La carrera más épica

No es difícil darse cuenta de que este autor tiene cierta fijación por dos deportes tan diferentes entre ellos como son el baloncesto y el ciclismo. El criarse en un entorno en el que sólo se respiraba baloncesto hizo posible la obsesión por el primero de ellos. En cuanto al acercamiento al segundo, tiene una explicación más difícil, pero seguro que su heroico encanto, el sacrificio y, como no, Miguel Indurain, tienen algo que ver.

Carreras como el Tour de Francia, los Mundiales de ciclismo  o, por pura lógica geográfica, la Vuelta a España, son a las que más se les presta atención desde este país. Sin embargo, es otra carrera de tres semanas la que aglutina más espectacularidad y dificultades para los corredores, y a pesar de ello se mantiene en un segundo plano de la actualidad deportiva, el Giro de Italia.

En activo desde 1909, con las lógicas interrupciones por las (putas) Guerras Mundiales, hasta 1931 no se inventó el elemento que le ha dado su mayor representatividad, la maglia rosa del líder de la carrera. Desde ese momento, el color favorito en Italia durante tres semanas de mayo es el rosa.

Si bien Alfredo Binda fue el primer gran dominador de la prueba, los duelos entre Fausto Coppi y Gino Bartali –enorme su historia durante la II Guerra Mundial ayudando a la resistencia italiana- hicieron del Giro una de las pruebas más importantes del ciclismo mundial. La rivalidad entre estos dos italianos dividió a un país bajo un contexto de depresión postguerra. Sus duelos en blanco y negro bajo el manto blanco de la nieve que cubría los Dolomitas italianos son historia importante de este polémico deporte.

Y es que uno de los principales argumentos para situar al Giro como mejor carrera de tres semanas por encima del Tour de Francia es la cantidad de escenas que ha propiciado el tiempo durante la competición. La fecha del calendario en la que se disputa –el mes de mayo- y unos dirigentes poco proclives a pisar las regiones del sur, dando prioridad a las cadenas montañosas de la parte norte del país italiano, hace que cada año se den etapas en las que los ciclistas tengan que luchar no sólo con carreteras escarpadas, sino también con la lluvia, el viento, y por supuesto la nieve.

Bajo estas condiciones se forjan las mejores postales del ciclismo y, también, las mayores leyendas. De italiano a italiano, de Coppi a Nibali. El corredor italiano de Astana ha vuelto a recordar al ciclismo antiguo de los años 40 y 50 con una victoria sin imposición sobre los dos últimos ganadores del Tour, Evans y Wiggins. Además, lo ha hecho con una clase que sólo tienen los grandes, ganando la última etapa de montaña, la del sábado, bajo una intensa nevada. La misma nevada que impidió, por otra parte, que se pudiese disputar la etapa del día anterior, y ha modificado otras dos durante las tres semanas.

El recorrido del Giro hace ya varios años que adelantó por la derecha al del Tour, manteniéndose este como la prueba más importante por puro marketing. Mientras la ‘Grand Boucle’ lleva varios años bajo un sopor que no veíamos desde la era ‘Armstrong’, la ronda italiana ha añadido todos los ingredientes del ciclismo antiguo, ganando mucho más adeptos. Algunos se preguntarán si merece la pena un recorrido tan exigente si luego hay que modificarlo. Por una imagen como la de Nibali entrando en la meta de Tre Cime di Lavaredo bajo la nieve, sí lo merece.

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