la mora ha aumentado un 24%. Barcelona, Real Madrid, Athletic y Getafe son los únicos equipos que están al corriente en el pago de sus impuestos.

Mientras que el resto de los mortales se enfrenta a duros intereses de demora, sanciones y embargos por los impagos, nuestros equipos del alma se han permitido el lujo de engordar su deuda año tras año con la total indulgencia de la Agencia Tributaria. José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos de Hacienda, señala que “hay una condescendencia hacia los clubes. Presentan garantías como ingresos a costa de campeonatos que aún no se han celebrado” y que pocas veces se consiguen. Espero -sentado- a que Montoro Burns, el justiciero delator, denuncie en el Congreso como los equipos se pasan por el forro de las pelotas balompédicas sus obligaciones fiscales.

Y es que el fisco sabe que puede desangrar al ciudadano a base de impuestos, pero ojito con tocarle el ‘fúbol’, una institución cultural tan sagrada como la tapa que acompaña a una caña de cerveza o el lanzamiento de improperios a los cuatro vientos en los atascos de la M-30.

Ya se pudo ver en la gloriosa temporada 95-96. El Sevilla y el Celta fueron condenados a un descenso administrativo de categoría por sus impagos que fue paralizado ante la presión de sus aficiones, que salieron a la calle varios días. Ese año se disputó una liga con 22 equipos. Fue la última vez que una manifestación logró sus objetivos -menos mal que se trataba de una causa noble-.

Además de las bulas fiscales, las entidades deportivas también se han beneficiado directamente del dinero del contribuyente. Al margen de los patrocinios, el porcentaje de las quinielas y las subvenciones públicas, los gobiernos regionales, convencidos de que los equipos son  bienes de interés público, avalaron los créditos multimillonarios de las cajas de ahorros –controladas por ellos mismos- que posibilitaron su crecimiento insostenible. Es el caso de la Generalitat Valenciana que, a través del Instituto Valenciano de Finanzas (IVF), ha pasado a controlar a Elche, Hércules y Valencia, haciédose cargo de sus deudas (en el último caso será Bankia la responsable final). Una participación pública en entidades privadas que ha levantado las sospechas de la Unión Europea. A ello se suman las escandalosas primas que España ha pagado a la selección por ganar la Eurocopa (dos veces) y el Mundial. Sin descontar las retenciones fiscales -tema que también tiene tela-, ser los mejores de Europa y el mundo nos ha costado más de 30 millones del dinero de todos como premio a nuestros humildes y solidarios héroes (no, no donaron sus bonificaciones). El Villarreal es el único equipo que ha tenido la decencia de renunciar a toda contribución pública dada la situación actual.

Dejando a un lado la cuestión de los favores públicos, ha habido otra serie de factores que han hecho del deporte preferido de los españoles un negocio más ruinoso que las bragas Bic. En primer lugar, los clubes pagan fichas demasiado altas a los jugadores. Si en una empresa normal los costes de plantilla rondan el 30% de media, en la Liga constituyen el 70%. Así podemos ver entidades en quiebra cuyos trabajadores, que no directivos, cambian de deportivo con la misma frecuencia que de cepillo de dientes. ¿Austeridad? Eso pa’ los pobres.

Otro aspecto importante es la pérdida de ingresos a través de las taquillas. Cada vez menos gente va a los estadios por dos motivos: los horarios intempestivos –partidos los lunes o a las 11 de la noche- y los precios más altos de Europa. Los clubs deben pensar que a la gente le sale el dinero negro por las orejas. En un país hundido en la miseria económica, la entrada más barata para ver al anodino Getafe se equipara a la más cara para el ‘super posh’ Manchester City inglés. Por ello, la ocupación de los campos baja del 70% cuando en las islas británicas o Alemania supera el 90%.

El profesor de la Universidad de Barcelona, Jose María Gay de Liébana, que lleva varios años denunciando el penoso estado financiero de nuestra competición, señala al pastel de los derechos televisivos como una de las claves más importantes. De los más de 600 millones que se ingresan anualmente, Madrid y Barcelona -los únicos equipos capaces de generar beneficios- acaparan el 40%. Se trata del reparto menos equitativo de todo el continente.

La desigualdad en los repartos –el tercer clasificado en España recibe lo mismo que los que pelean por no descender en Inglaterra- ahonda en la polarización del torneo y, por ende, en la pérdida de competitividad. Esta liga de dos resulta bastante soporífera y mucho menos interesante para adinerados aficionados cataríes, chinos o malayos.

La confluencia de todos estos elementos ha generado una deuda total que, según el profesor Gay de Liébana, se acerca a los 3.600 millones de euros. El Real Madrid, uno de los conjuntos con las cuentas más solventes, tiene un déficit de 170 millones, una cantidad superior al conjunto de deudas de toda la Bundesliga alemana. Esta situación enfada mucho en Europa porque los equipos españoles juegan con ventaja. El presidente del Bayern de Múnich dijo en un arrebato de inspiración merkeliana que “es el colmo, impensable, pagamos cientos de millones de euros a España para que salgan de la mierda y luego los clubes se eximen de pagar la deuda, no puede ser así”.

Manel Fontdevila

Manel Fontdevila

La UEFA trata de eliminar esta situación impidiendo a los equipos con agujeros en sus balances que compitan. Es lo que le pasó al Mallorca en 2010 y lo que le pasará al Málaga el próximo año, que no podrá jugar en Europa por sus impagos a Hacienda y acreedores. En España, mientras tanto, ya se empieza a poner medidas para pinchar esta burbuja que nadie quería tocar.  La reforma de la ley concursal reabrirá la puerta a partir de la próxima temporada al descenso administrativo y en dos años Hacienda retendrá el 35% de los derechos televisivos de los clubes con impagos. El objetivo es que el déficit del fútbol español pase de los 3.600 millones actuales a cero en 2020 (optimismo made in Wert).

El problema es que así se puede crear un círculo vicioso muy poco provechoso, ya que el descenso de los equipos con problemas redunda en la disminución de sus ingresos y el aumento de sus impagos, alimentando peligrosamente las probabilidades de que el club desaparezca y Hacienda se quede silbando. El Deportivo de La Coruña tiene todas las papeletas para ser el primero en visitar la espiral mortífera gracias a la actuación estelar de su presidente, Augusto César Lendoiro ‘endéudateomuere’. Aunque sea el inaugurador oficial, el colista de la Liga no será el único en sucumbir a los desfalcos de los años de la dolce vita futbolística. Clubes como el Xerez o el Rácing de Santander también han ido acumulando una peligrosa cantidad de boletos para la rifa, y es que el pinchazo de la otra burbuja va a saldarse con varias defunciones. Gay de Liébana sentencia que “si esto sigue así, el fútbol español se muere. Hace un año pronostiqué que a la Liga le quedaban diez ediciones, ahora veo que cinco pueden ser muchas”.

Daniel Vega

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