Vladímir Putin, repulsa y magnestimo

Por Juan Haro      @HaroJuan

A finales de los años ochenta, Vladímir Putin, fue destinado a la RDA y se alistó en la KGB en la ciudad alemana de Dresde. Allí ejercería sus labores de militancia en el servicio secreto de espionaje ruso durante varios años. Con la caída del muro de Berlín en el año 1989, regresó a  su ciudad natal, Leningrado,  dónde tomaría partido en la política soviética. Su primer cargo fue como Jefe de Relaciones Exteriores del Ayuntamiento de la actual San Petersburgo. Ya en el año 1998 llegó a la cumbre del Kremlin y fue elegido presidente interino.

Fuente:  Nationalobserver.com

Fuente: Nationalobserver.com

Anteriormente, con Borís Yelstin en la presidencia de la Federación Rusa, la política exterior soviética acercó posturas con los americanos siendo más tarde un mero espejismo como resultado de las contradicciones de Yelstin entre este u oeste, Europa o Asia. Por aquel entonces, la Perestroika, el acercamiento de Gorbachov a occidente y a las políticas europeístas, las desavenencias entre los países de la OTAN y los herederos del Pacto de Varsovia, marcaron hasta hoy, la melodía que susurra la política exterior rusa.

Desde que Vladímir Putin se hizo con el mando del gobierno ruso, las relaciones con el exterior dejaron de lado galanteos y ambigüedades. Su formación política y militar y su especial habilidad para despachar émulos diplomáticos le han salvado de críticas internas, proporcionado acuerdos bilaterales y una imagen hercúlea en las relaciones internacionales. En la última reunión del G20 tuvo que ejercer como anfitrión en Moscú y a pesar de atravesar una situación un tanto peliaguda se mostró relajado, distendido, campechano y hasta hizo bromas con sus homólogos europeos.

La pericia de Putin en política internacional reside en no aparentar ni sacar a relucir su influencia consolidada en el hemisferio oriental y las repúblicas ex soviéticas, en un arsenal altamente sofisticado lejos del antiguo material militar soviético y la defensa de la paz, su paz, como resolución en los últimos conflictos beligerantes. A diferencia de la testosterona made in usa a la que estamos acostumbrados con movimiento de tropas y advertencias a gran escala mundial en defensa de “los derechos humanos”, Putin sabe el momento exacto y el modo de actuar para mover ficha en favor de sus intereses. A pesar ello, no puede ocultar su pasión por el contingente de su ministerio de defensa, el cual apunta en dirección al mantenimiento de una alerta para quienes les consideran hojalata del pasado.

En relación al conflicto latente en Siria, Rusia fue y es aliado de la familia Al Assad quién aprobó la construcción de una base militar dentro de las fronteras sirias y con quien mantiene acuerdos de compra y venta de armas y combustible. Durante el desarrollo del conflicto, Putin advirtió a los países aliados de no intervenir en Siria con sospechas sin fundamentos y sin una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que ya se hace esperar. Desde el Kremlin, han dejado entrever que el uso de armas químicas podría ser de autoría rebelde en busca de una intervención internacional que allanase el camino del Ejército Libre de Siria hasta la toma de Damasco.

Fuente:  kingsacademy.conm

Fuente: kingsacademy.conm

El Gobierno ruso insiste en desbaratar la política americana de intervenir en los asuntos propios de otros Estados con la defensa de la democracia y de la población civil como bandera, pero con el reflejo del fraude de la misión de paz en Iraq reflejada en el horizonte sirio. He aquí una doble moral de aquellos que defienden la intervención inmediata ante la masacre de civiles sirios y aquellos que denuncian la toma de competencias extranjeras en conflictos interestatales. Mientras, la población siria sigue huyendo a las fronteras turcas, italianas y egipcias y empiezan a confiar más en la ladina ayuda que los yihadistas les ofrecen, que en la que puedan brindarles los grandes defensores de los valores democráticos y humanos y que además, son cristianos.

Según un artículo publicado con buena acogida en el New York Times, Putin advierte a EE.UU. y a Europa de las posibles consecuencias de una intervención en Siria. Una decisión considerada como una agresión al estar fuera de la legislación internacional y sin contar con el beneplácito del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Las hipótesis que maneja Putin si la intervención se hiciese efectiva, serían una escalada de los bastiones de Al Qaeda en el mundo árabe y los países de África, la intensificación de la lucha entre estados aliados, régimen sirio y rebeldes y el aumento del ya preocupante número de víctimas inocentes y  por último la gestión del desarme iraní se complicaría junto con los intentos por enderezar el eterno conflicto palestino-israelí. Putin lo ha dejado muy claro, no le va a seguir el juego a nadie.

La reciente “democratización de Libia”, ha sido tomada como un ejemplo por Putin para especular con el futuro de Siria tras la guerra. Libia es ahora un estado caótico dividido en agrupaciones político-religiosas, Egipto vivió la plenitud de la floreciente siembra de la primavera árabe y ahora cultiva violencia y represión, lo que en Siria empezó con revueltas populares respondidas con despiadada dureza va camino de acabar en lucha de clanes religiosos tras una cruenta guerra. Quizás no sea descabellado pensar, que una adaptación de un modelo más

Fuente: CNN

Fuente: CNN

justo y representativo que el legado de sultanes y reyes imperecederos, es una tarea onírica en el mundo musulmán. Pero quién tiene potestad para hablar hoy de democracia participativa y ser un ejemplo a seguir. Nadie. Ya ni las palabras que entonó Winston Churchill en las que defendía la democracia como el sistema menos injusto tienen sentido en la sociedad actual. Todo ello invita a creer que nuestro destino está en manos de unos pocos que actúan por impulsos nerviosos, por intereses, por despecho, por rendición nacional o hasta por unos cuantos millones en temas superlativos.

Sin embargo, lo que para muchos es una batalla en materia internacional, para Vladímir Putin sólo es la búsqueda incesante del interés nacional. La política exterior que madura desde hace años no es sino su trebejo más preciado junto al comercio de gas y petróleo y una política económica en auge. Primo hermano de Latinoamérica en Occidente y Oriente, fiel aliado de China y Corea del Norte, congénito nuclear del gobierno de Teherán, son algunos de los vínculos que erigen a Putin, como un verdadero gurú de las relaciones internacionales.

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3 responses to “Vladímir Putin, repulsa y magnestimo

  1. Putin sigue la la tradición militarista de Rusia, su democracia plantea serias dudas a los opositores, no sabemos cuantos años más seguirá en el poder, es posible que se convierta en un nuevo zar y sabe controlar muy bien la política internacional.

  2. Ese es exáctamente el término: “su democracia”. Actualmente menos gente tiene acceso a calefacción y educación que durante la URSS…da que pensar…A propósito de Siria…ha sido nominado por sus compartiotas como merecedor del Premio Nobel de la Paz. Sin palabras. Sólo hace falta ver alguno de los múltiples vídeos de violencia contra homosexuales que tanto tolera allí. Eso es tan justo como el llamar políticos a los que nos representan en nuestro país.

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