Feminista, no Feminazi

Por Julia Ojeda – Jurista, politóloga y feminista

Fuente: Julia Ojeda

Fuente: Julia Ojeda

El domingo pasado una amiga me envió esta foto y me contaba que se había montado en un vagón del Metro de Madrid empapelado de cartelitos como este.

Personalmente cada vez que escucho la palabra feminazi, me invade un sentimiento extraño, parecido al cabreo mezclado con estupefacción porque no entiendo muy bien qué es eso de feminazi.

No pretendo convencer ni dar una clase de teoría feminista a quienes apoyan estas campañas, para esos solo tengo indiferencia. Pero sí desvelar lo que se esconde tras ellas, para aquellas personas que emplean el término de manera coloquial sin saber el mensaje que esconde el dichoso palabro y el pensamiento al que están dando altavocía.

Buceando en Internet me encuentro que la mayoría identifican a los/las feminazis con feministas radicales o extremistas. ¿Y qué es ser feminista radical? Es más, ¿alguno o alguna de los que emplean este término saben qué es el feminismo?

Efectivamente dentro de la teoría feminista hay una corriente que se denomina “feminismo radical”. Surgió en los años 60 en EEUU y sus posturas se resumen en la frase de Kate Millet “lo personal es político”, es decir, que la situación de subordinación, dominación y violencia a la que se ven sometidas en mayor o menor medida las mujeres, no es un hecho aislado dentro del amplio mundo de las relaciones personales entre hombres y mujeres, sino que es una cuestión estructural. La violencia ejercida a título individual es la manifestación de un pensamiento fuertemente arraigado en la sociedad y es el de que la mujer no es un sujeto, sino un objeto que se posee. Esto que parece tan “radical” es lo que hoy nos permite considerar que la violación es un delito contra la integridad física de la mujer y no contra el honor de su marido; o que puede ser cometido dentro del matrimonio; o que la paliza de un marido a su esposa no es una cuestión privada que debe resolverse en el ámbito de la pareja, sino una lacra contra la que toda la sociedad debe luchar.

En las páginas web que apoyan a estos grupos se pueden ver montajes audiovisuales en los que una mujer se congratula de haber “ganado otra denuncia falsa” o se muestran imágenes de políticos (hombres o mujeres, de izquierdas o de derechas) y de famosas campañas contra la violencia de género, con la pegatina de “stop feminazis” estampada. Al mismo tiempo se tilda a los Juzgados de Violencia de Género como “juzgados de varones”, mientras que “no existen juzgados para negros, para gitanos ni para maricones”.

Pero el verdadero escándalo de este fenómeno es el empleo subversivo del adjetivo “nazi”. ¿Veríamos lógico que se tildara de nazis a quienes luchan contra la violencia

racista u homófoba? Calificar de nazi a alguien es acusarle de criminal, de asesino y es perverso aplicarlo a un pensamiento que reivindica Derechos Humanos. Por tanto, no podemos pensar que el término “nazi” está empleado de manera inocente, sino que lo que estas plataformas pretenden es, a través de tan abominable adjetivo, crear en quien lo lee un aborrecimiento acrítico hacia todo aquello que huela a feminismo, al tiempo que neutralizan la posibilidad de que se les identifique a ellos con dicho pensamiento totalitario. Por este motivo no podemos permanecer callados ante estos fenómenos, ni minusvalorarlos considerándolos minoritarios. Debemos desvelar los significados de sus mensajes y desarmar sus estrategias basadas en el engaño y en la manipulación.

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3 responses to “Feminista, no Feminazi

  1. Muy buen artículo. Efectivamente, si partimos del hecho de que el feminismo es la “lucha por la igualdad” el que llegara al intento de inmiscuirse en política como método de lucha era normal. Ahora bien. “Radical” es un término mal entendido hoy en día. Como crítica. Radical quiere decir “de raíz” por lo cual de intentaría desarraigar la desigualdad existente en la sociedad vía política, como bien ha explicado Julia. Teóricamente la más directa y apta.Ejem. Dejando a un lado esto último…¿De qué tienen miedo los “pegacarteles antifeministas? ¿y lo de “nazis”? Igual hacen referencia por el hecho de intentar utilizar la vía política, si no, no lo veo más que como un mal uso del lenguaje como tantos se hacen hoy. en día. Ante el desconcierto de tanto esfuerzo realizado en el grafismo y la pega de los carteles, sólo queda preguntarse: ¿acaso alguien le ha prendido fuego a su “sostén” delante de dichos militantes?Si es así, atención: ¡en el metro está prohibido fumar!

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