“¿La vuelta al mundo? No hay huevos…”

Publicado por: Juan Haro

Fotografía: Rubén Señor

“El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día.”

Paulo Coelho

Fotografía: Rubén Señor

Fotografía: Rubén Señor

Fue un 23 de Febrero de 2013. Frente a frente, una botella de vino como testigo invitado y sus vidas viraron hacia un nuevo rumbo. Un “no hay huevos” y un arrebato de orgullo instintivo fueron los culpables. Un brote psicótico producido por el “síndrome del eterno viajero”. El resultado, dos billetes sin retorno, con fecha y destino: uno de julio, Madrid- Beijing. La vuelta al mundo, la ruptura con todo aquello que les retenía para poder tener “algo que recordar”.

Dos protagonistas: Rubén Señor y Lucía Sánchez. Él, tinerfeño de origen, más bien callado, de esos que caminan con premura por la calles, un tipo independiente y seguro de sí mismo, enemigo de los domingos y los gatos, reservado pero abnegado, y además,  fotógrafo, escritor, creativo y realizador. Vamos, un tío con mucho “coco” como diría mi padre.  Ella, Lucía Sánchez, viajera empedernida, vivaracha de nacimiento, la mayor de tres hermanos, desde pequeña se nutrió del espíritu mochilero de sus padres, amante del mundo de la publicidad y directora de cuentas. Lo que se conoce como un culo de mal asiento.

Juntos, emprendieron algo más que un viaje. El pasado uno de julio sus biografías se cobraron un nuevo capítulo. La horrible sensación de sentirte anclado en un sitio, con una vida estable, un buen trabajo, una casa hermosa,  pero con el sentimiento de acostarte cada noche elucubrando sobre el deseo irrefrenable de descubrir  todo lo desconocido. Caminar sobre lo inusitado, olfatear extraños aromas,  degustar insólitos sabores, cruzar miradas extranjeras, mezclarse entre culturas, crecer como personas, ser humanos, vivir como ciudadanos del mundo… Son algunos de los fármacos que guardaron en el botiquín indispensable para dar la vuelta al mundo.

Los mapas tienen algo, algo especial. Tiene ese bálsamo que cuando los abres, tus sentidos se transportan a ese país o región a la que siempre quisiste viajar y es en ese momento en el que te percatas de que somos diminutos pasajeros entre miles de millones. Lucía y Rubén, decidieron que era el momento de atravesar barreras en busca de un destino que todavía desconocen. China, Laos, Tailandia, Birmania, Bangladesh, India, Sri Lanka, Malasia, Indonesia, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica, Cuba, México y EEUU (el costa a costa de San Francisco a Miami)… Un año. ¿Quién da más? Basta de presentaciones… Hablemos.

–         ¿Cuándo y cómo sentisteis que era el momento de dar la vuelta al mundo? ¿Qué os motivó a dejarlo todo para viajar de punta a punta en busca de un destino azaroso o de “quién sabe qué”?

Rubén: Aunque el cuándo, el cómo y el porqué tienen nombres y apellidos (el cortometraje que hicimos y que lleva por título “El síndrome del eterno viajero, una botella de vino, frustraciones varias…) estábamos ante la crónica de un viaje anunciado. Era cuestión de tiempo que lo hiciéramos. Cuando uno desea algo tanto… sólo necesitas “encontrar culpables” para tomar la decisión de irse: problemas en el trabajo, desamor… En nuestro caso, todo nos empujaba a dejar “nuestras conocidas vidas” y empezar “otras nuevas”.

Lucía: La vuelta al mundo era una idea que teníamos cada uno por separado desde hacía ya mucho tiempo. Es el sueño de todos los viajeros. La novela de Julio Verne dejó ese poso en nuestras cabezas… “Dar la vuelta al mundo” suena a aventura, a descubrir que las cosas no tienen por qué hacerse como las hacemos en un lado del mundo, a degustar platos exóticos cocinados con ingredientes que nunca antes habías visto…suena a… suena bien ¿no?

Foto: Rubén Señor

Foto: Rubén Señor

–         Para la gente que no lo conoce, ¿cómo les explicaríais el síndrome del eterno viajero?

Rubén: Aunque pueda sonar muy bucólico, se trata de “una enfermedad” un tanto agridulce ya que es la necesidad de querer estar constantemente en otros lugares porque te sientes atrapado en uno solo. Es una especie de huida constante de una monotonía que nos aterra. Monotonía que a mucha gente tranquiliza y busca, lo cual, en cierto modo… es de envidiar.

Lucía: El síndrome del eterno viajero tiene una sintomatología estudiada psicológicamente. Es la sensación que tenemos algunas personas de querer conocer el mundo, de búsqueda constante de otras formas de vida que cuando se convierten en rutina dejan de llamarnos la atención. El sentimiento de echar de menos tu país de origen cuando estás fuera de él y las ganas de volver a salir  al extranjero cuando vuelves.

–         ¿Qué hace falta para tomar la decisión de dar la vuelta al mundo? ¿Valor, locura, resquemor con el día a día…?

 Rubén: Creo que no es una cuestión de locura o de valor… sino más bien de querer hacerlo. De sentir que es algo “que te debes” a ti mismo. Que es algo que necesitas hacer te vaya bien o mal. Si lo quieres hacer, no debes postergarlo una y otra vez con la excusa de una hipoteca, un trabajo… porque un día te sorprenderás a ti mismo sin ganas, sin fuerzas o lo peor de todo… sin tiempo.

 Lucía: En realidad un poco de todo eso ayuda pero creo que no son la razón principal. En nuestro caso fue más el darnos cuenta de que cada día el tema estaba más en nuestras conversaciones y era cuando más felices nos sentíamos. Imaginando la ruta que haríamos, cómo organizaríamos el dinero, qué haríamos para buscarnos la vida, cómo lo hicieron otros… Definitivamente las experiencias de otros viajeros fueron muy inspiradoras y determinantes para que finalmente nos decidiéramos. Nunca se me olvidará la frase que me dijo una experimentada viajera “No conozco a nadie que se haya arrepentido de hacerlo, ni que no diga que fue la mejor decisión de su vida. Así que tienes todas las garantías de que os saldrá bien”. También tuvo mucho que ver la botella de vino que nos bebimos la noche en que compramos el billete de ida sin vuelta y la frase de “No hay huevos”. Eso siempre ayuda.

Foto: Rubén Señor

Foto: Rubén Señor

–         ¿Qué opinaron vuestras familias, amigos o compañeros de trabajo? ¿Qué fue lo más difícil de todo el proceso pre-viaje?

Rubén: Evidentemente hubo reacciones para todos los gustos. Un 70% de envidia sana, un 15% de pena, un 10% de preocupación y un 5% de negación de la evidencia… ira, aceptación, exaltación de la amistad y cánticos regionales. El proceso pre-viaje fue… largo (a pesar de que todo ocurrió en 4 meses) pero muy muy bonito. Es como una noche de reyes constante en la que sabes que sí o sí,  te van a traer lo que has pedido.

Lucía: Las familias se lo tomaron muy bien y nos apoyaron desde el principio. No se sorprendieron. Lo veían venir. Ellos también tienen el síndrome del eterno viajero y claramente nuestra inquietud por conocer es una consecuencia de lo que ellos nos han enseñado. Entre los amigos hubo quien se emocionó… fue darles una buena noticia.

 Lo más duro del proceso pre-viaje fue el tiempo en sí. En publicidad estamos acostumbrados a trabajar con mucha presión por lo que logísticamente lo resolvimos todo relativamente rápido. Teníamos 4 meses por delante para cerrarlo todo bien y se hicieron un poco largos. Son esos días en los que estás sentado delante de tu ordenador de cuerpo presente y quieres hacer las cosas bien, pero tu cabeza ya está en otra parte. Ves mapas por todos lados, oyes voces en tu cabeza que te hablan en distintos idiomas…

–         ¿Cómo os sentís: locos, soñadores, vividores, amantes de lo extraño…?

Ruben: Para algunos seremos unos irresponsables por dejarlo todo tal y como están las cosas. Para otros unos aventureros. Para mí y por encima de todo: afortunados. Porque en la vida, perseguir un sueño y conseguirlo es motivo más que suficiente para ello. Cada uno es dueño de sus sueños. Sueños que, para otros muchos, son nimiedades o “imposibilidades”. Sea cual sea tu motivación u objetivo, al menos… hay que intentarlo. Piensen lo que piensen los demás.

Lucía: Antes de salir de Madrid te crees que eres Indiana Jones, un amante de lo extraño, un ser bizarro y especial y una vez que te pones en ruta te das cuenta de que sólo eres uno más. El mundo está lleno de personas con formas de vida que no tienen nada que ver con lo que nosotros entendemos que es lo que hay que hacer. En dos meses ya nos hemos cruzado con vidas mucho más locas que la nuestra.

Foto: Rubén Señor

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–         ¿Qué experimentasteis cuando el avión despegó de Madrid rumbo a Beijing hace ya dos meses?

Rubén: Los nervios por lo que íbamos a hacer, por saber si reuniríamos el dinero suficiente, por dejarlo todo (sino atado, más o menos cosido), hicieron que la frase “qué ganas tengo de sentarme en el avión” fuese la que más repitiéramos un mes antes de irnos y el momento que tanto estábamos esperando. Inspira… respira… cierra los ojos… ¡ya! Empezamos una nueva vida. ¡Sí, lo vamos a hacer!

Lucía: Aparte del mal rato que pasé en el despegue (tengo pánico al avión), pensé: ¡Joder! ¡Lo estamos haciendo! ¡Somos unos privilegiados! Tenemos que disfrutar cada segundo y exprimir el viaje al máximo.

–         ¿El hecho ser personas nómadas que no se sienten parte adherida a ningún lugar os genera estrés y ansiedad o por el contrario es placer lo que os aporta el viajar constantemente?

Rubén: En mi caso, es más bien costumbre. Nací en Tenerife, me crié en Barcelona hasta los 8, volví a Tenerife dos años, luego a Las Palmas otros 8… 20 en Madrid… 5 colegios… 16 mudanzas… hasta los 13 fui hijo único… Casi no tengo amigos de la infancia. Probablemente, todo esto “tenga la culpa” de que sea bastante independiente y de que no sienta la necesidad de pertenencia a ningún sitio. Podría vivir y trabajar en casi cualquier parte del mundo y estaría bien peeeeeeeero… puede que al poco tiempo me quisiera ir de nuevo.

Lucía: Hoy en día con Internet podemos mantenernos en contacto prácticamente a diario. De momento estamos en el punto de que todo es nuevo y emocionante pero estamos empezando nuestro tercer mes de viaje. ¿Quién sabe si cuando llevemos 1 año estaremos cansados? Aunque si eso pasa será cuestión de parar por un tiempo hasta que nos vuelva a picar el gusanillo y continuar. Lo que es seguro es que nos volverá a picar.

Foto: Rubén Señor

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–         ¿Cómo os están tratando los países y las gentes allá por dónde y con quién os cruzáis?

Rubén: Seamos sinceros… el desconfiado y precavido de la pareja soy yo y la “parte zen” es Lucía. Seguro que esa combinación hace que no seamos tan confiados como para meternos en líos y a la vez, para no perdernos gente y/o momentos interesantes. Aún así, los dos tenemos “mucha suerte de serie” en general y todo lo que vivimos y nos pasa, siempre es positivo.

Lucía: La gente es buena el 99,99% de las veces. Sabe que eres un extranjero, que estás lejos de tu casa y aunque a veces no consigamos entendernos todos tenemos hambre, sed y sueño. Muchas de las personas con las que nos cruzamos no han tenido la oportunidad de ver un extranjero en persona en su vida. En cuanto demostramos nuestras ganas de interactuar se vuelcan con nosotros. Cuando alguien me pregunta si no nos da miedo la gente siempre les digo que creo que les damos más miedo nosotros a ellos que al revés.

–         ¿Cuál ha sido vuestra mejor y peor anécdota hasta la fecha?

Rubén: No descubro nada nuevo si digo que hay momentos que son algo difíciles y que después, con el paso del tiempo, son los que más recuerdas y se convierten en divertidos. Otros, que en principio parecen más agradables, se diluyen… se borran… se pierden… Todo es relativo. Recuerdo que las 15 horas de un tren en cogimos en China encajados entre 8 personas como un tetris en unos asientos que eran para 6 fue el momento en el que casi me convierto en asesino en serie y, sin embargo… no me gustaría habérmelo perdido por nada del mundo. Tampoco está mal el día que pinchamos cuatro veces con una moto de alquiler perdidos “por esos campos de Buda”. Entre “las positivas”… hacer couchsurfing.

Lucía: La peor el intento de timo en el PING-PONG show de Bangkok. Aunque consiguiéramos salir victoriosos pasamos un mal rato. La mejor… hay tantas: bañarnos en el Mekong a la luz de la luna, jugar al voleyball en el patio de un colegio con los niños, dar clases de inglés, aprender a tirar con el tirachinas…

Foto: Rubén Señor

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–         ¿Cómo es la convivencia entre ambos? ¿Creéis que las personas necesitan un halo de intimidad por pequeño que sea o mejor compartir todo esto con alguien?

 Rubén: Antes de este viaje, Lucía y yo ya trabajamos año y medio juntos. Íbamos al trabajo juntos, comíamos juntos, dormíamos juntos… Ya sé que se dice, se comenta, que “en pareja, cada uno debe comer en su propio plato” pero mira… yo que siempre he sido “tan independiente”, no me imagino esta experiencia sin ella. Vamos… que me fastidia bastante que de repente, se me pierda en un mercadillo (cosa que le gusta hacer constantemente) y me tenga buscándola pensando “ya se me la han llevado”.

Lucía: Esto tiene una respuesta que solo es válida para cada uno. Todas las formas de viajar (solo, en pareja, con amigos, con hijos, con más presupuesto con menos…) son igual de válidas y tienen ventajas y desventajas. Creo que es bueno probarlas al menos una vez para poder decidir cual es la que más te compensa. En mi caso, prefiero compartir la experiencia con alguien con el que sepas que formas un buen equipo y con el que te complementas. Además en un viaje largo, en alguna ocasión he podido sentir que no sabía muy bien quien era. Sabemos quienes somos a través de lo que los demás ven en nosotros. En un viaje conoces gente nueva constantemente y puedes reinventarte cada día. Me gusta saber que Rubén está a mi lado para recordarme quien soy y compartir con él algo tan especial como esto. Siempre se pueden hacer planes diferentes si a uno le apetece hacer una cosa y al otro otra.

Foto: Rubén Señor

Foto: Rubén Señor

–         En vuestro blog hacéis público vuestro estado mental y físico antes del viaje, ¿cómo os encontráis a día de hoy tras dos meses de viaje? ¿Estáis aprendiendo algo imposible de absorber en España?

Rubén Creo que aún es pronto para notar cambios vitales, pero sí que te das cuenta de que hay cosas que creías imprescindibles o importantes y que no lo son tanto. En cuanto a los cambios físicos, sí… ya estoy “más buenorro” (no era muy difícil) que en la foto de “nuestro antes” en la que salimos casi desnudos.

Lucía: Somos más pacientes, disfrutamos más de las pequeñas cosas, hablamos más con los demás, no sabemos en qué día vivimos ni qué hora es muchas ocasiones, nos reímos mucho, seguimos nuestros impulsos… Creo que ese es uno de los mejores efectos secundarios el despertar de muchos de algunos sentidos que antes teníamos dormidos o que no hacíamos caso.

–         ¿Qué ha que llevar en su mochila el eterno viajero?

Rubén: Como no quiero ser grandilocuente ni dar lecciones de vida… siempre, siempre… has de llevar papel higiénico.

Lucía: Ganas de perderse. Creo que ese puede ser el motivo de mi pésima orientación…realmente me encanta la sensación de no saber dónde estoy.

Foto: Rubén Señor

Foto: Rubén Señor

–         Ahí va una pregunta tonta, ¿Cómo se aguantan viajes de 14 o más horas en autobuses en los que es imposible dormir? ¿Cómo?

Rubén: Bueno, de momento tenemos el récord en casi 3 días: 14 horas de bus de largo recorrido, seguido de un bus de una hora urbano, más 10 de espera en estación más otro bus de 25 horas sin pasar por un baño en condiciones (en todos los sentidos). Y lo peor de todo… lo que más me preocupa… es que cada vez me gusta más. Te pasan unas cosas… que no te puedes aburrir. No te da tiempo.

Lucía: Porque sabes que lo que pasa en esas horas jamás lo podrías vivir dentro de un avión.

–         Una más por favor, ¿echáis de menos el vino? Fue una parte influyente en la toma de decisiones…

Rubén: Como somos “latineros” de obra y paladar, no voy a ocultar que antes del viaje, caía alguna cerveza o copa de vino todos los días (mamá, no te lo creas… esto es para darle más enjundia al artículo). Aunque ahora tomamos alguna cerveza (día sí, día no) llevamos dos meses sin probar el vino. Por una parte, porque es caro y por otra, porque es malo. Lo echamos de menos, pero no es algo que nos vuelva locos. Eso sí, tenemos ganas de llegar a Australia o Chile y darnos “un capricho”.

Lucía:mentiría si dijera que no nos acordamos nada de él pero tenemos la cabeza tan llena con lo que vemos cada día que no nos da mucho tiempo a echarlo de menos.

–         ¿Qué que echáis más en falta de vuestras antiguas vidas? ¿Os habéis percatado de que hay algo que anteriormente valorabais y ya no lo hacéis?

Rubén: En esto no hay dudas… lo que más se nota: es la falta de “las personas”. Pero mira, como sería muy difícil encontrar billetes y hostels para cien, están bien donde están.

Lucía:las personas desde luego y somos conscientes de que es el precio que hay que pagar. En cuanto a las valoraciones… no sé qué decirte… creo que no hemos cambiado mucho en ese aspecto. Quizá ahora le demos menos importancia aún a lo material . En una mochila grande cabe todo lo que te pueda hacer falta en un año y hasta sobra espacio.

–         Sois conscientes de que simbolizáis aquello que muchas personas quisieran hacer con sus vidas en algún momento, sois su espejo e icono. ¿Qué les diríais a las personas que cada mañana se levantan para ir a un trabajo del que reniegan, que viven presos de la rutina, a aquellos que necesitan un cambio radical en sus vidas pero que no se atreven a seguir vuestro camino y  romper con el todo?

Rubén: Algo que recordar es la forma de entender esta aventura y nuestro blog intenta que la gente viaje con nosotros. Que sienta que viene en nuestra mochila… a nuestro lado. Por eso no salimos en las fotos. Esto no es el pesado álbum de la boda de alguien. Dicho esto, no creo que seamos espejo para nadie. Es más, no lo pretendemos. Pero sí nos gustaría servir de inspiración y que al menos una persona después de este año, hiciera lo mismo después. Así que les diría… “viaja con nosotros un poco a ver si te animas”.

Lucía: Que se beban una botella de vino, abran Skycanner, opción buscar vuelos baratos a cualquier parte.

Foto: Rubén Señor

Foto: Rubén Señor

–         Es curioso, siempre me viene a la cabeza todo lo relacionado con “la vida” en vuestra historia. ¿Cuánto de vital tiene ésta experiencia?

Rubén: Todo. Creo que es el “proyecto” personal y de pareja más grande, con más sentido y que más voy a recordar y contar con orgullo en el que me he metido nunca.

Lucía:Todo, todo y todo.

–         ¿Creéis en los viajes y en el conocer otras culturas como una forma de humanizar o educar a las personas?

Rubén: Hay países en los que, como parte de tu formación es casi una obligación irse un año fuera. La experiencia es tan fuerte, que hace que todo lo veas/entiendas de otra manera. Con perspectiva y objetividad. Si ya es algo que te cambia de mayor… lo más revelador hasta el momento, es habernos encontrado con varias familias que hacen viajes largos con hijos (entre 5 y 9 años). Esos niños, miran y piensan de una forma diferente. Se comportan de manera diferente. Son diferentes.

Lucía: Ídem

–         ¿Tenéis miedo de que todo esto acabe algún día o siempre seréis eternos viajeros?

Rubén: Aunque pueda parecer que hace falta mucho dinero para hacer algo así, estamos cumpliendo nuestro objetivo de gastar unos 35€ de media al día entre los dos. Este viaje acabará… en algún momento. En algún lugar. Seguramente, cuando no nos quede un euro. Pero seguramente le seguirá otro… y luego otro. Así que ¿Miedo? No, más bien se trata deun problema de falta de presupuesto (se aceptan donaciones).

Lucía: Te refieres a cuando seamos viejos viejísimos? Porque nos hemos encontrado a personas de 80 años viajando y se les veía bastante buena cara.

–         ¿Cómo os imagináis a vosotros y a vuestras vidas al volver?

Rubén: De lo que sí que estoy seguro es de que seguiré siendo calvo. Por lo demás… todo es una incógnita, lo cual, dicho sea de paso… es parte del encanto. Así que, para responder a esta pregunta… deberemos esperarnos al post de “el después de” en el que diremos y veremos “en qué nos hemos quedado”.

Lucía: Por una vez en mi vida no tengo ni la menor idea. Ya se lo preguntaremos al Rubén y a la Lucía del futuro.

–         Feliz camino, viajeros…

Rubén: … y usted que lo lea y sienta.

Lucía: el camino es lo más feliz.

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2 responses to ““¿La vuelta al mundo? No hay huevos…”

  1. Muy buena entrevista chicos!!, que grandes sois. Nos encantó poder conoceros, y donde nos conocimos, en una de las ciudades que más me fascinan del mundo.
    Suerte en vuestra loca aventura! y un fuerte abrazo de los tres desde Krabi.
    Ahhh!!! a mi lo que no me falta en la mochila nunca son las toallitas húmedas, que sirven para un roto que para un descosido, jejeje

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