Sarín y Mostaza

Ghouta, sur de Damasco. 21 de agosto del 2013. 1.400 personas fallecen y 3.000 resultan heridas. Nos encontramos ante el ataque más mortal del citado año y, presuntamente, la peor matanza química de los últimos tiempos. Dificultad para respirar, sudoración, babeo incontrolado, convulsiones, oscurecimiento de la visión y muerte. Estos son los síntomas que padece una persona varios segundos después de haber aspirado el gas sarín.

La ONU no se ha pronunciado todavía respecto a la naturaleza del ataque. Los cuatros días posteriores al presunto ataque químico se bombardeó la zona con una frecuencia cuatro veces superior a la que se había empleado en los 10 días anteriores. (¿Ocultar pruebas?) Tras algunas demoras por la intervención del régimen sirio, finalmente los inspectores de Naciones Unidas examinaron el terrero en busca de tóxicos, y, hasta el día de hoy, los están analizando. Paralelamente otras naciones están investigando por su cuenta, como EEUU, Inglaterra y Francia.

Ahora se plantea la posibilidad de una intervención militar en Siria, ¿lo de las armas químicas ha sido otra mentira más del mundo occidental para extender su poder? Esta pregunta se la dejamos a nuestros compañeros de internacional. A mí me gustaría escribir sobre las tan mencionadas armas químicas.

¿Qué son? Elementos ofensivos que utilizan las propiedades tóxicas de sustancias químicas para matar, herir o incapacitar al enemigo.

Este tipo de armas se vienen usando desde hace milenios. Todos conocemos a las tribus africanas cazadoras que, ya desde finales de la Edad de Piedra, empapaban sus puntas de madera, hueso y piedra con venenos de su entorno natural, tales como el de la serpiente o el del escorpión.

Para nuestra desgracia, las armas químicas no han sido una excepción en el mundo de la tecnología; también se han desarrollado exponencialmente durante los años belicosos. En el Primera Guerra Mundial este tipo de ofensiva supuso una importante innovación militar. Se utilizaron gases lacrimógenos, gas mostaza (que incapacitan a los combatientes) y gases letales, como el fosgeno.

A pesar de esto, aún la ciencia no consiguió controlar completamente estas sustancias, y tan solo se les atribuyen un 3% de las muertes. Se logró, además, desarrollar medidas efectivas para evitar que el gas causase tantos estragos.

Various_gas_masks_WWI

Diferentes máscaras utilizadas durante la Gran Guerra

Un dato curioso es que el primer estado que utilizó de forma masiva y efectiva estas armas fue España, en el 1925. Durante la guerra del Rif profirió ataques continuos de gas mostaza, con proyectiles o con bombardeos.

No adquirieron mucho protagonismo los agentes químicos en los combates de la Segunda Guerra Mundial, (pero sí en el Holocausto). Ambos bandos creían que su utilidad era reducida, y además temían la represalia del contrario. Durante la Guerra Fría el terror por las bombas nucleares eclipsó el miedo por las armas químicas. Las potencias, sin embargo, estuvieron coqueteando con estos agentes en varias operaciones. Por ejemplo, se ha escrito mucho sobre ataques químicos en Vietnam, utilizados por EEUU, y a Afganistán, de la mano de la URSS.

Por suerte la ONU las consideró armas de destrucción masiva proscribiendo su uso después de la Convención sobre Armas Químicas de 1993 . Se consideraron armas químicas cualquier sustancia química tóxica (valga la redundancia) . Esa afirmación crea controversias, ya que algunas de estos agentes pueden tener otros usos. Se dispuso los 70 productos químicos que se conocen como armas químicas, según su objetivo y tratamiento, en tres grupos:

(Este es un pequeño resumen tomado de Wikipedia, aquí está el documento original, en español)

Grupo 1 – No tienen prácticamente ningún uso legítimo (si existe alguno). Solo son utilizadas para investigación o con objetivos médicos, farmacéuticos o defensivos (Ej. prueba de sensores de armas químicas o trajes de protección). Entre estas sustancias se encuentran los agentes nerviosos (gas sarín), la ricina, lewisita y el gas mostaza. Cualquier producción de más de 100 g debe ser notificada a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas y ningún país puede tener almacenada más que una tonelada de estos químicos.

Grupo 2 – Estas sustancias no cuentan con usos industriales a gran escala, pero pueden aplicarse con efectos considerables a pequeña escala. Algunas de ellas son el dimetil metilfosfonato, precursor del gas sarín pero que es también utilizado como materiales no inflamables, y el Tiodiglicol, el que es precursor químico utilizado para la fabricación de gas mostaza pero que también es ampliamente usado como solvente en tintas.

Grupo 3 – Sustancia que tienen usos industriales importantes a gran escala. Entre ellas se encuentran el fosgeno y la cloropicrina. Ambos han sido utilizados como armas químicas pero el fosgeno es un componente importante para la fabricación de plásticos y la cloropicrina es usada como pesticida. Se debe informar de cualquier planta que produzca más de 30 t al año y puede ser inspeccionada por la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.

Es interesante conocer los diferentes efectos que producen los diversos químicos tóxicos. Existen seis tipos de agentes:

-. Los agentes que dañan los pulmones (pulmonares), tales como el fosgeno o el cianuro. Daña e inunda el sistema respiratorio provocando asfixia; los supervivientes sufren a menudo de problemas respiratorios crónicos.

-. Los agentes vesicantes o que causan ampollas, tales como la mostaza. Producen agudo dolor de quemazón, conjuntivitis, grandes ampollas llenas de líquido en la piel que curan lentamente y se pueden infectar.

-. Agentes que atacan el sistema nervioso, tales como GA (tabun), GB (sarín), GD (soman), GF y VX. Provocan: Dificultad para respirar, sudoración, babeo incontrolado, convulsiones, oscurecimiento de la visión y muerte. Los agentes nerviosos son cientos a miles de veces más letales que los que atacan la piel, los agentes pulmonares o los venenos que afectan la sangre.

-.Agentes incapacitantes, tales como BZ. Efectos: Confusión, fabulación no voluntaria, alucinaciones, unidas a la regresión a comportamientos automáticos de origen imaginario tales como arrancarse la ropa.

-.Agentes de antidisturbios o antimotines, como el gas lacrimógeno o el gas pimienta. Provoca un dolor punzante agudo en los ojos y ceguera temporal.

Si queréis más información os recomiendo visitar la página oficial de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.

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