Comunismo a la coreana

Es el estado amurallado donde la libertad no se conoce, el país más impenetrable del mundo, el reducto donde el comunismo siguió su rumbo pese a la caída de la URRS. En Corea del Norte no hay internet ni móviles, tampoco propiedad privada y se vive desde hace casi sesenta años en un ‘estado de excepción permanente’. Protestar está prohibido y rendir culto al líder es una obligación reflejada en la ley. Es una dictadura hermética, una sociedad huraña, un país pobre del que se desconoce casi todo y del que no se puede intuir nada.

Lo que se sabe es que Corea fue dividida en dos tras el fin de la ocupación soviética de la II Guerra Mundial. Se disolvían las ultimas fronteras de la guerra fría. Al lado norte del Paralelo 38, la URRS, al otro EEUU. En 1950 el Norte cruzaba la línea y comenzaba una guerra que duraría tres años y que terminaría con un armisticio que nunca llegó a convertirse en el tratado de paz definitivo que ambas partes necesitan. La férrea frontera entre el norte y el sur se convertía en una zona desmilitarizada de cuatro kilómetros de ancho que es en realidad el lugar más militarizado del mundo. El Paralelo 38 enfrentó dos imperialismos y separó dos filosofías antagónicas. Al sur, una próspera democracia capitalista apoyada por Estados Unidos, al norte, la fría dictadura comunista de Kim Il-sung, el primer, único, y nombrado oficialmente “eterno” presidente.

El paraíso social soñado por el líder tuvo su base en un sistema filosófico e ideológico llamado Juche, de inspiración leninista, y cuya idea principal reside en la responsabilidad individual de cada norcoreano en el futuro del país. Fue ideada por Kim il-sung y desarrollada por Kim Jong-il. En los fundamentos de esta filosofía residen las respuestas a los muchos enigmas que plantea este país, aunque el ingrediente estrella del comunismo a la coreana es el miedo.

El primero de los fundamentos es la defensa. Durante casi sesenta años el régimen de Kim Il-sung ha convencido a su pueblo de que el mal acecha. La filosofía Juche es la jaula en la que se ha encerrado a todos los norcoreanos a los que han conseguido asustar, la evidencia de que se vive bajo una constante paranoia con la seguridad. Se defienden de la política y la economía exterior y viven bajo el eterno prisma de la amenaza externa infundida por la gran presencia militar, que colabora en la exaltación del nacionalismo (otro fundamento) y retroalimenta la necesidad creada en los coreanos de vivir protegidos. Otro pilar de la filosofía Juche es la autosuficiencia del país, para lo que se aprovechan al máximo los recursos propios, importando solamente aquellos a los que no tiene acceso, como el petróleo. A esto último ayuda otro fundamento que se les presupone a los norcoreanos, la voluntad, así como el respeto a la tradición.

Kim Il-sung

Kim Il-sung

Por último, elsongbun’, que organiza a la población con arreglo a su lealtad al régimen. Cada uno de los niveles en este sistema de castas tiene obligaciones, derechos, privilegios y castigos diferentes. También aquí la defensa se convierte en una prioridad, poniendo de manifiesto la importancia de la vida militar para la vida política. Los leales son los descendientes de aquellos que lucharon tanto en la Ocupación japonesa como en la Guerra de Corea. Los siguientes en la escala son los llamados oscilantes, a la que pertenecen los pequeños comerciantes, artesanos y artistas. Al igual que los incorregibles (u hostiles) están continuamente vigilados. Los terceros son descendientes de opositores, exiliados o colaboradores de la Ocupación japonesa. Viven conforme a un exigente sistema estatal de suministro de alimentos que les aporta menos de un tercio del valor nutritivo necesario. Según Naciones Unidas, el 62% de los niños están desnutridos y el 40% de la población tiene hambre. Más de ocho mil personas requieren ayuda alimentaria y el 30% de los 20.000 nacimientos al año son prematuros.

Las causas son, entre otras muchas, la mala calidad del agua y la escasez de alimentos. Las consecuencias, igualmente abundantes, que el 60% de los niños padecen malformaciones físicas o problemas mentales  por la desnutrición en la que crecen. Terminarán por abarrotar las “granjas” y “cooperativas” a las que envían deficientes mentales y físicos a los que someten a largas jornadas de trabajo. El propio gobierno ha reconocido que casi 300.000 personas murieron de inanición en la que se conoce como “la gran hambruna” sufrida entre 2005 y 2007. Sin embargo, según las cuentas de las ONG´s, la cifra real está cerca de los dos millones de personas, lo que supone un 10% de la población total del país. De todas formas, lo que probablemente preocupe al país es que la mala calidad de su sanidad haya provocado tener soldados más bajitos y que la altura del ejército haya descendido de 1´50 a 1´30 cm.

Pyongyang, historia gráfica de Guy Deslise.

Pyongyang, historia gráfica de Guy Deslise.

La lista de libertades coartadas es interminable. Carecen de propiedad privada, lo que les priva por ejemplo de tener un vehículo, aunque igualmente no se puede circular por las amplias carreteras construidas para un uso que parece exclusivo de los tanques. Los peinados y cortes de pelo permitidos están limitados, al igual que el vestuario, establecido por el régimen y al que es obligatorio añadir una insignia con la imagen del líder cuyo diseño varía dependiendo del sistema de castas. Criticar la comida es anticomunismo y se paga con la carcel. Por protestar por el sistema económico la pena comprende 104 delitos distintos. Existen gulags semejantes a los soviéticos en los que se “reeduca” a los díscolos.

Del padre de la Corea socialista, existen unas 35.000 estatuas ante las que es obligatorio hacer una reverencia y a las que bajo ningún concepto se puede dar la espalda. Existen sellos que no se pueden usar y billetes con su rostro que no se pueden doblar. Su imagen, en cada rincón del país, es venerada de forma sistemática por la población. Para la sociedad norcoreana los valores se han convertido en compromisos, las opiniones en dogmas y sus conciencias en dóciles víctimas de la propaganda.

Kim Il-sung moría en 1994 dejando a su hijo Kim Jong-il, que se hizo llamar el sol del S.XXI, al mando de un estado que se ha concentrado durante cincuenta años en desarrollar la tecnología nuclear. El 10 de febrero de 2005 Corea del Norte declaraba tener armas nucleares. Un año más tarde, en octubre de 2006, Kim Jong-il realizaba su primera prueba nuclear y en mayo de 2009 realizaba la segunda, ambos artefactos con plutonio que se hicieron estallar en el recinto militar de Pungaye-ri, al norte de la península. Las pruebas provocaron seismos de 4’3 y 4’7 grados en la escala de richter, además de numerosas sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, ante el que el joven Kim Jong-un, no se ha detenido.

El nuevo líder, nombrado tras la muerte de su padre en diciembre de 2011, no parece que quiera abandonar la política nuclear de los anteriores Kim. Paralizadas las conversaciones a seis bandas entre EEUU, China, Rusia, Japón y las dos coreas, en 2012 la Constitución se modificó y el país se declaraba como una “nación con armas atómicas”. En un comunicado de Defensa Nacional a través de la Agencia KCNA publicado el 23 de enero de este mismo año, los coreanos hablaban claro. “No ocultamos que lanzaremos una serie de satélites y cohetes de largo alcance y realizaremos pruebas nucleares de nivel superior en la próxima fase de nuestra lucha centenaria contra EEUU, enemigo jurado del pueblo coreano”. La tercera prueba nuclear, la primera para el nuevo líder, se hizo el 12 de febrero y provocó un seismo de 5’1 grados. Se detonó un dispositivo atómico miniaturizado, por lo que el objetivo de lograr una cabeza nuclear pequeña que pueda colocarse en un misil está más cerca. El resultado, según Pyonjang, es exitoso.

Pyongyang, Guy Delise

El Consejo de Seguridad de la ONU, como es costumbre, volvió a sancionar y en respuesta, el 8 de marzo Corea del Norte anulaba los pactos de no agresión con el Sur acordados en 1953. La chispa que ha prendido definitivamente el fuego en el norte de Corea, han sido las maniobras de ensayo que desde principios de marzo EEUU y Corea del Sur, ambos declarados enemigos, realizan de forma conjunta. Los ejercicios comenzaron el 1 de marzo y su final será en mayo, pero en su situación de alerta constante, los vecinos del norte han interpretado el movimiento de las bases militares de sus vecinos como un ataque y sin pensarlo dos veces rompieron el armisticio, cortaron la linea de comunicación directa y tomaron posición de ataque. Las advertencias y la tensión aumentaban con el paso de la semana, hasta que ayer Corea del Norte se declaraba en guerra contra el Sur. 

En 2012, el porcentaje de surcoreanos que creían posible un segundo enfrentamiento pasó del 40 al 59%. De momento, la población está tranquila y nadie ha hecho acopio de alimentos como sucediera en el 94, cuando el responsable norcoreano para las negociaciones norte-sur amenazara con “convertir Seúl en un mar de fuego”. En el norte, sin embargo, una segunda guerra coreana se asume como algo inevitable y este fin de semana decenas de miles de personas se manifestaron en Pyongyang apoyando el despliegue militar.

“Con el alto el fuego acabado, nadie puede predecir lo que ocurrirá en esta tierra a partir de ahora” decía el Rodong Sinmun, diario oficial del (único) Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, fundado por el abuelo Jong-sung y presidido ahora por Jong-un, como todo en el país.

El amalgama de deseos de Corea de Norte está abierto a todas las posibilidades. Desde un tratado de paz hasta más seguridad y conversaciones con Washington, pasando por supuesto por el abandono de los 28.500 soldados americanos que hay en Corea del Sur y el reconocimiento internacional de Corea del Norte como un estado nuclear. Las motivaciones de esta (podríamos decir) agria situación son la llamada de atención de la comunidad internacional y la búsqueda de un nuevo tratado con el sur. Además una nueva inyección de superioridad nuclear realzaría (más) el patriotismo de la sociedad y alimentaría la lealtad a Kim Jong-um.

Internacionalmente aislada, Corea del Norte se enfrenta a un EEUU dispuesto a defenderse no sólo a sí mismo sino también a sus aliados sureños. “No habrá limite al alcance de nuestra represalia si se produce un ataque”, respondía con firmeza la líder de Corea del Sur, Park Geun-hye. Sólo China tiene la influencia diplomática y económica necesaria para lograr un acuerdo que aleje de la cabeza de Kim Jong-un los sueños en los que fantasea con su poderío nuclear.

Laura Amate.

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3 responses to “Comunismo a la coreana

    • Muchas gracias por tu comentario y tu aportación. Es un artículo muy interesante. Siento que mi información te parezca sesgada, me esforzaré más por evitar que suceda en el futuro. Gracias por leer Indiscretos y un saludo!

      • Jo, es verdad, me quedó muy seco y feo ese primer comentario. Es que justo me puse a leer los dos artículos y vi en este lo que decía en el otro.
        Arriba esos indiscretos!

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