El síndrome de la autoridad

Tengo un truco para cuando me siento triste y necesito reírme  Hablo con cualquier amigo o conocido sobre el paro. Cuando la conversación ya toma tintes trágicos suelto el anzuelo. “Pues resulta que estuve mirando un curro que esta muy bien pagado para lo que te exigen, que es la ESO. Nosotros entramos seguro…” La desesperación hace que pique el anzuelo: probabilidad de trabajar + un buen sueldo + unos requisitos nimios. Y digo nimios sin faltar a nadie. Cualquier hijo de vecino de mi generación ha tenido la oportunidad de ir a la universidad, estudiar idiomas y hasta hacer un máster  Total, que cuando el colega ya está tan en ascuas por ese trabajo mágico que pregunta balbuceando emocionado “¿qué trabajo es ese?” yo esbozo una amplia sonrisa y lo suelto con todas las letras: Policía Nacional. Con la cara que se le queda a mi interlocutor tengo unas buenas risotadas para rato, y adiós tristeza. Así de fácil.

Andan los contertulios espantados esta semana. Un vídeo publicado por El País muestra una civilizada conversación entre varios soldados españoles y dos prisioneros iraquíes:

Todo fue un mero problema de comunicación. Ante las alegres invitaciones a levantarse, los maleducados iraquíes no lo hicieron. Sumando una neurona cada uno, la mesnada logró comprender colectivamente por qué seguían sin hacerles caso: ¡no hablaban español! Tradujeron las órdenes al universal idioma de las patadas y para que quedase constancia de semejante esfuerzo lingüístico lo grabaron en vídeo. Algo ocurre con las Fuerzas del Orden y los móviles de última generación. Como los dos talentosos municipales coreógrafos de Cerdanyola, a nuestros policías y militares las cámaras los hacen  olvidar cualquier disciplina barra dignidad.
Pero la poca discreción, falta de escrúpulos, mínimo sentido del ridículo y completo desconocimiento de las reglas de enfoque y encuadre  fotográfico de estas personas tienen su punto. Por un lado porque traen de cabeza a los mandos y a los ministros de turno y por otro porque a los ciudadanos nos insuflan algo de fuerza y criterio contra la prepotente autoridad de la que algunos hacen gala.

Las Fuerzas del Orden no son un tema de especial interés en los medios de comunicación. Criticar estos cuerpos se hace de forma velada y suave, no vaya a ser que alguien se moleste. Pero la democratización de policía y ejército ha sido, es y será un trabajo de enorme esfuerzo que conlleva la aceptación de las reprobaciones y reproches de la ciudadanía, ya que las porras con las que reciben la aplicación de las leyes están pagadas por sus impuestos.

Hace casi un año ya de la muerte de Iñigo Cabacas. Un disparo a la cabeza con una pelota de goma por parte de la Ertzaintza tras un partido del Atlhetic y siguen sin depurarse responsabilidades. El pasado mes de febrero fueron detenidos cinco “dignos de recompensa” o beneméritos guardias civiles por trafico de drogas en Fuerteventura (en 2011 en esta isla fueron detenidos otros siete militares por tráfico de cocaína). Lo mejor de este caso es que las “prácticas delictivas” de estos policías habían sido denunciadas ya desde hace varios años. En Murcia, también hace pocos días, fueron arrestados dos policías locales y un cabo primero del Ejército del Aire. Tuvieron la maravillosa idea de simular registros en domicilios y locales para en el transcurso de su “trabajo” llevarse algunas cosillas, que para casa nada sobra. Están imputados por pertenencia a organización criminal, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas, usurpación de funciones públicas, falsificación documento público y robo con intimidación. A finales de 2012 en Melilla tres guardias civiles y dos policías nacionales eran detenidos por supuestos delitos de colaboración por omisión en tráfico de drogas e inmigración y un mes antes de cazar a estos, dos agentes de la Policía Municipal de Madrid eran arrestados por extorsionar a un conductor chino. Por no hablar de los informes de Amnistía Internacional o Naciones Unidas sobre torturas en este país de la piel del toro, que eso es otro tema.

Las imágenes de los disturbios del 25 S con policías a la caza del manifestante en Atocha demuestran que hay algo que huele a podrido dentro de la policía aunque ellos publicasen en una nota de prensa que “defendieron la democracia“.  Lo cierto es que las instituciones armadas de este país no dejan de estar en tela de juicio a diario por una cantidad cada vez mayor de personas. Utilizarlas de forma política tampoco ayuda y no hacer examen de conciencia en una democracia de quienes son los que llevan las armas y quienes son los que controlan a esas personas armadas puede convertirse en un error fatal.

Fuente de la imagen: desdelarepublicadominicana.blogspot.com

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