El realismo pesimista de Peter Redwhite

Hace no mucho tiempo y no recuerdo quién lo dijo exactamente formuló la siguiente afirmación: “En este mundo en el que vivimos hoy hay mucha gente que escribe y poca gente que lee”. Hace referencia directamente al egocentrismo de que todos creemos que tenemos algo que decir y que lo decimos de una forma, digamos, que correcta o incluso hasta literaria. Pero a nivel individual pensé que conozco a gente que escribe (en el gremio periodístico es algo habitual) pero no al nivel de llegar a publicar un libro algún día sino a un nivel personal, como una terapia. Sin embargo, esta visión mía ha cambiado y gracias a un formato original.

cortors americanosLos cuentos son un género literario considerado por algunos (poco ilustrados, también hay que decirlo) infantil. Pero si alguien ha leído a Julio Cortázar sabe que un cuento exige una gran maestría literaria de síntesis con unas pinceladas de sorpresa para el lector. En unas cuantas líneas un cuento puede hacerte pensar lo que no consigue una novela de 300 páginas. Por eso, os quiero descubrir un librito (por su delgadez, que no por su irrelevancia) del escritor novel Peter Redwhite. Cortos americanos, que así es como se llama, recoge una serie de cuentos cortos (algunos no pasan de una página) ambientados en Estados Unidos, en lugares remotos y rurales del extenso país. Son nombres propios de pueblos reconocibles sólo para los que han vivido allí. Y esa es la intención del autor también, despojar a los personajes del lugar para que seamos nosotros mismos, nuestros amigos… en definitiva que nos sean muy cercanos y familiares.

Que nadie busque en los cuentos de Redwhite el sueño americano porque no aparece, realmente son historias antagónicas a esta idea. Randy Wilson, Mark Farhills o Raymon Day son perdedores. Sus historias son crudas y concretas, narradas con sencillez pero con complejidad al mismo tiempo. Algunos cuentos tienes que leerlos varias veces porque si no has estado atento a algún detalle corres el riesgo de no entender la historia.

Con respecto al ambiente, el autor dibuja un mosaico de escenas de películas americanas de los 50 o 60 en diners (típicas cafeterías antiguas) y casas empapeladas de flores al más puro estilo Tomates Verdes Fritos. Los cuentos funcionan por separado como historias independientes pero al mismo tiempo complementarias, son distintas caras de una misma figura. Podríamos decir que esa figura es la vida porque trata temas como las relaciones familiares, el amor,  la soledad… que vienen a representar el callejón en el que están atrapados los protagonistas. Un “realismo pesimista” contado en unas cuantas líneas donde se dicen (y no se dicen) muchas cosas.

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