De cuando la conjura se cumple

Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él. Johnathan Swift, “Thoughts on various aspects, moral and diverting”

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J.K.T. Ilustración: Aurelio Lorenzo.

John Kennedy Toole tenía 15 años cuando escribió su primer proyecto literario serio, una novela de menos de 200 páginas con relato en primera persona y argumento un tanto perturbador, circular y con una buena elaboración de los personajes situada en un pueblo . La llamó “La Biblia de Neón” porque fue sobre todo en la cutreseñal de una iglesia de carretera  donde encontró la inspiración; además de en un viaje a la casa de un compañero de clase en las profundidades del estado de Mississippi. 

Quince años después, a principios de los ’60, escribió la que sería su obra maestra, ganadora de un premio Pulitzer en 1981 y convertida en un clásico de la literatura del S.XX para la posteridad: La Conjura de los Necios,  el relato de Ignatius J. Reilly y sus vicisitudes en la vida, nada claro acontece, no hay nudo ni desenlace, pero es el relato de todas y tantas cosas como las que pasan en la vida misma.

Es su estrafalaria madre, los pobladores de la Nueva Orleans de la época (crisol de cultura negra, latina y americooccidental) y la locura de este treintañero paranoico, deprimido, y con una visión de la vida diferente y especial por no decir supercreisi. Anagrama le describe en la cubierta trasera como “una mezcla de un delirante Oliver Hardy (el Gordo de “El Gordo y el Flaco”), con un Don Quijote adiposo y un Tomás de Aquino perverso”. En la novela abundan los diálogos y las reflexiones de Ignatius, que en vista de la necesidad de aportar algo de capital al hogar materno, se ve “catapultado en la fiebre de la existencia contemporánea”, buscando empleo, encontrándolo, y dejándolos, a raíz de la incapacidad del mundo para comprender sus profundas reflexiones y necesidades.

Sin embargo lo más increíble de la historia de la Conjura de los Necios no se encuentra en el libro en sí, sino en los acontecimientos que se desencadenaron antes de que  éste viera la luz.

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Thelma, feliz con el libro de su hijo publicado (por fin). Fuente: verbo10.com

Una tarde de marzo de  1969, después de años intentando que le publicaran la que sabía sería obra culmen de su carrera (qué paradojas…), John Kennedy Toole aparcó su coche en un lugar apartado del estado de Mississippi y conectó su tubo de escape con la cabina del vehículo, haciendo que el dióxido de carbono de su propio coche terminara así con su desdichada e infeliz vida tras 32 años dedicándose a las letras como escritor en secreto y como profesor de la universidad de Columbia. Había sido durante su servicio militar de dos años como profesor de inglés en Puerto Rico cuando elaboró el texto que en unas 360 páginas comprime su particular denuncia social. La Conjura de los Necios pasó de editorial en editorial durante años, primero era él mismo quien la llevaba, y  tras su suicidio, Thelma Ducoig Toole, una madre destrozada por la muerte de su único hijo (“Tesoro”) y que encontró un alivio a su pena y memoria el publicar la novela que terminó con él.

Así pues, y después de llamar a puertas incansablemente y con la salud maltrecha y la muerte de su marido muy seguida de la de su hijo, esta mujercilla casi obligaría al escritor Walter Percy a leerla. Fue gracias a él por lo que la Editorial de la Universidad de Lousiana la publicaría en 1980. Y así, hasta nuestros días, cosechó enorme éxito, saliendo de las sombras gracias al coraje de una madre y llegando a hacer mucho mucho ruido, como Ignatius.

Aquí un fragmento, caten y lean:

-Oh, por favor- suspiró el joven-. Todo lo que dice este hombre me marea.
-¡Vosotros podéis salvar el mundo!- aulló Ignatius con voz de orador-. Dios Santo, ¿Cómo no se me había ocurrido antes?
-Las conversaciones de este tipo me deprimen más de lo que puedes imaginar- le dijo el joven-. Estás empezando a recordarme a mi padre. Y ¿Puede haber algo más deprimente que eso?- el joven suspiró-. Me parece que voy a tener que escaparme de aquí rápidamente. Es hora de ponerse un disfraz.
-¡No!- Ignatius le agarró por la solapa de la chaqueta.
-Oh, Dios santo- rezongó el joven, llevándose la mano al cuello-. Ahora tendré que estar toda la noche tomando píldoras.
-Debemos iniciar la organización de inmediato.
-No te puedes imaginar lo que me deprimes.
-Tiene que celebrarse una gran asamblea organizativa para iniciar una campaña.
-¿Eso no podría ser algo parecido a una fiesta?
-Sí, en cierto modo. Sin embargo, tendría que expresar vuestro objetivo.
-Entonces podría ser divertido. No puedes imaginarte lo aburridas, lo aburridísimas que han sido últimamente las fiestas.
-Esto no es una fiesta, majadero.
-Oh, estaremos muy serios.
-Bueno. Ahora, escúchame. Debo acudir a adoctrinar a tu gente de modo que sigáis una vía correcta. Yo tengo un conocimiento bastante amplio de la organización política.
-Maravilloso. Y tienes que llevar ese fantástico disfraz. Te aseguro que estarán todos pendientes de ti- el joven soltó un grito, tapándose la boca con la mano-. Ayo, querido mío, puede ser una fiesta increíble.
-No hay tiempo que perder- dijo Ignatius con firmeza-. El apocalipsis está muy próximo.
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Fuente: Tumblr.com

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