No todo Madrid apesta

El pasado 5 de octubre El País publicaba el reportaje “La decadencia de Madrid”, que, ayudando a que la caída del 22% del turismo en la cuidad continúe (¿Por qué no?) se ha hecho casi viral, llegando a los 3944 comentarios a día de la Patria Nacional (y olé!). En él, se expone en base a datos y hechos cuanto menos llamativos, avergonzantes y lo peor de todo, reales como la vida misma, lo que se ve de cerca y no se admite ni de lejos: Madrid huele mal.

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El Gato madrileño, tigriscapitalus, conmocionado ante los derroteros hacia donde su ciudad galopa. Fuente: telegraph.co.uk

 No ya literalmente… Que también: Los dineros hieden, sobre todo la deuda “elenfantiástica” que el Ayuntamiento tiene y que asciende a los 7.389 millones de euros, cobre, si la comparamos con la de Barcelona, de menos de 1.200 millones. Y es que si el río suena, agua lleva y los catalanes son como son. El transporte público, por su parte, está roñoso, sin casi aire acondicionado durante el pasado verano y demasiados olores, líquidos, tocamientos indeseados y otras típicas situaciones desagradables que las aglomeraciones en espacios reducidos crean. La frecuencia de los metros ha disminuido a más de la mitad que los tiempos de antes de los recortes, y hasta existen brotes de pánico puntuales gracias a cadenas falsas masivas de esa herramienta salida del infierno que es WhatsApp. Por desgracia lo que finalmente se quedó en un bulo parece demasiado real si se tiene en cuenta el sitio policial al que casi todos los viandantes y vecinos del centro de la ciudad deben hacer frente cada día… Pepe Reina e Iker Casillas dirán que se sienten seguros, pero otros pueden pensar que es el estado reprimiendo más de cerca. Para opiniones, los colores.

De esta forma, y como los habituales bebedores-de-cerveza-en-plaza ya están habituados a ver, la cruzada que las dos individuas al mando del Ayuntamiento y de la Delegación del Gobierno madrileños (Annie Bottle y Cris Cifu, para los amiguis) parecen llevar por bandera es la recaudación de dinero en multas sin fin. Desde la indigencia más extendida, pasando por los cementerios inmobiliarios o cambios de leyes por intereses económicos (como ocurre con el hipotético y aún en el aire proyecto de Eurovegas y la Ley Antitabaco) parecen no ser problemas mucho mayores a resolver que la cada vez más bruta persecución a la vida nocturna y cultural sufrida en esta ciudad desde el Franquismo.

Si hay que recortar, ¿Por qué no recortar en ocio y cultura…? Total pá’lo que sirven! El ejemplo más claro y reciente, que desarrollan en el reportaje antes referido, es el de la desaparición del Festival de Jazz de Madrid. El gobierno municipal ha retirado las ayudas (que se reducían a la cesión del Teatro Fernán Gómez en Colón y la publicidad del evento en espacios de su propiedad) y ésta que iba a ser la 30 edición… Pues ya no será. Jazz? Y eso pá qué? No money, no jazz.

Y pese a que con estos ejemplos vemos que en Madrid, como decía un sabio, no son todo pajaritos, aún quedan en la cuidad cosas por las que merece la pena ser de aquí, retazos de lo que en el Siglo de Oro, en la Movida fue; las raíces, un tanto más deslucidas por el tiempo y las desavenencias, que permanecen. La auténtica belleza, encanto y atracción de una ciudad, que no tiene por qué resumirse en dos emblemas arquitectónicos o “económicamente vendibles” con los que hacer llaveros. El principal valor de la ciudad, que son los madrileños (así de chulos somos), no van a derrumbarse ni el Gobierno va a hacer que se vayan. Las calles, los bares, el jolgorio, las opciones (no tanto oficiales) de ocio, la mezcla, la variedad de comidas, de bebidas, de sitios que visitar, para todos los públicos, colores y gustos, la iniciativa, y sobre todo, la alegría, que es lo último que se pierde antes que la esperanza (esa si que no se va ni pa’trás, por suerte y por desgracia). Elvira Lindo escribía el pasado domingo una preciosa columna en respuesta a aquél reportaje, se nos ha adelantado. Nosotros queremos aportar nuestra personal (y quizás demasiado hedonista) visión de los “métodos de disfrute Madrid”:

Como primer ejemplo de ello,  valgan las pocas luces y mucho ruido que (no) se vieron y (sí) se escuchó el pasado jueves 5 de octubre con Pascal Arbez, alias Vitalic, productor y músico francés a los platos. Turnándose con Borderline, el colectivo de djs residentes en Mondo, la fiesta más trendy (ou yes) de la ciudad celebrada un jueves y hasta arriba de ninis, superfans y estudiantes sin clase los viernes fue memorable y se queda corto. Recientemente reubicada de sala desde la más pequeña y underground Stella a la vecina Cocó (ambas a pocos minutos de Sol) debido a un incidente ocurrido una noche de julio, ahora tiene mayor aforo, más espejos, baños al estilo puerta-de-Cámara de los Secretos de Harry Potter, y tachuelas por doquier. Mondo, epicentro del clubbing madrileño gracias a la exquisita selección de pinchadiscos y productores que cada semana vienen a la apestosa Madrid a traer su música, termina este mes con la francesa, maravillosa y nunca decepcionante Miss Kittin, que ya pasó por la ciudad previamente (y la vimos).

En el caso del pasado jueves, el francés ofreció una sesión en la que articuló ritmos delicados con voces femeninas que ayudaban a la más alta reflexión de la parroquia, en un clímax de lirismo con graves golpeantes y explosivos, hasta el electro más bruto y palpitante, pasando por temas más funki-italodisco y auténtico techno. Una de las producciones más exitosas en su carrera como Vitalic (antes del 2000 trabajaba bajo otro nombre hasta que definió su estilo y con él su pseudónimo), y que causó furor entre la masa bailarina fue, por supuesto, el single “Stamina” extraído de su último álbum “Rave Age”. En él se aleja de su primer LP, “Ok Cowboy” (2005, Citizen Records, su sello) mezclando muchos más estilos y haciendo del eclecticismo un tanto desordenado su marca personal. Pese a no tener una línea clara que podría pecar de monótona y aburrida y haciendo al público vibrar y bailar durante la hora y media que duró su directo, los 12€ con consumición que costó la entrada valieron la pena de lejísimos. Para que los lectores se hagan una idea de qué tipo de ocio ofrece este Madrid apestoso un jueves cualquiera, y por ese precio, aquí una muestra de lo que hace el francés, que al terminar su jornada laboral se toma una copa en la barra y habla con las fans antes de unirse a los residentes en un final de noche apoteósico, en el que las luces del local iluminaron todas las bellas, sudorosas y felices caras de los allí presentes.

Y es que esta moda de la música eléctronica más techno encuentra mayor presencia cada semana que pasa en nuestra fétida ciudad, gracias, por ejemplo, a las sesiones de otra famosa fiesta llamada Reverse Madrid, que esta misma semana¡ traía a 2ManyDj’s y próximamente a Sven Väth. Celebrada en la sala La Riviera, sita a orillas del río Manzanares,  está en la misma zona que uno de los numerosos escenarios de otro evento reciente que ha cosechado gran éxito: el Red Bull Music Academy Weekender. Organizado por la marca de bebidas energéticas, Dj’s de todo el mundo llenaron la ciudad de los sonidos más experimentales, nuevos y de tendencia de todo el mundo, incluyendo la pachanga atea traída desde Siria por Omar Suleyman.  Aquí podéis leer una crítica de esos días que hoy parecen tan lejanos, a principios de mes, cuando el sol todavía brillaba tan fuerte que en la clausura del festival los asistentes al Matadero Madrid durante el que fue “domingo en familia” tenían que ir buscando la sombra.

Es éste el escenario a orillas del Río del que hablábamos, protagonista indiscutible de la oferta de ocio cultural de la ciudad y cada vez con mayor fuerza gracias a lo variado, arriesgado y novedoso de sus propuestas. Desde que se abriera al público en 2009 como parte del plan de regeneración de la zona sur, la antigua carnicería municipal ha cambiado su público, de animal a animal, y con él las actividades que se ofertan.

Este “proyecto cultural global del Ayuntamiento de Madrid, en colaboración y cooperación con entidades públicas y privadas especializadas con identidad propia”, como explicaba Marta García Santo-Tomás, del Departamento de Comunicación, es también conocido por albergar un nido de hipsters postureístas, madres y padres modernos que después de la exposición pasean por el parque, simples curiosos, y gente cuyo cerebro hierve en ideas. Sin embargo, confluyen aquí, como en algunos otros lugares de excepción de esta ciudad de excepción, creando un refugio de creatividad contemporánea cuyas áreas de actividad, según García Santo-Tomás, son “las artes visuales, escénicas, la literatura y la lectura, el pensamiento, la música y arte sonoro, la danza, el cine, la arquitectura, el urbanismo y paisajismo, y cualquier otra forma de expresión contemporánea”. Ahí es ná!

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Inauguración con un par y todavía vacía. Foto propia


Dentro de ésta última categoría, añadiendo bastante de artes visuales, se desarrolló la actividad que Indiscretamente fuimos a cubrir el pasado 10 de octubre: la inauguración de ¡Cos dos colores!, una exposición con muchos huevos en la que más de 200 carteles de países como México o Bélgica, en rojo y azul quisieron participar y en la que el espectador era actor partícipe del reto comunicativo. El intríngulis de estas obras provocativas, reivindicativas, graciosas e irreverentes en general era la superposición de dos imágenes de distinto color que podían visionarse por separado gracias a unas placas de plástico azul y rojo con las que se “tapaba” la imagen del mismo color, dejando al descubierto dos mensajes en uno, que vertebraban la frase que los participantes quisieron plasmar en esta expo abierta. Enorme idea, mejores carteles,  gente buena, y todo ello más mejor aún cuando Matadero dejó que la algarabía se alargara hasta más de la hora del cierre.

Iniciativas y propuestas interesantes como éstas, que aúnan bajo (o ningún) precio, participación activa e inmersión en la propia vida de la ciudad, y que además aportan enriquecimiento para y del ciudadano, siguen existiendo en muchos espacios de la ciudad. La cosa está en buscarlo y, sobre todo, apoyarlo. En hacer que lo interesante y que de verdad aporta siga creciendo y reproduciéndose. Porque el arte alimenta al arte y la motivación propicia la expansión. Este mismo fin de semana se celebra en Lavapiés la feria de la Tapa (Tapapiés), y en el mismo barrio, mañana sábado, desde Cataluña nos llega lo más salao de la Rumbita con conciertos en algunos locales por la Diada Rumbera. Además, desde el lunes al miércoles que viene se celebra en algunas salas de cine de la capital la “Fiesta del cine” por la que se intenta incentivar la afluencia y con la que por sólo por 3€: peliculita. Aparte, además, de todas las actividades que centros sociales vecinales, colectivos públicos como La Casa Encendida, El  Museo Reina Sofía y mil millones de entes más hacen que esta ciudad sucia tenga mucho más por lo que chulear que por lo que esconder la cabeza y avergonzarnos. Porque Madrid no sólo la hacen los políticos.

Molamos. Vamos a lucirnos a la Berbena con mantón de Manila más pichis que ná!

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