La mala educación

Vuelve Pepe (Wert) con las rebajas. Otro hachazo más. De nuevo, a los estudiantes que, como todos saben, tienen gran parte de culpa por esta crisis asquerosa y sólo representan gastos innecesarios para la mohína teta estatal. Habida cuenta del escaso valor que tiene para la economía formar adecuadamente a la juventud y del diminuto porcentaje de paro juvenil del que disfrutamos (un ínfimo 57% de nada), la chistera sin conejo del ministro más odiado del momento ha escupido otro cañonazo contra el maltrecho sistema universitario.

Educación prepara una reforma del sistema público de becas universitarias que aprobará este verano por Real Decreto, es decir, por sus santos cojones, basada en la reducción del dinero percibido y en el endurecimiento de las condiciones para poder acceder a ellas.

Las nuevas becas se determinarán en base a un sistema de cuantías. Dos fijas, ligadas a la renta y a la residencia, de 1.500 euros cada una, y otras dos variables, relacionadas con la nota (desde 60 euros) y con la matrícula universitaria. De este modo, el estudiante podrá recibir hasta 3.000 euros para sus gastos, cuando el máximo actual es del doble (hasta 6.000 euros combinando distintas ayudas). Las becas de desplazamiento -otorgadas a quienes tienen que estudiar fuera de su lugar de residencia- desaparecen. Y si vives en un pueblo dejado de la mano de dios, dedícate a las cabras y al huerto, que te irá mejor.

Para optar a dichas subvenciones, la renta familiar no podrá sobrepasar los 38.800 euros anuales. De modo que si entre papá y mamá en tu casa se ingresan más de 2.770 euros cada mes, olvídate de pedir nada al Estado (excepto situaciones especiales como familias numerosas o con minusvalías). Necesitarás acabar el Bachillerato con más de un 5,5 de media si quieres becas para Formación Profesional y más de un 6,5 si se trata de estudios universitarios. Y para renovarlas al año siguiente tendrás que aprobar todas las asignaturas salvo en el caso de las enseñanzas técnicas (85% de los créditos matriculados). Oséase, menos becas y más difíciles de conseguir.

Este tijeretazo que en teoría trata de hacer un reparto más eficiente del dinero público (consulta aquí nuestro manual de la eficiencia), constituye el penúltimo eslabón de la ristra de varapalos educativos impuestos por Mariano y sus secuaces, a saber:

-Subida de cerca del 33% de las tasas universitarias. La medida aprobada en verano de 2012 ha encarecido cada crédito unos 6 euros, por lo que cada estudiante tiene que pagar entre 240 y 500 euros más al año. Y eso sin contar con segundas y terceras matriculaciones, en las que se tendrá que pagar hasta el 100% del precio real de los estudios.

-Brutal recorte del 80% de la inversión pública en I+D+i. El hachazo en investigación -que se desarrolla principalmente en los centros universitarios- incluido en los Presupuestos Generales de este año, unido al ajuste laboral del 18% y la congelación de las plantillas de recursos humanos en los centros de estudios superiores va a dejar la capacidad innovadora de España a la altura de gigantes como Lituania o Bielorrusia. En algunas autonomías como Castilla-La Mancha, cuna de la vanguardia científica nacional, la inversión final se reduce a 0. Total, con lo avanzados que están en este sentido en Cuenca o Ciudad Real, tampoco pasa nada. Y a otra cacería, María.

-Reducción del 63% de las becas Erasmus y eliminación de las Séneca. La partida para las subvenciones de movilidad europea pasa de 41 millones de euros a 15 millones este año. Las de movilidad nacional directamente desaparecen. En el caso de las primeras, el motivo esgrimido por el Gobierno es que Europa duda de si podrá pagarlas. Estas becas, que sirven para aprender idiomas, conocer culturas diferentes y desarrollar una visión cosmopolita del mundo, conceden una media de 320 euros mensuales a cada estudiante. Además, el grueso de la ayuda se ingresa una vez terminada la estancia, por lo que tienen más valor anímico que económico. Aun así, Europa piensa que las borracheras de sus Erasmus le salen muy caras. Los 755 eurodiputados que se llevan 6.200 euros limpios al mes más otros 5.000 en dietas variables, o los 27 comisarios europeos con nóminas superiores a los 20.000 euros brutos cada mes sí que suponen un gasto justo y necesario por lo visto.

Marca Españistán (blog.txapulin.net)

Marca Españistán (blog.txapulin.net)

Todas estas puñaladas tienen dos consecuencias directas. En primer lugar, se dificulta el acceso a la universidad pública, que vuelve a convertirse en un privilegio reservado a aquellos que nos lo podemos permitir. Sólo en Madrid más de 7.000 estudiantes pueden perder el curso por impago de las tasas. Estos días ha volado por Internet un desolador artículo escrito por un profesor universitario que resume en tres palabras en qué se ha convertido el sistema educativo español: ‘Una puta mierda’. El texto cuenta cómo uno de los alumnos más brillantes del docente ha sido privado de un derecho fundamental por no poder afrontar el pago de las tasas.

La sociedad ha comenzado a reaccionar ante la ineptitud de sus gobernantes y cada vez son más comunes los casos de profesores o personalidades universitarias que ayudan a alumnos sin recursos para que puedan continuar con sus estudios, algo muy loable moralmente pero vergonzoso desde un punto de vista político en un país supuestamente desarrollado.

Este panorama tercermundista excluye a muchos jóvenes del sistema público de ayudas y les obliga a hipotecarse con los bancos si quieren disfrutar de una educación superior, convirtiéndoles en esclavos del sistema financiero desde los albores de su vida adulta.

La segunda consecuencia es la emigración forzosa de nuestros nuevos talentos, la llamada ‘fuga  de cerebros’. Toda una generación de ingenieros, licenciados, graduados y doctorados que cruzan las fronteras en busca del futuro que aquí les ha sido denegado. Los más afortunados  desarrollarán con éxito su carrera profesional en cualquier país que sí reconozca su esfuerzo; los menos, accederán al trabajo precario que aquí también se ha tornado un lujo.

Viejas letanías (cervantesvirtual.com)

Viejas letanías (cervantesvirtual.com)

La casta política intenta disimular su sádico cinismo con el disfraz de la estulticia más profunda. Mientras que en Italia –país similar al nuestro en cuanto a calaña gubernamental-, el primer ministro pide perdón a los expatriados y reconoce que “cuando a generaciones enteras se les arrancan la esperanza y la confianza no hay coartada o disociación personal y política que aguante”, los nuestros, en cambio, optan por sacar pecho de este desperdicio generacional.

A la “movilidad exterior”, el precioso eufemismo utilizado por la ministra de Empleo, Fátima ‘la milagrosa’, se suman otras declaraciones todavía más estridentes. La secretaria de Estado para la Emigración, Marina del Corral, dice que los jóvenes no se van porque no les queden más cojones, sino por su “espíritu aventurero” -así es como los del PP deben llamar a la desastrosa tasa de paro en la intimidad de sus mazmorras-. Para el insigne Wert, esta fuga de talentos “nunca es un fenómeno negativo” y la Espe, ni corta ni perezosa, asegura que se trata de un “motivo de orgullo”. Por su parte, González Pons, que se levanta cada mañana con el propósito de parecer un poco más retrasado, sostiene que “trabajar en la Unión Europea no es trabajar en el extranjero”. Olé tú.

Incluso un concursante de Mujeres, Hombres y Viceversa puede deducir que destinar millones de euros (desde 30.000 euros por cada graduado en Periodismo a los 80.000 euros por cada licenciado en Medicina, y sólo en gastos de primera matrícula, pues las cifras reales son mucho más altas) a formar unos profesionales que luego son regalados a otras economías es, de todo, menos positivo. Es como si un paciente con cáncer paga una millonada a un oncólogo para que le cure y éste se gasta todo ese dinero en drogas y putas.

Los países que los acogen, como Alemania o Francia –donde por cierto los estudiantes universitarios pagan la cuarta parte que aquí-, se frotan las manos ante el chollo, pues reciben mano de obra de altísima calidad que genera riqueza a coste cero. La ministra de Trabajo alemana, Ursula von der Leyen, ve este fenómeno como un “golpe de suerte” para la economía germana, ya que “esta inmigración ayuda a nuestro país, lo rejuvenece, lo hace más creativo y más internacional”.

La idiosincrasia subyacente en esta política mutiladora revela la verdadera intención del Gobierno, crear un rebaño de ciudadanos mansos y adoctrinados que sólo se preocupen del último capítulo de Gandía Shore y de poder costearse los vicios de cada fin de semana, sin preguntarse qué clase de usureros les gobierna. Mientras tanto, la generación más formada de la historia, el activo más valioso para sobrevivir a las crisis y generar una economía verdaderamente competitiva (aquí se entiende competitividad por abaratar el despido y bajar los salarios), es expulsada a patadas, lejos del lugar donde más se la necesita. A cambio, mantenemos a una élite de inútiles profesionales onerosamente pagados con el dinero de todos en forma de diputados, senadores, jueces, sindicalistas, asesores políticos y demás sinecuras.

Y lo peor de todo no es la huida en estampida de nuestros jóvenes más valiosos. Lo más grave es que muchos de ellos no volverán nunca, conscientes de que en este país siempre habrá sitio para corruptos y chupópteros pero no para los trabajadores más cualificados, aquellos que aquí sólo se encuentran puertas cerradas gracias a la mala educación de nuestros dirigentes, un precio que estaremos pagando durante lustros.

Daniel Vega

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2 responses to “La mala educación

  1. Suscribo cada palabra del artículo, menos lo de poner a la misma altura a los jueces y a los políticos. Los primeros son extraordinarios profesionales que se les paga bastante poco y más teniendo en cuenta el gran trabajo que hacen con los pocos medios de los que disponen. Además de que en muchos casos no vacilan ante presiones políticas y no ceden. Cosa que les honra y que les hace merecedores de no ingresar en el mismo saco que los asesores, sindicalistas, politíticos, y demás patraña que come de nuestros impuestos.

  2. Querido Pablo, muchas gracias por tu aportación. Cuando hablo de jueces me refiero a los altos cargos del Poder Judicial, que cobran auténticas barbaridades (hasta 180.000 euros anuales). Es cierto que muchos hacen su trabajo lo mejor que pueden, pero en estos casos, sirven más de extensión judicial del poder político que de otra cosa. ¿Ejemplos? El Tribunal Constitucional o la Fiscalía en el caso Bankia, que parece la defensa de Blesa.

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