Querida universidad

Juan Haro    @HaroJuan

Tarde o temprano tenía llegar. Con más alegrías que penas, me gradué. Graduado en Periodismo, suena raro. Atrás queda el “licenciado en Ciencias de la Información”. Según los ideales, ha de ser un día de felicidad incontenible, lleno de felicitaciones y alabanzas, es el día en el que uno ha de sentirse orgulloso de sí mismo, el día en el que el esfuerzo, las eternas noches de estudio y los sinsabores se ven recompensados. El día en el que recopilas todas las fotos de tu maravillosa graduación, con esa falsa elegancia que a todos nos gusta vestir de pascuas a ramos. El día en el que nunca mejor dicho tienes la licencia lícita para emborracharte con tus compañeros de la facultad y recordar viejos tiempos. Sin embargo, yo no tuve ese día. En mi caso no ha sido así, al menos no del todo.

Fuente: Juan Haro

Fuente: Juan Haro

A pesar de no haber vivido ese halo definitivo de liberación, guardo mi caja de alegrías. Tan sólo es necesario recordar los años vividos en la universidad y esa sensación de bienestar y de saber que has hecho lo correcto recorre el cuerpo desde los pies a la cabeza. Más allá de no haber derrochado esa energía justificada en celebraciones, me siento muy feliz de cerrar una etapa más que intensa y gratificante en todos los ámbitos. Las personas a las que uno llegó a conocer en la facultad el primer día, los mismos que cambiaron al segundo y aquellos a los que te arrejuntaste el tercero y resultaron ser parte de tu vida y amigos para el resto de ella. Quizás este sea el aspecto más valioso para mí, las personas. Porque en la universidad uno conoce gente diferente a la del resto de lugares, incluso uno se conoce a sí mismo.

El paso por la universidad es único e irrepetible. Topicazo al canto. Pero es así, no hay vuelta de hoja. En la facultad no sólo nos enseñaron a ser periodistas y vivir como tal. No consiste sólo en aprender qué es eso a lo que llaman objetividad, qué significa contrastar la fuente, cómo elaborar un reportaje o un documental, en qué consiste un programa de radio, cómo funcionan los medios de comunicación o quién era un tipo llamado Kapuściński. La universidad es mucho más que eso. Es vida, es una estación inigualable en nuestro trayecto.

Se acabaron las eternas becas cuyos frutos veremos si florecen o no en un futuro. Arranca una etapa llena de incertidumbre, rodeada de mensajes pesimistas sobre paro juvenil y la escasez de alternativas. Sin embargo, sería imperdonable venirse abajo y ni si quiera intentarlo. El optimismo y la constancia son ingredientes indispensables en cada mañana. Atrás quedan los años de prolongación de los estudios para evitar enfrentarse al problema real.

Fuente: One Hour Abroad

Fuente: One Hour Abroad

Hasta que el alumno no sale a la calle y se enfrenta a las vicisitudes del mundo laboral, no se imagina cómo es ese mundo en realidad. Un mundo, el de los medios de comunicación, que quizás no nos ha devuelto ese respeto y afecto que le brindamos durante nuestros años de estudiante. Un mundo en el que muchos pensábamos que tendríamos un hueco en el que ser y prosperar como periodistas y que cada vez parece más lejano. Un mundo aquejado por una crisis acuciante de identidad y sobre todo de una inexistencia de sostenibilidad económica que fomenta la precariedad ya no sólo de jóvenes sino de periodistas experimentados. Cómo me dijo un jefe jubilado, “hoy en día no es fácil poder elegir el trabajo que nos gustaría o que pensamos que debemos desarrollar, hay que vivir siendo felices con lo que tengamos”. No obstante, cuando alguien ha sido embrujado por el encanto de esta profesión, lo único que piensa es defenderla a capa y espada y ser un fiel escudero.

Les cuento esto de camino a uno de esos encuentros que mantenemos los indiscretos en los que hablamos sobre nuestra revista. En ellos debatimos sobre el periodismo que queremos hacer, discutimos  largo y tendido, surgen ideas y descorchamos litros de cerveza como si fuese cava francés. Indiscretos es el mejor ejemplo de lo aprendido en estos años como estudiante de periodismo. Ya no vale con esperar la llamada de otros y quejarnos de lo mal que camina el gremio. El periodismo necesita medios como Indiscretos.

Y ustedes se preguntarán, ¿qué tiene esto de actualidad? Pues simple y llanamente, se están cargando nuestra universidad. Que están cerrando las puertas del conocimiento, de la libertad de pensamiento, de la creación de conciencias y sentimiento de lucha, de amistades de entrañables y algo más que eso, del intercambio cultural y del aprendizaje. Que un ministro con nulos valores en la juventud se ha obcecado en dejar su impronta en una reforma que arrample con la universidad pública. Que hará su reforma y se irá por la puerta de atrás para vivir una vida plena con su sueldo vitalicio como ex ministro. Que esto es muy triste, que los jóvenes están dejando los estudios porque no tienen con qué financiárselos,  que no podemos dejar que la universidad deje de ser pública y para todos, que las generaciones que nos siguen tienen el mismo derecho a crecer en las mismas aulas que lo hicimos nosotros de manera digna. Que no podemos permitírselo y tenemos el deber de plantar cara.

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