Graffiti en venta

Ana Pérez Martín

Si quieres que te hagan caso, genera riqueza. Hace unas semanas mencionaba esa paradoja del gobierno británico que limpia graffitis pero reclama su Banksy de vuelta. De lo prohibido y lo permitido no habla la ley sino el interés económico. Y si eres o no un buen artista no lo decidirá tu trascendencia social sino cuánto dinero mueva tu obra en las subastas. Capitalismo, no estoy contando nada nuevo, pero que no sea novedad no quiere decir que no tenga importancia. Vayamos a por algunos casos que revuelven un poco el estómago.

No es arte, es publicidad

"El marco incomprable" Mural de Banksy en San Sebastián. Manuel Cuéllar

“El marco incomprable” Mural de Banksy en San Sebastián. Manuel Cuéllar

También llamado “si es mediático, es arte”. El alcalde de Haringey (Reino Unido), que de repente se interesó por el graffiti perdido de Banksy porque era un símbolo cultural para la ciudadanía, no es el único que ha cambiado de opinión ante el conocido artista y su capacidad de mover dólares, libras o cualquier moneda que se le ponga delante. En 2010, Banksy hizo un graffiti en San Sebastián el día después de que se estrenara su documental Exit through the gift shop en el Festival Internacional de Cine. La normativa municipal es estricta con este arte, multa su realización y limpia toda marca de spray de sus paredes. Sin embargo, decidieron hacer una excepción y el entonces concejal de cultura Denis Itxaso, declaró que habían decidido mantenerlo porque es “una muestra cultural”. Los graffiteros de San Sebastián se enfadaron y destrozaron el Banksy encima del cual escribieron piropos como: “di no al arte hecho por maricones”. Cuando la ley se aplica a unos sí y a otros no escuece.

¿Por qué Banksy sí pero otros artistas no? Hay que decir que ni siquiera se llegó a demostrar que fuera realmente obra del afamado  graffitero pero, ante la duda, decidieron preservarlo. ¿Quién se atreve a borrar la obra de un artista (por muy ilegal que sea su trabajo) cuyo documental se proyecta en el festival de cine que llena las arcas de la ciudad? Esto nos devuelve a los inicios: si traes dinero, eres artista.

Arte callejero de galería

Aviso número uno: voy a cuestionar a Banksy y sus colegas del street art. Aviso número dos: valoro y ovaciono su trabajo. Pero no por ello hay que pasar todo por alto.

Utilizo a Banksy como ejemplo porque es el más conocido, pero la misma reflexión se podría aplicar a otros como Shepard Fairey, Seizer, Neck Face y un largo etcétera de artistas callejeros que no sólo se han colado en las galerías sino que ya forman parte del mercado del arte.

Se quejan de la supremacía del museo, de la capitalización del arte y lo pintan en las paredes de todas las ciudades, por la noche y encapuchados. De repente su nombre aparece en las galerías y sus graffitis se venden en subasta y se imprimen en camisetas a 20 dólares cada una.  Otra gran paradoja. Podemos decir que la fama corrompe o que de algo hay que comer, pero es curioso denunciar que todo lo que lleva la etiqueta de “arte” es bien de lujo y después vender copias de tus graffitis a 500 dólares.

Quienes hayan visto Exit through the gift shop, estarán familiarizados con Barely Legal,  la exposición  que el equipo de Banksy organizó en Los Ángeles en 2006. Allí es donde se vendían reproducciones de su obra a 500 dólares. El artista callejero que también quiere ser rico. Ante la pregunta de si esta actitud no iba en contra de la rebeldía característica de Banksy, Simon Munnery, su representante, declaraba al New York Times “sí, es posible que haya alguna contradicción” y añadía “¿pero depende de lo que haga con el dinero, verdad?” “Quizá hace más arte, quizá se está volviendo más ambicioso”. Utilice el dinero para lo que lo utilice la realidad es que se está vendiendo a 500 dólares la pieza. Y eso se puede llamar especulación.

¿Graffiteros con representantes y compañías publicitarias encargadas de su promoción? Rechina a institucionalización. No es un asunto sencillo el de la ética cuando el dinero se mete por medio. Seguiremos hablando de ello porque estos no son los únicos ejemplos de moralidad dudosa con el arte callejero.

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