La eterna pregunta

Por Juan Haro       @HaroJuan

¿Qué es el arte? Expresión personal de la imaginación, una droga, el uso de habilidades y destrezas en busca de la creación única, un placer espiritual, carisma, supervivencia, justificación de la existencia, alegría, felicidad, la búsqueda de la introspección, crítica, sentimiento, libertad, la calle… Son algunas de las definiciones que podría recitar un profesor el primer día de clase a sus alumnos de arte.

Exposición arte contemporáneo del japonés Riojy Ikeda en Madrid.  Fuente: Juan Haro

Exposición de arte contemporáneo del japonés Riojy Ikeda en Madrid. Fuente: Juan Haro

La percepción del arte y su significado siempre van a resultar algo subjetivo. Durante décadas el arte y la cultura han evolucionado al ritmo y compás de las sociedades. En la sociedad contemporánea el consumo generalizado se ha convertido en un elemento cotidiano, arraigado a los diferentes estratos sociales que la integran y fraccionan. El arte y la cultura, al igual que otras praxis, son objeto de consumo y dispendio por millones de personas.

Sin embargo, ¿es lucrativo para el propio arte su consumo como objeto artístico? O ¿es nociva una simbiosis entre consumo y arte? Hay quienes abrazan una opinión negativa y sostienen que el poder del capital y el consumo impetuoso han hecho de la cultura artística, una disciplina infravalorada, una industria alejada del concepto de crítica social y de ruptura al que se le ha asociado durante siglos. No obstante, el arte vive y se nutre de su consumo, y eso es innegociablemente irrefutable. Los artistas y los espacios de encuentro entre el público y el artista como los museos, los teatros o los escenarios necesitan de la inversión y de la valoración de la audiencia para subsistir.

El consumo de arte no se circunscribe al mero hecho de pagar por ver y deleitarse con una obra. ¿Podríamos entender el consumo de arte como un bien al servicio de una sociedad inquieta en busca del placer y la abstracción? Así es, consumimos arte sin apenas percatarnos de

Fila de personas eseprando a entrar en una exposición en el Matadero- Fuente: Juan Haro

Fila de personas esperando a entrar en una exposición en el Matadero- Fuente: Juan Haro

ello. Pequeños detalles, imágenes, sonidos, hasta un gesto, poseen el elemento de plasticidad que define al arte y que moldea y ahorma nuestros estados vitales y espirituales. En esa capacidad del arte para suscitar sensaciones y sentimientos de regocijo, rechazo o indiferencia es donde se halla la suma esencia del arte. Verosimilitudes que resultan ser ciertas señalan que “una imagen dice más que mil palabras y es que a veces mil palabras también forman imagen, eso es arte”.

El quid de la cuestión parte de la base de comprender que el arte no está concebido para todos los públicos ni estilos. Cada autor desarrolla su creación enfocada a un cierto tipo de espectadores y no todas las audiencias que acceden al arte están predispuestas o formadas para entenderlo. Andy Warhol, precursor del denominado “Pop art”, se sirvió de imágenes extraídas de la cultura de masas como latas de tomate Campbell o retratos de Marilyn Monroe, para desarrollar un género opuesto al estilo elitista de los intelectuales del movimiento artístico. Bansky, el popular artista urbano

Fuente: Banksy

Fuente: Banksy

y activista político, dirigió un documental llamado, Exit through the gift shop (Salida por la puerta de regalos) en el cual un pseudoartista francés encarna la vida de un artista inmerso en el movimiento artístico popular. A través de una potente campaña publicitaria, estrena en una galería de arte toda su colección basada en versátiles creaciones de incongruencias procedentes de la cultura moderna. Dichas obras podrían ser muestras de los talleres de pintura de los internos en un centro psiquiátrico o por el contrario, tal y como se refleja en el documental, muestras de arte moderno y fashion vendidas al mejor postor por cantidades desorbitantes. Así es el arte, cochambre para unos, riqueza para otros. Este es el tipo de ejemplos con los que uno se pregunta, “¿se ha vuelto loco el mundo del arte?”.

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Ritx Masato oculta su identidad. Fuente: Juan Haro

Ritx Masato es el nombre ficticio de un conocedor del mundo del arte afincado en Madrid al que hemos querido entrevistar.  Ritx Masato se presenta así al identificarse con su álter ego en el arte. Más allá de misterios, Ritx dedicó buena parte de su carrera laboral y académica al arte y a trabajar como guía de museos y galerías. Conoce de primera mano la idiosincrasia y las vicisitudes que encarnan lo mejor y lo peor del cosmos artístico. En relación al debate suscitado en este artículo, Masato defiende la postura de que “no todo el arte es para el pueblo… el arte, y sobre todo el contemporáneo, no está dirigido a todo el mundo”. Para ilustrar esta teoría, pone un ejemplo cotidiano: “¿Qué crees que pensaría Picasso o Dalí ante un comentario de un inepto del arte como: ‘eso lo hace mi sobrina, es una mierda, son estafadores’. Picasso o Miró dirían: ‘Mi arte no es para ti, es para gente que tiene la mente abierta, para gente que no busca entender, sino sentir, disfrutar, reaccionar… ¡No todo lo que no entendemos es malo! Yo no entiendo bien el flamenco, ¡y es la hostia!”.

Picasso dijo una vez, “toda mi vida he querido pintar como un niño” y no se refería a hacerlo en pañales sentado en el parqué del salón y mancharlo todo, sino a pintar dotando a sus obras de toda la expresividad posible sin importar la técnica empleada. Rick persiste en que “lo más importante es lo que el autor quiere transmitir, el Guernica, ¡es todo expresión!”.

Ritx se muestra contrario a aceptar la percepción de la existencia de un arte corrupto y elitista auspiciado por los intereses económicos del libre intercambio de obras. El arte “no es elitista, el elitista es el crítico, el espectador y a veces el artista. Y lo mismo te digo de la corrupción… Si consideramos que hay arte corrupto será porque está siendo reflejo de la sociedad en la que vivimos”.

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María Carvajal en la RESAD en Madrid. Fuente: María Carvajal

Por suerte o por desgracia, todo es política, tanto en la cultura como en las instituciones. No es que el arte nacional esté atravesando una crisis de identidad o de valores, es que la cultura, al igual que otras ciencias y materias, se asfixia lentamente fruto del acoso y derribo económico de recortes al que le somete el Estado español. Pero lejos de amilanarse ante las críticas incesantes, nuestro ministro de Hacienda (maestro de la lírica y generoso en titulares), ha declarado públicamente que la culpa de la situación actual en el séptimo arte se debe a “su falta de calidad y no a los recortes y a la subida del IVA”. No, si ahora el problema resulta ser la falta de talento y clarividencia. La falta de contacto con la realidad que atesoran los políticos españoles en su vertiente más progresista es preocupante.

Y hablando de talentos, de cantera, qué piensan de todo esto aquellos que se encuentran todavía en la sombra de la juventud, los que se forman en las facultades y escuelas de arte, teatro, cine, música. En sus manos está un viraje de 360 grados. María Carvajal está a punto de finalizar sus estudios de escenografía en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y ha trabajado en teatros de Madrid como La Cuarta Pared, la sala Triángulo o la Kubik.  María tiene claro que “el consumo de cultura es provechoso, eso está demostrado. Por un lado te sociabiliza, algo que a nosotros nos encanta porque nos hace ocupar nuestro cerebro lejos de la rutina o de nuestros problemas. Por otro lado, la cultura crea inquietudes, nos enseña a amar, a gustar, a odiar, a entristecer… nos hace ser críticos”.

Las obras en las que ha tomado parte son un ejemplo plausible de la amplia variedad de asistentes y espectadores que consumen cultura. “Siempre me sorprendo respecto al público del teatro. Hay de todo, cada vez hay menos gente trajeada, taconeada y repintada… Abundan los estudiantes que se encuentran con otros estudiantes. En menor medida están los críticos, o los que lo parecen, gente de mediana edad que va sola o con un acompañante. De vez en cuando ves a algún famoso de alguna serie o película española. Muchos invitados, amigos y compañeros del gremio”. A pesar de mirar al futuro con desconfianza, María persiste en una filosofía infalible para mantenerse a flote: “todos, o casi todos, me corto un brazo si no es así, vamos con la misma idea, ver la obra, tomar unas cañas a la salida, reírnos y alabar o criticar lo que hemos visto”. Benditas cañas, sagrados compañeros.

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Una de las creaciones de Elisa González. Fuente: http://elienigena.blogspot.com.es/

Bromas aparte, María sostiene que la única receta para hacerse un hueco “es trabajar y conocer a mucha gente, siempre haciendo lo que te gusta con ganas”. Además, cree que es momento para “acabar con los prejuicios sobre el arte y sobre los tipos de público a los que debiera o no gustar. Son aspectos que no creo que haya que restringir a ninguna clase social”.

En Ciudad Universitaria, hay una facultad diferente al resto, es especial, se respira un olor distinto al resto de aulas, es una facultad donde los días son vivos, a veces oníricos, donde los extraños son bienvenidos e inadvertidos, un lugar donde los corrillos, las guitarras, las cervezas y los trabajos de clase se pueden hacer de manera simultánea y exitosa. Es la facultad de Bellas Artes. Allí, Lucas Galván, ilustrador de Indiscretos, su compañera Elisa González, becaria honorífica en pintura y máster en Investigación, y otros amigos y compañeros intercambian opiniones sobre cultura y arte.

Todos coinciden en que el consumo es beneficioso para el subsistir de la cultura, al igual que son partidarios de que la cultura “no ha de ser ni mucho menos un privilegio exclusivo de las clases altas”. Comparten una teoría que podría ser la respuesta a muchas preguntas y es que “la cultura está intrínsecamente ligada a la educación. Es como la Nocilla, ¿dónde empieza lo blanco y dónde acaba lo negro?”. Una maravillosa comparación metafórica, vamos, que cultura y educación son condimento y aderezo en la misma tostada. Creen que “el hecho de asociar la cultura con determinado estatus implica la separación cada vez mayor de las clases sociales”.

"Hasta que cante el gallo", autoría de Lucas Galván. Fuente: Lucas Galván

“Hasta que cante el gallo”, autoría de Lucas Galván. Fuente: Lucas Galván

Estas conversaciones se podrían alargar hasta altas horas de la madrugada, de hecho lo hacen en parques y soportales de la geografía urbana madrileña. La necesidad de dar puerta al sentimiento de depresión artística para los jóvenes convierte el quejío en voluntad y ganas de cambio. “El panorama es desmotivador, pero es momento de luchar contra las adversidades, transformándolas en ventajas para no acabar luchando simplemente por la supervivencia”.

Dicen las memorias, que un Andy Warhol precoz y batallador “pidió consejo para saber qué tipo de arte debía hacer”. La respuesta no fue otra que, “algo que te guste de verdad”. Fue entonces cuando el artista produjo “una imagen con billetes de dólar”.

No es justo y honesto asociar el mundo del arte y la cultura al enriquecimiento personal de aquellos que juegan con su valor humano y con su público como moneda de cambio. El arte y la cultura no se merecen prejuicios asociados a su consumo como mercancía. Porque el arte, al contrario que los anuncios publicitarios y los lobbies artísticos, es vida, es alimento de alma y espíritu. Y eso, no se puede comprar.

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