Del deporte se sale … volando!

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Presentación en el CBA Madrid. Fuente: Twitter.com/LPVoladora

Bailes, risas, palmas, saltos, gritos, caladas, diversión y energía se sumaron a la buena música y las mejores letras que el pasado 10 de julio ofrecieron La Pandilla Voladora en la Riviera madrileña como apertura a su gira veraniega. Este macrogrupo rumbero con nombre de canción cuenta entre sus filas superheroicas de exdeportistas alienígenas con Albert Pla, El Lichis de La Cabra Mecánica, El Canijo de Jerez, Tomasito y Muchachito Bombo Infierno, además del acompañamiento magistral a la guitarra de Diego Cortés y de Tino di Geraldo a la batería.

Su repertorio está compuesto por los grandes superéssitos que esta troupe flamenquita y cazallera tienen por separado, además de la canción “Del deporte también se sale”, su primer enemigo a abatir como superhéroes antes de la corrupción y los políticos… ¿Se habrán dado cuenta de que eso caerá ya por su propio peso? Esta composición especial de la formación para esta gira, que lleva el mismo nombre, suena así:

Ataviados con magníficas galas pandilleras para las actuaciones ideadas por Clara Bilbao, comenzaban esta gira veraniega en Madrid que terminará el 10 de septiembre en Barcelona y en la que repasan durante un largo concierto grandes temas de los grupos en los que estos marcianos han participado. Abriendo boca, El Lichis, Murciélago Nocturno, letrista magistral, como él mismo bromeaba “Yo, el tímido, ¡y me ponen ahí a abrir el concierto!”. Solo armado con su bajo y las chorreras moradas y rojas de su estupenda camisa con mangas de lord victoriano, inició con La Felicidad de la Cabra Mecánica lo que sería un conciertaco: el público se anima con las letras alegres de esta y las siguientes canciones, unidas al entusiasmo de cada componente, quienes han creado este grupo para eso, para divertirse, para “Ponerse como Tony Curtis, ¡hasta las trancas!“, dijeron en la presentación oficial de la gira el pasado abril. Y se nota.

El júbilo y el jolgorio se acrecientan a medida que la música continúa, con clásicos de Los Delinqüentes cantados sobre todo por El Canijo de Jerez, llamado entre sus colegas el Profesor Bocadillo o el Increíble Niño Budú; a veces acompañado o sustituido por otro de los de escenario, o incluso el público. “La Primavera trompetera”, “El aire de la calle”, “Pirata del Estrecho”, “Después” o “Camino del Hoyo” se entremezclaban con el taconeo, palmeo y jaleo de Tomasito, que comenzó el espectáculo con una capa brillante morada sobre su chaqueta pandillera y terminó medio desnudo en leggings enseñando su cuerpo serrano empapado en sudor y sonrisas, cantando rimas de su trabajo “Y de lo mío, ¿qué?“. Albert Pla (o Hijoputaman) no se olvida de sus fans, que coreaban a voz en grito grandes de su repertorio como “Hongos”, “Insolación”, “Joaquín el necio”, y la maravillosa versión conjunta del “Lado más bestia de la vida”, entre otras:

Por su parte, Jairo, el pequeño gran muchacho, o Muchachito, llevó su alegría y empatía para con el público a su máximo apogeo con grandes canciones de su haber discográfico superpoderoso: ”Aire”, “Siempre que quiera”, “Caraguapa”, “Será Mejor”, y regalándole al público uno de los mejores momentos de todo el concierto con “La Viajera“. Porque en la Riviera olía a magia, olía a alegría y a flores, llegó incluso a sobrevolar el Robe de Extremoduro cuando salió al escenario el gran Javier Coronas a cantar “Ama, ama y ensancha el alma” con la Pandilla.

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Pa’ comérselos. Fuente: Tumblr.com

Sin embargo todo esto terminó cuando se hizo inevitable. El Ayuntamiento de Madrid, con la Alcaldesa de la ciudad, Doña Ana Botella a la cabeza, han instaurado un sistema de permisos nocturnos para los locales a raíz tanto del cambio de gobierno como de la catástrofe del Madrid Arena (en la que 3 niñas murieron en una macrofiesta) en el que la flexibilidad y el amor al arte brillan por su ausencia. Desde la música callejera, que cada vez se restringe más, pasando por los horarios de locales tanto de conciertos como bares y discotecas, que cada vez se muestran más puntillosos por el aumento de las multas y sus precios,  los dueños del local cortaran la luz a la Pandilla para que no tocaran los bises que el núcleo duro del público, alrededor de un centenar de personas, pidieron durante alrededor de media hora a grito de “Esa pandilla, una maravilla“, “sí se puede“, o el siempre típico pero válido “otraaaaaaaa“. No nos queríamos ir.

Así es la vida, todo lo bueno tiene su final, pero habrá que contentarse con haber vivido lo bueno para poder distinguirlo de lo malo, ¿no? Desde luego que el indiscretismo de la Riviera fue bastante obsoleto en cuanto salió Tomasito junto con los demás a taconear en uno de los pocos instrumentos que les habían dejado los técnicos: ¡su tablao! Las palmas, aplausos y gritos de alegría y admiración que se escucharon no evitaron que volvieran adentro. Demasiado deporte. Aun así, ¡siguen en la carretera! Sus próximos conciertos, aquí.

Sed felices, disfrutad del verano cuanto podáis, vivid volando y recordad, ¡del deporte también se sale!

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