Marcador a cero

En la visión popular del trabajo en España (cuando lo había) existía una imagen asentada en las mentes de todos: un obrero trabajando y una decena, más jubilados de turno, debatiendo sobre el trabajo de este. Otra cosa no, pero aquí hablar, hasta por los codos. Tras la borbónica imputación de estos días, los debates y las tertulias han aflorado en la calle, en los bares, en la tele, en las casas, en las radios… De diversa índole y catadura: que si la transparencia, que si la ejemplaridad de la Casa Real, que si abdicaciones, que si los jueces son del Madrid o del Barça, etc. Cada loco con su tema, y como hay que sacarle el jugo a los refranes, ahí que sale Margallo al quite: está preocupado porque el presunto caso de choriceo Real daña a la “Marca España”.

Es un tema de vital importancia para este Gobierno. Esto de Internet y la libertad de prensa ya les empieza a molestar. Si no, que le pregunten a Ignacio González. No quiere Margallo que desde fuera se vea a España como un país con un Gobierno que sobre (va) y que sobre (viene), con políticos tan inocentes que no saben que sus coleguitas son capos, con unos con txapela que se mataban con otros con tricornio y menos como un país donde todavía existen Casas Reales como en el Antiguo Régimen. Casas Reales del Antiguo Régimen con imputados, quiero decir.

Levantaron ampollas aquellas fotografías del New York Times retratando la pobreza en España. Igual se pasaron un poco los yankis, pero no iban tan desencaminados. Margallo tuvo que poner el grito en el cielo. ¡Qué cachondeo es este! Encima justo después de que Lady Kirschner se vacilase un poco en su cara y en la de Soria con aquél “asunto de Estado” que fue la nacionalización argentina de YPF al estilo robo-caramelo-a-niño. Oiga, a cada uno lo que es suyo.

Hay que reflexionar un poco sobre eso de la “Marca España”. Está claro que las generalizaciones y los prejuicios a niveles de país no le sientan bien a nadie. Por ejemplo, en Italia no todos son como El Padrino (sólo lo son la mayoría de los políticos) y en Francia no todos van con boina y acordeón (algunos también llevan cascos militares y fusiles de asalto para “pacificar” alguna antigua colonia africana).

Los triunfos deportivos en casi cualquier disciplina por parte de deportistas españoles ha supuesto una visión de país amante del deporte estos últimos daños. No se exportarán filósofos, pero al menos se exporta algún triunfalismo con valores. Mejor ver el vaso medio lleno. Por una parte está bien, es preferible que los niños quieran parecerse a Sergio Rodríguez que a Falete. Además el deporte es necesario para equilibrar una vida sana, y aleja a los infantes y a los jóvenes de la droga, de los yates de los que venden droga, de la corrupción política, de la corrupción política en los yates de los que venden droga y de las manifestaciones. Todo lo anterior, de grave perjuicio para la la salud. A algunos les molestaba profundamente que la imagen de Piel de Toro hace unos años fuese precisamente esa: toros, flamenquito y olé. Ahora los toros están de mani en alguna “marea”, el flamenquito habla de corrupción y el olé se le suelta a Rajoy cuando hace “ruedas de prensa” a través de la tele que se dejó Bárcenas en el despacho (olé acompañado de un “y con dos cojones como los del caballo de Espartero, colega”).
Algunos países por ahí, seguramente masones o comunistas, exportan al mundo una filosofía de vida, una cultura, una sabiduría culinaria, los valores precedentes para una futura mejora de la civilización o McDonalds. Margallo está empeñado en que no, que aquí Marca. Y rumores de fichaje en verano. Marca España gol de Iniesta. Competitividad y marca, el neoliberalismo más cerril. Si Piel de Toro da una buena imagen exterior, los inversores comprarán deuda y algunos se harán más ricos. Para eso hay que trabajar tanto como los niños que cosen el calzado deportivo de ya saben ustedes que marca que vende mucho: con precariedad, trabajando más por menos dinero, sin sindicatos, sin posibilidad de acceder a la justicia y muriéndose prematuramente por un imposible acceso a la sanidad. ¿Les suena de algo? Si no les suena tranquilos, que ya les sonará y a unos niveles de amplificación que ni los de la feria del pueblo.
Así que ya sabe el juez Castro, que se deje de imputaciones a lo loco que el Estado de Derecho está para que sea bonito desde fuera, no para que funcione y todo eso. ¡Semejante ocurrencia! Ya no se nos rompe España, se nos rompe hasta su imagen. Pero que no se preocupe Margallo, dan igual las fotos del Times, lo que digan los corresponsales o los medios extranjeros o que imputen hasta a Felipe Juan. Por todo el mundo resulta que amablemente algunos miles de jóvenes con másteres, doctorados y dominio de lenguas dejan el pabellón bien alto. Por una parte es una lástima que la mayoría no vuelvan para contarlo, pero por otra, gracias al cielo que allende las fronteras alguien cumple una función eficaz en los asuntos exteriores. Genéricamente, sin marcas.

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