Spanish políticos

Por Juan Haro

De sobra es conocida la ineptitud de la política española en el uso de los idiomas como herramienta institucional. El último caso de fracaso escolar lo ha protagonizado la afamada alcaldesa de Madrid, su Excelentísima Ana Botella.

A la pregunta de un periodista de la agencia Associated Press en la que aborda la problemática de la tasa de paro en España, Ana Botella responde insulsamente con el porcentaje de infraestructuras que Madrid tiene ya construidas para los hipotéticos juegos olímpicos de 2020. Pero lejos de amilanarse, la alcaldesa facilita dos cifras que se contradicen, utiliza los auriculares para la traducción durante las preguntas en castellano y adopta una postura con rostro interesante a cada pregunta en lengua extranjera… Así es Ana.

Fuente: Smoda

Fuente: Smoda

No obstante, lo preocupante aquí no es la falta de perspicacia que la alcaldesa no ha heredado de su marido. La falta de formación académica y cultural, la escasa experiencia laboral previa o el nulo conocimiento del idioma universal sí son síntomas de difícil curación para la esfera política española. Como también lo es el estado vegetativo que poco a poco se va asentado en las sociedades contemporáneas, quienes asisten impávidas e insolentes ante casos flagrantes de hipocresía barata e injusticias sociales que exigen la respuesta imperiosa de la ciudadanía. Casos de espionaje y control de datos, corrupción, políticas abusivas de austeridad económica, falta total de educación y vocación en las instituciones, guerras…Todo parece seguir un orden “lógico”.

Volviendo al despropósito de los políticos españoles. ¿Cómo es posible que una candidatura internacional liderada por una alcaldesa de una ciudad capital no sepa responder a preguntas en inglés? ¿Cómo es posible que en cada acto internacional  el presidente del gobierno vaya acompañado de su traductor inseparable como si de una rémora se tratase?  Quizás así se explique el ridículo que España brinda a sus homólogos en política exterior. Eso sí, al resto de mortales que aspiran a conseguir puestos de trabajo en condiciones precarias,  les exigen una inversión económica a largo plazo y el dominio de al menos tres idiomas para pasar la primera entrevista.

Fuente: Público

Fuente: Público

Existen casos en los que políticos han conseguido poseer presencia en la esfera internacional  sin conocimiento de idiomas como Nicolás Sarkozy o Felipe González. En el caso español presumimos de ser más europeos que nunca y tener una red internacional de sedes públicas y privadas, sin embargo según las encuestas del Eurobarómetro, España es “uno de los seis Estados miembros en los que la mayoría de la población no habla ningún idioma extranjero y se sitúa así por debajo de la media Europea”.

La prueba de que la gran mayoría de políticos españoles son fruto del enchufismo o pertenecen a la unidad de paracaidistas de sus partidos es la inexistencia de pruebas y requisitos que les obliguen a tener un nivel medio de idiomas y de formación académica. Esos mismos que pretenden ser gurús del discurso político, de las habilidades para la comunicación y de las relaciones públicas y diplomáticas, resultan ser, además de incompetentes idiomáticos, guardianes y creadores del nuevo léxico con obsequios  metafóricos como: “desaceleración económica”, “movilidad exterior”, “despido en diferido”, etc… Menos mal que durante nuestra historia reciente,  no todo han sido tropiezos con el idioma y la alocución en público. Pues eso, ¡viva Tokyo!

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