Qué mala es la reputación

Por Robin Quiroga. Sigue a la autora @Tengopluma 

Mófate de una mala reputación. Teme una buena que no podrías mantener. Robert Bresson

Hirst y Ai Weiwei, dos artistas verdaderamente indiscretos

Qué importante es la impronta que dejamos en el mundo cuando acabamos ‘calavéricos’ y sin diamantes. ¿Nos importa que el tiburón se descomponga?

Qué quiere decir quién es algo extremadamente subjetivo. Damien Hirst –el de los tiburones y las vacas en formol- hace superlativa a la idea y no a la representación, ¿hay algo más atemporal y canónico? Ambos coinciden en la importancia dada a la idea: conceder ideas al mundo es dar lugar a que cada cual represente, participe y haga suya la que desee, grandes libertades.

Probablemente de uno recordarán más su acción con respecto a un problema concreto de libertad en China; del otro su intento de –no en un esfuerzo menos romántico- desdibujar lo frágil.

Los artistas, como las personas, cambian. Lo único a lo que se aferran es a expresar. Evidentemente no pueden ser afines a todos los millones que habitamos el planeta. Los propios artistas en el acto de crear deciden el momento de inflexión en el que se esclarece hacia quién va dirigida la obra.

Forever bicycles Forever bicycles, Ai Weiwei. Fuente: Frokenberghe

¿Por qué juzgamos al artista cuando es la obra lo que nos habla? El mercado del arte responde a juicios y apuestas, a veces humanas, a veces -las predominantes- monetarias. Pero a fin de cuentas son decisiones humanas tomadas por seres con forma humana, ¿por qué culpamos entonces al artista que sabe cómo motivar esas apuestas?

La culpa siempre parece tener que aposentar las alas en algún lugar. Damien Hirst crea y en ese acto da lugar a la controversia, forma opinión pública, de la buena y de la mala, pero finalmente es opinión, es discusión, remueve de algún modo a quien observa sus planteamientos.

Ai Weiwei vende significado y Damien Hirst concepto –aparentemente- de valor. ¿Y quién no vende algo? Todos, y nadie escapa a esta premisa, queremos vender algo que salga de nuestras manos, todos queremos dar a luz ideas que sean valoradas. En el caso de los artistas a mención puede que la suerte les rodee o puede sencillamente que hayan comprendido, queriendo o sin querer, cómo funciona el sistema del arte. Hay dos preguntas a establecer para el espectador: ¿Deberían ser tan ricos? y, ¿por qué son tan ricos?

En el caso de Hirst, el personaje o celebrity ha ensombrecido a la obra. También es cierto que no todas sus obras son buenas, pero la técnica en cuanto a técnica personal está patente. Su obra parece bailar entre las formas del minimalismo, el pop de Warhol y el ready-made de Duchamp. La muerte es la dama representada, siempre desde dos polos: atractiva y repulsiva, sublime y grotesca, presente y fugaz. Sus patrones, según el tipo de complejidad, pueden llegar a asimilarse con vitrales góticos.

Ambos convergen en el punto de transgresión de aquellas normas o conductas hasta ahora concebidas como lo actual. El creador artístico busca conectar por alguna vía con las personas y, en el camino, trascender el interior de la persona, al momento y por último, hacer de su obra un universal. En su camino no limitan otras libertades ajenas, sólo muestran, expresan, dan a conocer su arte.

Fountain of lightFountain of light, Ai Weiwei. Fuente: Artnet

Hirst y Weiwei tienen la capacidad de escándalo. El primer tipo de escándalo siempre es tachado de morbo caduco para mega millonarios, el segundo de denuncia y provocación  con intereses a corto plazo. ¿El morbo y la denuncia social deberían ser tan costosos? ¿Se burlan del sistema? ¿De nosotros?

La obra son ellos. Es una barbaridad, es irregular, es astronómico, sí. Son los precios, es el juego del arte. Pero es fundamental discernir entre los dos artistas que, aunque con condición de indiscretos ante el mundo, trascienden de formas distintas.

Hirst es crudo, como sus animales. Es ostentoso en su quehacer y sabe hacer marketing artístico. Es su trabajo, sabe hacerlo, tiene colaboradores y, para sorpresa de muchos y desconcierto de otros, eso ha hecho de su obra algo valioso. Hasta cuándo es otra pregunta que, de saber la respuesta, no haría falta escribir estas reflexiones.

Madre e hijo divididos

Madre e hijo divididos, Damien Hirst. Fuente: Revista Arcadia

Ai Weiwei reduce su ámbito de acción. Él no es un artista dentro del sistema chino, es él mismo. Según sus palabras, él tiene poco que ver con lo que hace, principalmente es la idea que otros pueden usar. Sabe contar con exactitud y sabe qué quiere comunicar. Su fórmula es la acción-reacción. Artista y activista que arriesga algo personal en el momento que crea. Conecta con la sociedad, incluso con quien está a años luz de poder comprar una de sus obras. Busca romper reglas, no tan artísticas como de comportamiento. Y en esa rotura activa a otros, eso sí es poder sobre una generación. El sistema siempre será más poderoso, porque cuando hablamos de un artista también hablamos de un hombre. Un solo hombre.

El artista introduce una imagen cotidiana, la que tenemos asumida en nuestro día a día: que si el corderillo de navidad, que si la ternerita que es más cara pero sabe –oh, qué bien sabe-, los millones de vacas para satisfacernos y los safaris, y sus cebras…Él la trae ante ti. Interrumpe tu mente, la tuya espectador. Entonces te quedas perplejo, desconcertado, alarmado con mano en boca: ¿Por qué hace eso?, dirás.

Rompe el transcurso de una mente normalizada. Crea el cortocircuito para que volvamos a pensar. Claro que no es el primero ni el último, en la antesala ya lo hicieron artistas como Rauschenberg con su cabra ‘Monograma’ y el propio rey del Pop Art, Andy Warhol, imitando el lenguaje visual de la sociedad como crítica.

Ai Weiwei interviene nuestro imaginario con algo parecido cuando llena la Sala de Turbinas de la Tate Modern con semillas de girasol fabricadas en porcelana, una a una pintadas a mano. Alude a la colectividad de individuos singulares con necesidades y esperanzas que vive tras la enorme sombra de la masa China.

Una noticia de última hora me avisa de que una visitante se acaba de cargar una vasija de Ai Weiwei en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla.

Obra de arte de Ai Weiwei

Missing, Lanzando una urna de la dinastía Han. Ai Weiwei.Fuente: Miradas

¿Nadie es perfecto no?

¡A volar pajarracos y pajarracas! ¡Que no se diga que no lo intentamos! ¡Nos vemos en tres retiros domingueros!

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s