¿Y si hacemos las maletas?

La crisis de Chipre, una de las economías más pequeñas de Europa (0,2% del PIB de la Eurozona), ha hecho tambalearse una vez más los pilares que sostienen la unión monetaria. El hecho de que los ahorradores tengan que asumir directamente una parte del rescate al sistema bancario (5.000 millones de los 15.000 millones de euros totales) ha sentado un precedente que ha teñido de marrón pastoso la lencería de los atemorizados mercados financieros y de rojo la cara de los sufridos ciudadanos. Más aún cuando se planteó incluir también a los pequeños ahorradores en contra de la normativa comunitaria, que protege los depósitos de hasta 100.000 euros, una posibilidad –ahora descartada- más aterradora que un lap dance de Falete.

¿Aterrador?No tanto como un rescate (diezminutos.com)

¿Aterrador? No tanto como un rescate

Pero lo peor del rescate chipriota está por venir. Además del impuesto sobre los depósitos superiores a 100.000 euros y las limitaciones para sacar dinero  –corralito-, los ciudadanos van a pagar el salvavidas a su mórbido sector bancario (entre 5 y 7 veces el PIB) en forma de recortes. Es la dieta de la austeridad –privatizaciones, subidas de impuestos y recortes sociales- dictada por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).

Este régimen es de sobra conocido en Portugal, Irlanda, Italia, Grecia o España, países rescatados –salvo Italia- que en la Europa rica se conocen cariñosamente como ‘PIIGS’ (cerdos). Las duras condiciones asociadas a la ayuda económica han abocado a estas sociedades a la recesión, el sufrimiento y la indignación. Carentes de la divina sabiduría que atesora la casta política,  sus gentes no comprenden por qué en este sistema los beneficios se privatizan pero las pérdidas se socializan.

En este clima de indemnizaciones multimillonarias a mafiosos y austericidios, ha germinado un poderoso sentimiento antieuropeísta. Las naciones más castigadas por la disciplina europea alemana se preguntan si no será mejor mandar a la troika y al euro a pintar ‘ecce homos’ colectivos a otra parte y tratar de superar la crisis nacional lejos del yugo comunitario. El 70% de los chipriotas prefiere abandonar la moneda única y buscar el apoyo de otros países, como Rusia. ¿Es una buena idea o están locos estos chipriotas?

El profesor del IE, Rafael Pampillón, cree que el rescate sólo empeora la situación ya que “no puedes dar más deuda a un país para que resuelva su problema de deuda”. Bajo su punto de vista, Chipre debería “abandonar el euro, imprimir su propia moneda y hacer una quita potente de deuda [negarse a pagar una parte de la deuda, como ya ha hecho Grecia], de este modo su moneda estaría muy depreciada frente al euro y podría salir de la crisis creciendo”. La vuelta a la lira chipriota supondría que “los productos extranjeros serían carísimos pero los nacionales baratos por lo que las exportaciones serían muy baratas y eso tiraría de la economía”.

Pampillón no es el único experto que opina que a Chipre le iría mejor fuera del euro. El economista jefe de Intermoney, José Carlos Díez, que ha criticado en varias ocasiones la mala gestión europea de la crisis bancaria en la isla mediterránea, sostiene que las condiciones del rescate condenan al país a la depresión. En su opinión, “es mejor la solución islandesa [dejar quebrar los bancos protegiendo los depósitos de los residentes y negando la deuda con extranjeros], ¿por qué tiene que pagar un contribuyente chipriota el despropósito de un sistema bancario que ha quebrado entero?”.  El profesor Díez considera que estamos ante otro caso de socialización de pérdidas (conversión de deuda privada en pública), por lo que defiende que “los políticos que han tenido sus connivencias con la mafia rusa que resuelvan entre ellos sus problemas y que los ciudadanos no paguen nada”. Más claro, vino blanco Carrefour discount.

En cualquier caso, la ruptura con la divisa comunitaria no es un viaje al país de las gominolas. Miguel Ángel Bernal, gestor de inversiones en Ahorro Corporación, alerta de que, al salir del euro, “subirían muchísimo los tipos de interés, habría una devaluación fuerte y subiría la inflación”. A cambio de recuperar el control sobre la moneda, el poder adquisitivo de la ciudadanía caería como el Rey cada vez que se enfrenta a unos escalones. Males menores, en comparación con el dolor que supone la tutela europea. Díez explica que “salir del euro es como saltar desde un tercer piso sin red, pero es que a Chipre le van a hacer saltar cinco pisos sin red”.

Otro aspecto a tener en cuenta es el efecto mariposa. La salida de una economía tan minúscula podría contagiarse a otros países, generando más abandonos que dinamitarían la confianza de los mercados en la moneda europea. El profesor Bernal señala que “si sale Chipre, Grecia está en todas las quinielas para ser la siguiente, y eso es lo peligroso”.

Los chipriotas no son los únicos que se lo preguntan

Los chipriotas no son los únicos que se lo preguntan

Los expertos coinciden en que la situación de ambos países tiene muy poco que ver con la de España (el sector financiero español no es tan grande y su rescate es inferior al 10% del PIB frente al 60% del PIB en el caso de Chipre), por lo que una vuelta a la peseta es algo bastante menos probable. Sin embargo, una vez abierta la caja de Pandora, el temido efecto dominó podría extenderse hasta la siguiente en la lista, Portugal, “el punto de no retorno” para Díez. Este economista y profesor de ESADE cree que no sería la alternativa más recomendable para España, pero reconoce que “si consigues alguien que te dé financiación fuera de la troika sólo son un par de años jodidos”. Teniendo en cuenta los años de jodienda que ya llevamos en la mochila, es una opción a tener en cuenta. El mayor obstáculo de renunciar al hermoso proyecto comunitario pasa por asumir el batacazo inicial. Como indica Bernal, “salir del euro es la solución si la gente está dispuesta a asumir que va a ser un 50% más pobre”. ¿Merece la pena?

Daniel Vega

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