Barcelona, ¿vives?

Ana Pérez Martín

Fotograma del documental "Las Calles Hablan"

Fotograma del documental “Las Calles Hablan”

Viajar, conocer diferentes ciudades lleva inevitablemente a compararlas, a caer en conversaciones que buscan las palabras para definir la esencia cada lugar. Barcelona parece más grande que Madrid, aunque no lo sea, coincidían los anónimos sentados esa noche frente a sus copas de vino en una reunión de esas en las que todo el mundo es forastero. Da el aspecto de ciudad, de metrópoli, de formar un todo de largas calles y aceras anchas. Y un comentario pasado vuelve a la mesa: las palmeras del paseo marítimo, había dicho el americano, hacen que parezca que estamos en California. “Es una ciudad… internacional”.

Viendo el documental Las Calles Hablan escucho que Barcelona hubo un tiempo que fue la “Meca” del Graffiti, que era una parada obligada para los artistas urbanos y los amantes de este tipo de arte de todo el mundo. “Caminar por la ciudad es como hacerlo por una galería de arte”, dice Katrine Knauer, la creadora de MBPA e inspiradora del documental, una estadounidense que vino como turista y se enamoró de la ciudad, pero no por Las Ramblas, ni por Gaudí, ni por la Torre Agbar, sino por el arte urbano que se extiende por las paredes de cada barrio.

Si las autoridades supieran que Knauer se quedó en Barcelona porque admiraba el arte de sus calles y no el de sus renombrados arquitectos, fruncirían el ceño. ¿Cuál es la identidad de Barcelona? Cuando preguntas a los barceloneses dónde llevar a tus invitados para conocer mejor la ciudad te hablan de las “granjas” donde se puede tomar un buen desayuno con sabor a auténtico, de los paseos por las callecitas del Born, de perderte en los rincones del Raval o visitar las pequeñas casitas de la Barceloneta. Todavía ninguno me ha dicho que les lleve a hacer fotos al Hotel Vela, o a la torre-pirulo o cualquiera de estos edificios que vuelven cada vez más “internacional” la panorámica de Barcelona.

¿Qué quiere ser Barcelona? Kafre, el artista profano, lo deja claro en el documental “en un primer momento se quiso una ciudad en la que el turismo fuera masivo pero más tarde lo que se ideó como modelo de ciudad fue algo más destinado a un turismo selecto y, a juicio de los agentes del ayuntamiento, era una mala imagen ofrecer al turismo una Barcelona que estaba plagada de arte en sus calles”. Este turismo de metrópoli que busca la foto-postal y se siente aterrorizado si encuentra un rincón que no salga en su guía de viajes, no volvería con un buen recuerdo si en vez de una torre de lucecitas de colores con forma de miembro viril, en su cámara apareciera retratado con un mural cuya vida es efímera. Al menos eso parecen pensar quienes diseñan las normativas.

Que no te dejen pintar las persianas de tu local como a ti te dé la gana es una total falta de libertad, estás pagando impuestos al ayuntamiento, ¿no puedes tener en la persiana lo que quieras? “.  Eledo se queja en el documental de una de las normas que impulsó el Ayuntamiento de Barcelona para evitar que cuando se cierren los negocios, las calles se llenen de murales profanos –aunque estén autorizados por el dueño – y poder así tener una imagen uniforme de la ciudad. El graffiti ha pasado de ser el rey a principios de los 2000, cuando artistas de todo el mundo venían a Barcelona admirando la libertad artística de la ciudad, a estar penado con multas de hasta 3.000 euros.

Barcelona parece buscar ser una postal perfecta, como si quisiera inmortalizarse a sí misma, ser una imagen fiel de sí misma, más que vivir y disfrutar de los cambios que el paso del tiempo deja sobre su identidad. Pero, ¿por qué inmortalizar algo que sigue vivo? Da la impresión de que se pretende crear una ciudad museo, en la que todo esté planificado y las sorpresas no rompan la armonía de una perfecta visita guiada. “El espacio público está más utilizado para ganar dinero que para el uso y disfrute público y real” dice Kram y vuelve a la memoria la privatización del Parc Güell. Exponiendo su perfección a ojos de todos los bolsillos. Inerte. Es es la Barcelona que parecen desear.

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