El fracaso del 25A

Alejandro Panés  Seguir a @AlexPGZ

El 25 de abril la plataforma En Pie se puso manos a la obra para ocupar el Congreso de los diputados. El objetivo, bastante surrealista, en realidad buscaba intensificar el acoso a la clase política. Desde hace años las manifestaciones y protestas han llenado las calles de Madrid con miles de personas. En la mayoría de ellas han ocurrido altercados entre los manifestantes más radicales y la policía sin que por ello se hayan conseguido cambios significativos. Es más, los políticos parecen vivir al margen de lo que siente la calle, un ejemplo es la reciente manipulación y tergiversación de la ILP sobre los desahucios. Desde el 15M, la calle ha expresado su malestar frente al Congreso, impotente mientras ha visto pasar recortes, paro, desahucios y tragedias sociales. Esta protesta trataba de dar un paso más y de radicalizar su discurso. Ha fracasado.

El día comenzó con un desmesurado despliegue policial. Alrededor de 1.400 policías blindaron el Congreso y los alrededores. De hecho, sobre las 17 horas había más prensa y policía que manifestantes. Todos los jóvenes que intentaron acercarse al lugar con una mochila fueron inmediatamente registrados. En Gran Vía, nada más llegar vi como tres chavales eran retenidos y registrados por llevar casco y protecciones, los cuales fueron requisados. Un día antes, arrestaron a 11 personas en la Universidad Complutense por supuestamente encerrarse para realizar preparatorios para el asedio. También detuvieron en las horas previas a cuatro personas por supuestamente planear incendios en entidades bancarias. De hecho, algunos vecinos de la zona abandonaron el lugar por recomendación de la policía. La delegadísima del Gobierno, Cristina Cifuentes  aseguró  horas antes que habría “guerrilla urbana”. Más que guerrilla, hubo mucho chaval de veinte años con muchas horas de Call of Duty.

El contingente mayoritario llegó a Neptuno sobre las seis y media. Su llegada contagió a los que ya estaban en la plaza, un lugar que más que una protesta parecía un funeral de la democracia. “¡Madrid será la tumba del fascismo!” gritaban. En total se logró la asistencia de unas 1.500 personas, la mayoría jóvenes de entre 16 y 22 años. La PAH, el 15M, Juventud sin futuro y otras muchas organizaciones se desvincularon de la protesta y la protesta se quedó en nada. Sobre las ocho, los cuatro garrulos de siempre empezaron a menear la valla y provocaron las cargas policiales. El asedio indefinido fue neutralizado, según asistentes, en cinco minutos.

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