Gentrificación, o por qué mi barrio ya no es mío.

Cuánto Cupcake. Tiendas “Bio”. Bicicletas impolutas. Ropa “vintage” y “retro”. “Nouvelle cuisine” en platos cuadrados.  Gastrobars con catas semanales. Cadenas de supermercados 24h. Tiendas de productos gourmet. Geekshops. Tattoos. Skates.

Pero ¿Y qué de los…Ultramarinos. Bares de bocadillos de calamares, parroquia reincidente. Mercerías. Puestos de libros de segunda mano. Droguerías. Mercados. Licorerías…?

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Tigre gentrificado. Fuente: Tumblr.com

 No fueron los modernos, tampoco los indies, y pese a lo que pueda pensarse, los hipsters son sólo una consecuencia. La contraposición de estos dos conceptos de barrio es el resultado palpable y visible del fenómeno con nombre de monja que viene a ocupar nuestras líneas esta semana, con el humilde objetivo de hacer más ruido del que ya hay al respecto, dado que, por desgracia, se encuentra en el lado de las pocas luces. La Gentrificación es aquel proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado es progresivamente desplazada y renovada por otra de un mayor nivel adquisitivo, como consecuencia de programas de recalificación de espacios urbanos estratégicos.

En otras palabras, “elitización”, “aburguesamiento” (gentry, en inglés quiere decir burgués), transformación provocada de la población de barrios céntricos tradicionalmente obrera por nuevos moradores “de cuello blanco” (según David Ley, profesor de Geografía de la Universidad de Columbia Británica en un estudio que presentó en 1978). O sea, echar a los pobres del barrio bonito para convertirlo en chachi y así aprovecharlo mercantilmente, facilitando los negocios con tirón y dando ventajas a proyectos que aceleren el consumo y a renovaciones en inmuebles.

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Serie fotográfica “El Palentino”, de Jonás Bel.

Según Óscar Muñoz Carrera del Observatorio Metropolitano en su texto “GENTRIFICACIÓN Y REESTRUCTURACIÓN DEL ESPACIO SOCIAL EN MADRID “reconfigurar la ciudad de tal modo que niegue la diferencia y excluya a los grupos más pobres y marginados utilizando estrategias cada vez más agresivas contra ellos“, “estructurando cada vez con mayor frecuencia los discursos y documentos oficiales a modo de paquetes de soluciones inundados de etiquetas reconocidas como “regeneración”, “renovación”, “revitalización”, “renacimiento urbano”, “reurbanización”, “mezcla social”, “ciudades creativas” que en realidad acaban desembocando, si es que no son directamente, en procesos de gentrificación” . Los nuevos moradores aprovechan las ventajas económicas que el mal estado de los inmuebles, el envejecimiento y abandono de muchas casas y los bajos precios de las rentas antiguas; además del descuidado patrimonio público (plazas, farolas, basuras, etc.) pueden ofrecerles de cara a una inversión  inicial menor, en comparación con los lugares en los que hasta entonces se habían concentrado. Como madrileños, podemos ejemplificar perfectamente este fenómeno en Lavapiés, Malasaña, o Chueca; como europeos, en Berlin, Londres o Barcelona. Describen la Gentrificación en Todo por la Praxis (colectivo de acción ciudadana muy activo en campos como éste, el urbanismo colectivo, la arquitectura y reciclaje de espacios urbanos por y para los ciudadanos) como “el proceso que conlleva la sustitución de la población, de la tipología de viviendas y de las actividades comerciales y productivas, con el móvil de la ganancia especulativa obtenida a través del cambio sufrido en el valor del suelo, entre la fase de abandono de la zona y su posterior revalorización”La microcolonización del S.XXI.

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Skyline de Madrid. Fuente: observatoriocriticodelaenergia.org.

Existe también la visión positiva (desde un prisma mercantilista), por supuesto, por la que este tipo de cambios conlleva beneficios para el barrio viendo el fenómeno como símbolo de enriquecimiento. Se traduciría en el aumento de flujo de capitales y por tanto en una mejora de la calidad de vida, de los negocios locales y un aumento en la generación de empleo: CONSUMID PEQUEÑOS CONSUMID.

Sin embargo, falta que hagamos partícipes a unos últimos actores de este fenómeno urbano: los artistas. Deberían ser el muro de contención, el punto medio para crear barrios en los que lo tradicional y los auténticos pobladores, ya sean jubilados, yonkis, prostitutas, modernos, adinerados o tirados vivan en armonía en un lugar en el que puedan permitirse todos los bienes de primera necesidad. Donde ni tenga que haber una galería con obras carísimas que en realidad nadie se puede permitir comprar, ni el café en el bar de debajo de casa que cueste más de 1€. Hablando de café, recomendamos este corto documental que viene a reflejar el concepto de la Gentri y sus amigas en los bares de barrio típicos españoles:

Para más información y si queréis participar de la contención de estos procesos, sin tomarlo como una involución sino creando enriquecimiento real del desarrollo de los barrios urbanos, podéis encontrarla aquí. También recomiendo la lectura de este artículo y su continuación.

Sed felices y larga vida a los barrios.

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4 responses to “Gentrificación, o por qué mi barrio ya no es mío.

  1. En mi opinión es un enfoque un tanto simplista, atribuirlo todo a la especulación y a la recalificación. Por poner un ejemplo, fenómenos como el de la homofilia, por el cual la gente tiende a rodearse de aquellas personas que tienen más en común con ellas (en las diferentes dimensiones en que esto puede suceder) también juegan un papel importante. La concentración de actividades lúdicas, como es normal, aumenta cuanto mayor es la cercanía al centro de la ciudad, y esto favorece el interés de diversos grupos nuevos por acercarse a las zonas donde se van a sentir más identificados con el resto.

  2. Estoy de acuerdo contigo en que es una evolución lógica dentro de cualquier sociedad el rodearse de los más parecidos a nosotros, con los mismos hobbies, etc., sin embargo lo que yo denuncio aquí es el hecho de que esto sea provocado y con el fin último de “revitalizar” la zona, es decir, eliminar con mayor rapidez de la que podríamos llamar natural los antiguos grupos de población que ocupaban estos lugares.
    Además, teniendo en cuenta el tamaño de una ciudad como Madrid, se podrían concentrar estas zonas de actividades lúdicas, como tú las llamas, en otros puntos de la misma, agitando así la propuesta al ciudadano y no centrándose solamente en un área, lo que repercute negativamente en el resto de zonas (como ejemplo, el Matadero de Madrid, que ha vigorizado muchísimo la actividad en Legazpi de una manera progresiva y no agresiva, de momento).

  3. Recomiendo esta lectura y seguir a este grupo (GILA), pero tengo un dilema al leerlo: ¿debería ir a lavapiés si es para tomar un café o bares? Quizás la conclusión se malentiende: hay que ir a hacer vida, no a vivirlo de visita. saludos y gracias por el artículo! muy interesante

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