Cuando la Justicia se convierte en una casa de putas

Un tal Montesquieu escribió en 1748 que las democracias modernas debían construirse sobre una estructura de tres poderes equipotentes: ejecutivo, legislativo y judicial. Para los buenos samaritanos que nos gobiernan, el principio de la separación de poderes es tan importante como el séptimo mandamiento católico (o el octavo, o el noveno, o el décimo, o todos ellos en general).

Como en toda dictadura que se precie, el Gobierno –y éste no es el primero- ha convertido a las autoridades legislativas y judiciales en meras extensiones de su autoridad gaviotil. Este control totalitarista se intenta desempeñar lo más veladamente posible, no vaya a ser que el rebaño se indigne (más), sin embargo, las últimas actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción, no dejan mucho espacio al tan manido beneficio de la duda.

Esta institución, que –presuntamente- combate uno de los mayores cánceres del país, exhibe una falta de independencia que gana flagrancia día a día, gracias a casos como el del exbanquero Miguel Blesa.

Este señor, abogado de estudios, llegó al consejo de Caja Madrid en 1993 de la mano de José María Aznar, a quien había conocido años atrás mientras preparaba las oposiciones para inspector de Hacienda. La academia CEU donde ambos estudiaban, incubadora de grandes prohombres de ayer, hoy y siempre, vio nacer una hermosa amistad entre dos auténticos maestros de los dos deportes predilectos de nuestra alteza nacional, el golf y los pelotazos empresariales.

A los pocos meses de que Aznar se hiciera con el poder en 1996, aupó a su amigo del alma a la presidencia de la entidad. Para ello, tuvo que comprar a Comisiones Obreras y a Izquierda Unida (al parecer, la defensa de los intereses proletarios no resulta tan gratificante como una butaca de piel en la sala de juntas del majestuoso rascacielos gemelo que preside la madrileña plaza de Castilla). Una persona que tenía tanta experiencia en el sector financiero como en el de los condensadores de fluzo, se hizo cargo de una de las cajas más importantes del país gracias a su enternecedora amistad con Txemari, ese hombrecillo cuya cara revestida de tungsteno exige ahora a los políticos que “quiten las manos” de las entidades financieras.

Bajo el mandato de Blesa, la caja vivió sus años dorados. Los beneficios aumentaban exponencialmente, lo que llevó al presidente (ojo, y a todo el consejo de administración, responsable a partes iguales de la debacle actual) a desarrollar una política expansiva más desbocada que Laporta celebrando los títulos del Barça.

Se amplió considerablemente la red de oficinas y se extendió la actividad comercial a otros países como Irlanda, Portugal, México o Estados Unidos. En este último país, la compra del City National Bank of Florida por 1.117 millones de dólares en plena crisis  ha supuesto a la entidad unas pérdidas que rondan los 500 millones de euros. Además, la compra se fraccionó en dos pagos para evitar los controles de la Comunidad de Madrid, y se reservaron otros 100 millones de dólares “por si alguna otra cosa se ponía a tiro” (empresas, activos inmobiliarios, droga… quién sabe). Esta ruinosa compra constituye una de las causas por las que Blesa ha tenido que pisar la cárcel recientemente.

Definición gráfica de la estrategia comercial de Caja Madrid con Blesa (periodistadigital.com)

Definición gráfica de la estrategia comercial de Caja Madrid con Blesa (periodistadigital.com)

Pero la verdadera tumba de la entidad fue su participación en el mercado inmobiliario –casualidades de la vida, Blesa era consejero de las constructoras ACS y FCC-. Amparada por el respaldo de los bancos alemanes, financió a promotores y ciudadanos, concediendo créditos a diestro y siniestro que hincharon la burbuja del ladrillo como la panza de un futbolista retirado. Por ejemplo, Martinsa-Fadesa, responsable del mayor concurso de acreedores de la historia, declaró en 2008 un agujero de 7.000 millones de los que 1.000 millones procedían de Caja Madrid. Ahora la compañía tiene que lidiar con las altas tasas de morosidad y con que muchos de estos activos valen menos que la palabra de un político.

El amigo de Aznar y el resto del consejo también metieron a la entidad en negocios turbios como Gescartera (en donde “desaparecieron” 120 millones), el parque Warner (ruinosa iniciativa personal de Gallardón, íntimo del presidente, que nunca ha conseguido beneficios), el timo de las preferentes, o un crédito a su amigo Díaz Ferrán (expresidente de la patronal que está en la cárcel por desmantelar el Grupo Marsans) de 26,6 millones en el que se utilizó como aval un conglomerado empresarial en quiebra -el otro motivo por el que Blesa ha dormido entre rejas-.

A todo ello se suman ciertas compras como una mansión en Miami para supuestas operaciones comerciales o un BMW Serie 7 blindado de medio millón de euros que, según el banquero, “no era lo más cómodo del mundo” -pero, como buen directivo, sacrificó el bienestar de sus doradas nalgas por el bien de la entidad del oso verde-.

Esta clase de decisiones dan a entender que el departamento de Riesgos de la caja era algo parecido al neoyorquino Studio 54 de los setenta, una sala repleta de ‘yuppies’ asiduos al baño de hombres donde parecía que la fiesta no se iba a acabar nunca.

Cuando Blesa dejó la entidad, en enero de 2010, su sueldo era 18 veces el de su predecesor. Se llevó una indemnización de 3,5 millones y estableció un bonus de 25 millones para él y otros nueve directivos que su sucesor, Rodrigo Rato, eliminó en aras de una nueva etapa de “austeridad” (lo cual no le impidió subirse su propio sueldo, gajes del negocio usurero). Además, según una información de Infolibre, el PP le pagó 600.000 euros entre 1999 y 2006, una práctica prohibida por la Ley de Cajas que el partido tardofranquista ha atribuido a un error contable (maldita contabilidad, siempre jodiendo la marrana).

Pese a que en su despedida anunció unos escuetos beneficios para 2010, el estudio que tres bancos internacionales (HSBC, Crédit Agricole y Rothschild) hicieron dos años después, reveló que Bankia, el Frankestein financiero liderado por la caja madrileña que Rato había ideado, tenía un agujero de nada menos que 13.600 millones. En la comisión parlamentaria que se creó para esclarecer el asunto, Blesa afirmó que dejó la entidad en una excelente situación, no sabemos si por pura incompetencia, sinvergonzonería, o una genuina combinación de ambas. Además, ni corto ni perezoso, extendió la responsabilidad de la situación económica a toda la ciudadanía, subterfugio habitual entre los verdaderos culpables de esta crisis.

Friends will be friends (lavanguardia.com)

Friends will be friends (lavanguardia.com)

El colega de Aznar se había ido de rositas después de participar en el mayor agujero del sistema financiero español hasta que el pasado mes de mayo, el juez Elpidio Silva lo metió en la cárcel por la compra del banco norteamericano. Sus familiares tiraron del cestillo de las monedas para pagar la fianza de 2,5 millones decretada, y el exbanquero no pasó ni 24 horas en su celda de Soto del Real.

Ahí comenzó una campaña de difamaciones orquestada por la Fiscalía Anticorrupción y apoyada por los medios afines al Antiguo Régimen (véase La Razón, ABC, NO-DOMadrid Telemadrid, etc.) para tratar de deslegitimar tanto al magistrado como a Manos Limpias, el sindicato que figuraba como acusación en el caso.

En junio, Silva volvió a decretar la entrada de Blesa en prisión sin fianza por su “gestión aberrante” al frente de Caja Madrid. En un gesto hasta ahora inaudito, la Fiscalía recurrió el fallo antes que el abogado del exdirectivo, demostrando que el organismo controlador de la corrupción ejercía mejor que nadie la defensa del acusado.

El juez denunció entonces que había recibido presiones desde distintos ámbitos, llegando a afirmar que incluso un perito de la consultora KPMG, que participa en la investigación, había sido amenazado por hacer su trabajo. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) le dijo que, si era presionado, debía pedir la protección de la institución. El recurso de amparo solicitado por Elpidio al CGPJ ha sido denegado.

Transcurridas dos semanas del segundo ingreso de Blesa en prisión, la Audiencia de Madrid anuló la sentencia dictada por Silva, por lo que el exbanquero ha vuelto a ser liberado, y además  se le deberá devolver la fianza de 2,5 millones. Y para más inri, ahora la Fiscalía estudia demandar al magistrado por prevaricación.

Hace escasas horas la Audiencia de la capital ha determinado que aún se debe seguir investigando la actuación de Blesa, pero la Fiscalía ya ha conseguido su objetivo, apartar del caso al primer juez que ha tenido los cojones de investigar y meter a un banquero en la cárcel desde los tiempos de Mario Conde –otro gran amigo del delincuente que hoy nos ocupa, y es que dios los cría-.

No es la primera vez que esta institución parece ponerse del bando de aquellos a los que se supone que debería perseguir. Fue la artífice de la desimputación de la infanta Cristina por el caso Nóos, determinó que no había habido delito en la comercialización de las preferentes y que no se debía investigar por ello a Julio Segura y a MAFO, exdirigentes de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y del Banco de España respectivamente (y culpables directos del desastre económico actual), apartó al juez Gómez Bermúdez -odiado por el PP porque dictaminó la barrabasada de que detrás del 11-M no estaba ETA- de la investigación de los pápeles de Bárcenas, se opone a que Aznar declare en dicho caso, y un largo etcétera.

Y así, mientras los escándalos de corrupción se multiplican como gusanos en el cuerpo de un toro –ehpañó- con miasis, todos asistimos a la inoperancia de quienes deberían exterminarlos, convertidos en meretrices de un burdel nacional en donde aquello de que “la justicia es igual para todos” no es más que otro eslogan trasnochado iluminado por neones parpadeantes que sólo satisfacen a polillas y puteros.

Daniel Vega

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