Los mineros: De la criminalización al paraíso.

Por Marcos Ferreira Navarro – Historiador.

Son muchos y variados los motivos que llevan a las personas a escribir. En mi caso, escribir es una forma de expulsar la frustración que siento ante aquello que considero injusto. Por lo tanto, este artículo tiene el objetivo de sacarme la “mala leche” de encima. Lógicamente, no calumniaré a ninguna persona o medio de comunicación. Simplemente quiero realizar una breve y pequeña reflexión sobre cómo los mineros han sido criminalizados por una parte de los medios de comunicación españoles que ahora les lanzan loas a raíz de los trágicos sucesos de La Pola de Gordón.

El 28 de octubre sucedió un accidente en el pozo Emilio del Valle en el municipio leonés de La Pola de Gordón. Es el accidente minero más grave en la provincia de León desde 1984, año en el que ocho mineros fallecieron a causa de una explosión de grisú. Muy pocos conocían este accidente hasta hace pocos días, pero en mi caso el accidente forma parte de mi memoria personal y familiar. Ese desgraciado acontecimiento ocurrió en mi pueblo natal, Fabero del Bierzo. Supongo que por eso el accidente de La Pola de Gordón me ha afectado profundamente. Naturalmente, no más que a las familias, amigos, compañeros y vecinos de los fallecidos, pero creo que todo accidente minero, sea en el lugar del mundo que sea, afecta especialmente a todas las personas que conocen, directa o indirectamente, lo trágico de arriesgar la vida para poder vivir dignamente. En los pueblos mineros la tragedia es algo tácito, la gente aprende a vivir con ella, aunque no por ello es menos dolorosa cuando golpea directamente.

Todos los medios de comunicación, ya sean de tirada nacional o regional, se han hecho eco de tan funesta noticia. Todos los diarios y periodistas, desde los mas neoliberales y derechistas hasta los medios de izquierda alternativos, han coincidido en lo trágico de la noticia, en la juventud de los mineros fallecidos (entre 35-45 años tenían) y en los esfuerzos que conlleva arriesgar la vida seis días a las semana durante ocho horas al día para poder tener una vida relativamente digna. No deja de ser curioso e hipócrita que en medios de derecha como La Razón, Intereconomía o Libertad Digital se dediquen columnas y artículos de opinión a lanzar loas a unos mineros que eran criminalizados por esos mismos medios hace aproximadamente un año, cuando éstos estaban en plena lucha para que se cumplieran las ayudas al sector pactadas con el gobierno.

En Intereconomía se podía leer un artículo de opinión donde su escritora argumentaba que los mineros eran unos privilegiados porque podían jubilarse con 44 años y con unas pensiones de 2.100 euros al mes de media. Estoy seguro que dicha periodista, después de redactar y entregar el artículo, presentó su dimisión y se trasladó a una cuenca minera de carbón para comenzar a ser uno más de esos 5.400 privilegiados que trabajaban en la minería en el 2012. Más o menos lo mismo se podía leer en El Confidencial. Incluso en este diario se recogió el tweet de una persona que comentó que comprendía a los mineros porque por esa pensión de jubilación ella mataba. Bueno, ella mataba o la mataba la mina, aunque supongo que nunca reparó en esta última posibilidad cuando también presentó su curriculum para entrar en un sector tan acomodado. En La Razón, se hacía una comparación de las protestas mineras con la Kale Borroca. Los mineros, como el aborto, tienen algo que ver con ETA, como diría algún ministro del actual ejecutivo. Por su parte en Libertad Digital calificaban a los mineros de mafiosos por sus métodos de protesta.

Los titulares anteriores tienen el común denominador de criminalizar a los mineros porque, a diferencia de la mayoría de la sociedad civil española, aquellos no hacen de la protesta una batucada y no levantan las manos al aire coreando “estas son nuestras armas” mientras que los antidisturbios se enseñan a golpes con ellos. No, los mineros, responden a la violencia con violencia. Los mineros no se sientan en un bar y comentan, totalmente resignados, que  parte de sus compañeros los van a echar a la calle. Los mineros no se sientan en una carretera a esperar que los antidisturbios les golpeen para restablecer el tráfico. Que nadie me malinterprete. No estoy haciendo una apología de la violencia, sólo constato lo que a mi juicio es una realidad. Existen muchas formas de violencia y los mineros usan la suya para defenderse de otro tipo de violencia, menos espectacular, menos ruidosa, pero más dañina. Por eso, era necesario criminalizar sus medios de protesta y ya de paso a la lucha obrera en general. Cortar carreteras es tan del siglo XIX, ahora se lleva tocar una batucada y alzar las manos mientras que las porras de los antidisturbios te acarician suavemente tu cuerpo, podría haber sido el lema de todos aquellos que rechazaban las movilizaciones mineras por su violencia. Nadie negaba que los mineros podían manifestarse, pero debían hacerlo dentro de los cauces democráticos. Y tras una jornada festiva de protesta, debían volver a casa y ver como su vida laboral se encuadraba en empleos temporales y precarios tal como sucedió a los mineros del R. Unido a partir de mediados de 1980. Los mineros decidieron presentar batalla real y eso es lo que a las élites económicas y a la derecha política y mediática de este estado no les gustó.

Finalmente los mineros tuvieron que aceptar bajadas de sueldo y ampliación de sus jornadas laborales para poder conservar sus empleos. Sin embargo, el ataque a la clase obrera y al sindicalismo continúa. Más aún, el día 29 de octubre, todavía con la tragedia a flor de piel, en el canal de la Iglesia Católica de España (13TV) el presentador Alfonso Merlos usaba la tragedia como arma arrojadiza contra las irregularidades cometidas por CCOO y UGT en Andalucía. Ante esto yo me pregunto: ¿qué tiene que ver las secciones andaluzas de ambos sindicatos con las secciones de Castilla y León? Y lo más importante: ¿es necesario usar una tragedia para criticar a los sindicatos? Por supuesto, Alfonso Merlos comentó que él tenía el máximo respeto por los mineros, de los cuales los sindicatos se aprovechaban (según el propio Merlos). No es descartable que Alfonso Merlos abandone también su puesto de presentador para fundar un sindicato y defender a los mineros contra CCOO y UGT. Hasta entonces, los mineros tendrán que seguir jugándose su vida para poder tener una vida digna.

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