Un lugar adormecido

Por Robin Quiroga. Sigue a la autora @Tengopluma 

Fotograma "Somewhere"Hoy sobrevolamos el último film de la directora cinematográfica Sofía Coppola. Un punto de vista íntimo y muy alejado del de su padre Francis Ford Coppola.

El sentimiento de alienación es la línea de fuerza que dirige todas sus obras. La despersonalización de los protagonistas, su vacío existencial y la pérdida de sentido de todo aquello cuanto les rodea, hace de sus films una caída en picado hacia la propia reflexión humana y la temida conclusión.

Esta dirección hacia el tratamiento existencial del individuo tiene reflejo más que evidente en obras como su ópera prima, The virgin suicides (1999), donde cinco hermanas se ven privadas de su propio contacto con el mundo, Lost in Traslation (2003), en la que observamos ambas caras de la fama, la mujer ignorada y el hombre solitario constituyen modelos de vida vacíos conscientes de su incapacidad momentánea para variar el rumbo vital y trascender el tiempo para poder dejar una huella personal, hasta su última producción, Somewhere (2010), obra que nos interesa tratar al detalle.

El coche es Jhonny y Jhonny es el coche. Toman un ritmo circular a velocidades muy altas sin ser conscientes de quién ocupa el asiento del copiloto. Las primeras imágenes se toman desde un encuadre tal que no se puede ver el recorrido completo del circuito, aunque el coche siempre vuelva a aparecer sucesivas veces con un solo sonido de fondo, el motor, único elemento que nos permite prever la reaparición del protagonista, Jhonny Marco. Parado y solo ante el espectador, no tiene inconveniente en dejar transcurrir el tiempo mientras espera. A partir de este momento el público sabe interiormente que va a tener que enfrentar repetidas secuencias en las que sólo vemos ‘tiempo’.

El hastío le inunda y duerme incesantemente, señal no de un cansancio físico sino de un cansancio vital. El diálogo no abre sus puertas hasta la aparición de su hija, Cleo y la entrada en ‘Pickwik Ice’, salón de patinaje sobre hielo. Ambos elementos se conjugan como la introducción de la pureza en la vida de Jhonny, quien no puede dejar de observar un mundo externo tan alejado de él y al imparable avanzar del tiempo.

La lectura de los sentimientos y emociones de los personajes es difícil en este film en concreto. La obra no busca un psicoanálisis dramático del individuo, por ello se eliminan las acciones bruscas y las decisiones rotundas: un personaje hueco que es presa del carácter documental de la cinta, con un tiempo narrativo denso, como si quien filma esperase el despertar de la fiera. El zoom es la herramienta cinematográfica por excelencia en la película. Se opta por una aproximación y un distanciamiento lento de las imágenes, tanto que parecen no variar. Además de la opaca perspectiva fílmica, lejos de primeros planos o miradas directas a cámara. No hay nerviosismo en Jhonny Marco, tampoco furia ni toma de resoluciones, hay un conformismo latente del mundo sociocultural que le rodea y la certeza de que no puede más que existir, aunque entienda el desencanto al que se enfrenta.

El pretexto argumental es mínimo, la trama no es concreta, pero el espectador entiende que se está expresando un sentido profundo a partir de las escenas: el vacío metafísico, el absurdo de la existencia. La escena en la que le configuran un molde de su cabeza, le encierran en sí mismo y le dejan a solas, es quizá una de las secuencias más significativas. De nuevo el sonido, en este caso el de su respiración, es lo único que guía al espectador para saber que sigue presente y no se trata de un maniquí. La escena siguiente vuelve a acercar el absurdo cuando observamos que ni siquiera es Jhonny Marco quien interpreta sus escenas, sino una versión envejecida y distante de él, casi como si de un volcado de su interior se tratase.

El limbo sobre el que flotan Cleo y su padre da constancia de la anulación sorpresiva, del consumo ilimitado de vida material sin llegar a rozar siquiera la vida sensorial. La hija de Jhonny Marco, de once años, se presenta desde dos puntos de vista: aquel que muestra sus momentos más tiernos, en los que se siente niña y como tal asustada por la falta de soporte paternal, y aquel en el que crece rápido hasta mostrarse como mujer, desinhibida en sociedad y a cargo de la tarea de alimentar al padre. Este último punto describe a Cleo como el anclaje de Jhonny, la única realidad a la que desea remitirse y la única persona con la que el protagonista toma progresivamente conciencia de su propio abandono.

Somewhere destaca precisamente por la nula necesidad de deslumbrar o enfatizar. Los personajes de Sofía Coppola buscan la evasión y en el intento encuentran a una segunda persona que les recuerda que siguen existiendo y cómo lo hacen. El personaje y el mundo externo representan dos esferas que nunca llegan a tocarse, a partir de un guión circular que nos conducirá finalmente a la imagen primigenia: la carretera y el coche o el camino y el hombre.

Cada momento de silencio en la obra significa un discurso silenciado en la mente del protagonista. Una reflexión continua e incluso inconsciente, hasta desembocar en una resolución, un acto de sinceridad consigo mismo y el comienzo de un nuevo circuito.

Lectores indiscretos, si pueden, no pierdan de vista a esta directora a lo largo del 2013. Su próximo film, The Bling Ring, está cociéndose a fuego lento –en el caldero, no en el candelabro-. Jóvenes dispuestos a robar los dulces hogares de sus celebridades favoritas. Internet, su arma predilecta.

¡Hasta dentro de tres rastros pajarracos y pajarracas!

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