Arruinados preferentemente

Esta es la historia de unas empresas instaladas en las cloacas. Sus directivos vendieron su alma al diablo por el poderoso caballero y se vistieron con picardía y crueldad para transformarse en trileros. Un relato que ya se ha convertido en una vergonzosa letanía porque siempre lo protagonizan los mismos. Compañías que dejaron de vender productos para dedicarse a encasquetar timos a diestro y siniestro. Este es el cuento de las preferentes.

Ferrán Martín

Ferrán Martín

A estas alturas de la tragicomedia, muchos se siguen preguntando qué es eso de las participaciones preferentes y por qué han superado a naipes, petanca y cambios de temperatura como principal preocupación de la tercera edad ibérica.

Son títulos de deuda subordinada a los resultados de la entidad que se emiten a plazo perpetuo. Una persona deja una cantidad de dinero en el banco y, si le va bien, el banco paga una alta rentabilidad por ese dinero depositado, pero si le va mal, puede no pagar nada. Si el cliente quiere recuperar ese depósito, no puede –plazo perpetuo-, a no ser que el banco u otra institución quiera recomprarle la participación.

Aunque el nombre parezca grandilocuente y seductor, se les llama preferentes porque, si hay pérdidas, estos títulos tienen preferencia de cobro por delante de los accionistas, pero por detrás de los bonos garantizados, los depósitos normales de clientes y los bonos no garantizados. Es decir que sólo tienen preferencia sobre los últimos monos pero, ¿a que el nombre queda muy bien?

Estos productos de alto riesgo están diseñados para inversores con conocimientos financieros, sin embargo, a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria, los bancos necesitaban una fuente de dinero líquido más barata que los mercados, por lo que comenzaron a colocar este tipo de deuda a clientes particulares que buscaban guardar sus ahorros en un lugar seguro. Amparándose en esa atávica concepción de que “el banco es tu amigo de toda la vida y sólo busca lo mejor para ti” (JAJAJAJA), los oficinistas omitieron cierta información relevante que hubiera echado para atrás a más de uno o dos –cientos de miles-.

Y es que, para engatusar a sus confiados clientes, las entidades no escatimaron en argucias propias del timador más chabacano de los bajos fondos de Macao (próximo estreno en Alcorcón). Al tratarse de títulos muy complejos, las entidades están obligadas por la directiva europea Mifid a certificar que los compradores conocían perfectamente en qué clase de productos estaban invirtiendo (cosa harto complicada teniendo en cuenta que ni los propios trabajadores sabían qué estaban vendiendo). Lejos de cumplir con la ley, les hicieron firmar –cuando no falsificaron firmas directamente- formularios escritos con una letra tan pequeña que ni la visión privilegiada de Mesut Özil podría descifrar en los que el cliente aseguraba dominar conceptos como ‘volatilidad’, ‘VaR’, ‘put’, etc. Huelga decir que a la inmensa mayoría de firmantes dichos nombres les parecían onomatopeyas más que otra cosa.

Una persona con un mínimo de formación y/o sentido común sabe ahora que se puede fiar menos del banco que de los postres de Ikea. Por ello, las entidades recurrieron a sus clientes menos suspicaces. Ancianos con Alzheimer, analfabetos o ciegos fueron algunos de los nichos de mercado predilectos a los que Bankia, CAM, La Caixa, Novagalicia Banco, Catalunya Caixa, Banco Santander, Sabadell, o BBVA, entre otras, endosaron sus preferentes. Miles de personas mayores -y no tan mayores- invirtieron sus ahorros de toda la vida en “productos seguros que te dan una rentabilidad mucho mayor que los depósitos y que puedes recuperar en 24 o 48 horas; no te molestes en leer el tostón de las condiciones que ya te digo yo que esto es bueno, bonito y barato”.

En un principio todo era alegría y jolgorio. Frente a los intereses del 3% o el 4% que ofrecían los depósitos, las preferentes generaban rentabilidades del 7% o el 9% pero, al desatarse la crisis bancaria, los titulares de preferentes se encontraron con que dichas rentabilidades desaparecieron y además no podían coger su dinero, pues habían firmado contratos que expiraban en diciembre del año 9.999. Los más de 700.000 afectados se encontraron con que tenían que esperar apenas unos 8.000 años para recuperar unos 20.000 millones de euros bloqueados en entidades que coquetean con la quiebra. En la práctica, ha sido algo así como una donación solidaria de los ahorros a los bancos y cajas -tremendamente necesitados de tu ayuda- a cambio de una eventual limosna.

El proceso de adelgazamiento del sector marcado desde Europa supone que los tenedores de preferentes también tienen que apechugar con los desfalcos de las entidades. Bruselas decretó que dichos clientes asumirían, al menos, una pérdida del 39% del dinero que invirtieron en este ruinoso producto. Porque, como todos sabemos, los culpables en este asunto no son los directores de estrategia corporativa que impusieron la colocación de preferentes a todo Cristo, sino los viejos de 900 años que firmaron unos papeles sin distinguir un tipo de interés variable de un tipo que parece interesante.

La forma que han tenido los clientes estafados de recuperar el 100% de su inversión ha sido la vía judicial, en la que los jueces les han dado la razón cuando se ha podido demostrar que no tenían ni puta idea de qué estaban contratando, algo que no ha sucedido en muchas ocasiones.

En enero, el PPSOE alcanzó un superpacto de esos que sirven tanto como sus promesas electorales para crear un arbitraje entre entidades y clientes con el objetivo de que los segundos pudiesen recuperar sus ahorros. Lo cierto es que esta vía sólo ha concedido ciertas ventajas para los bancos, ya que los particulares tienen más posibilidades de que les dé la razón un juez, más concienciado con este timo, que los mediadores. Sólo uno de cada tres clientes de Catalunya Banc y Novagalicia Banco ha podido recuperar todo su dinero. En el caso de Bankia, el árbitro designado ha sido la consultora KPMG, la misma que la asesora en sus procesos judiciales. Es como si eligen a Guti (sobrio) para arbitrar un Madrid-Barça. ¿Increíble? Pues además la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España, los organismos –supuestamente- independientes que deberían haber protegido a los clientes de esta clase de estafa financiera, presiden la comisión encargada de supervisar los arbitrajes. Y es que en España, como en Adidas, impossible is nothing.

Esta semana el Frob, brazo ejecutor de la reforma bancaria, ha establecido el porcentaje que deberán perder los poseedores de preferentes de las tres entidades nacionalizadas. Los de Bankia pierden el 38%, los de Novagalicia Banco el 43% y los de Catalunya Banc el 61%. Además del dinero que les usurpan, las preferentes de Bankia sólo podrán canjearse por acciones, unos papelitos que van a tener que juntar en paquetes de 100 porque valen menos que las monedas de chocolate. De los 3,75 euros que se tuvieron que pagar cuando la entidad salió a Bolsa, ahora cada trozo de papel vale 0,01 euros. Con lo que cuesta un chicle se podrían comprar unas 50 acciones de Bankia, ¿hacen falta más razones para convertirse en un flamante bankero?

J.R. Mora

J.R. Mora

De forma que los clientes de estas entidades rescatadas van a tener que pagar con sus miserables ahorros la remodelación de un sistema que, gracias a la voracidad especulativa de los consejos de administración, engendró unos Leviatanes financieros ingobernables cuyos destrozos, no lo olvidemos, ya estamos pagando entre todos (preferentistas incluidos) en forma de recortes, subidas de impuestos y privatizaciones.

Los ancianos, haciendo gala de un espíritu que humedecería las prendas íntimas de Beatriz Talegón, no han dejado de pelear por aquello que les pertenece legítimamente. Sin embargo, no les queda otra que asistir a un robo legalizado mientras los periódicos indagan en el serial de desmanes cometidos por los diseñadores de esta estafa. Delincuentes que, además de librarse de cualquier tipo de responsabilidad, se permiten el lujo de autoconcederse salarios multimillonarios como recompensa por haber dilapidado el presente y el futuro de cientos de miles de españoles. El colofón perfecto para una cadena de vergüenzas que en este país se ha convertido en asíntota, ya que, en este cuento, como en el Monopoly, la Banca siempre gana.

"No es creáis,que hacerme rico me ha costado lo vuestro" (losgenoveses.net)

(losgenoveses.net)

Daniel Vega

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4 responses to “Arruinados preferentemente

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