Un voyeur inocente

Me he encontrado a Duchamp en una esquina, estaba solo y, entre temblor y temblor, me ha mirado y me ha dicho: te lo juro, soy inocente.

Entonces yo le he dicho que se había pasado, que qué era eso del water al revés…”Hombre Duchamp, entiende que la gente a veces no te pilla…”

Secándose los mocos y los lagrimones que se estaban precipitando por sus mejillas, se ha incorporado y ha intentado una sonrisa…

Fontaine

Fontaine

La vitalidad frente a todo concepto es la actitud tomada por Duchamp para desarrollarse en el mundo.

¿Y quién demonios es Duchamp y a mí qué plumas me importa?”      -porque os tiene que importar para seguir leyendo y conociendo-.

Pues veréis, Duchamp se planta a finales del siglo XIX siendo un hombre que asimilará el arte con un acto creativo tan unido a su ser como el propio respirar de sus pulmones. El arte transgrede la interpretación aceptada hasta el momento para ser interpretado por la mente y no por la retina. Es entonces cuando el acto pasa a suceder en la imaginación del hombre creador, como un impulso perteneciente al mundo de los sentimientos. Tal idea y no otra es la que se transmitirá al observador, a los que miran, a través de un objeto mediador. Con el humor y la jovialidad Marcel Duchamp logra introducir perspicazmente una ironía que afirma todo cuanto significa hacer una obra de arte, hacer vida intensamente plasmada.

Étant Donnés

Étant Donnés

El nacimiento del mundo tecnológico impresiona a Duchamp de manera tal, que comprende la semejanza entre el esfuerzo creativo de un publicista o un profesional de los medios de comunicación y el esfuerzo de un artista. Esta asimilación no supone que el arte deje de tener importancia sino un mero desplazamiento del arte, una forma de afrontar un grado de competencia tan elevado como nunca antes se había conocido para entender en profundidad lo que la tecnología supone para el arte.

En el siglo XV se mantiene que toda propuesta artística es un hacer-crear a partir de materiales sensibles. Duchamp, con el planteamiento del ready-made, da un giro a esa premisa y lo reduce a una selección sin implicación alguna de acción. El objeto se convierte así en una obra estética por el mero hecho del proceso de selección del artista. La operación estética a la cual se someten deviene de una descontextualización de su uso normal o cotidiano para poner en primer plano su forma estética. Así una selección de un objeto producido en serie constituye finalmente un objeto estético pero no una obra de arte, pues eso implicaría un hacer por parte del artista. Y eso es lo que él hacía, seleccionar.

Marcel Duchamp, cuando el mundo cambió por la expansión tecnológica, previó un mundo de sobreabundancia en cuanto a imágenes, objetos y formas, y también advirtió cómo no dejarse arrastrar vagamente por sus mundos, cómo discernir con la mirada la manera de mirar y aquello que se mira. Para llevar a cabo tal comedido comenzó por una crítica a la propia estética, frente a frente con lo considerado válido hasta el momento.

Étant Donnés

Étant Donnés (aquello que se ve tras el agujero de la puerta de la imagen superior)

Duchamp es consciente de que el arte compite con la industria, la arquitectura, los medios de comunicación y ,por lo tanto, el artista no puede considerarse superior. Plantea así una visión del artista y su trabajo desde un punto de vista laico en el cual los creadores artísticos no son distintos del resto de los seres humanos. La concepción laica del arte supone entender el arte de otra forma.

Su obra prima ‘La novia desnudada por sus solteros, mismamente’ es una intensa representación del mundo moderno, un mundo maquinístico en el que Eros sigue estando presente. Una imagen con volumen –el vidrio es doble- que a la par incluye a la pintura pero la desliza hacia la escultura y cuyo sentido y significación requiere de la lectura de las notas –con lo cual no basta observar la obra-, se convertirá, junto a las ‘Señoritas de Avignon’, de Picasso, en la obra más referencial del siglo XX.

Duchamp quiso ser desde los inicios un gran pintor y lo que observó es que la pintura no podía seguir siendo como había sido hasta entonces. El autor se sitúa desde un primer momento en el marco del aprendizaje e innovación. Tenía la sensibilidad de no repetir, de buscar, de encontrar ideas diferentes.Ver y creer que lo vemos todo es demasiado sencillo para Duchamp, de ahí los juegos del lenguaje que introducirá en sus obras y las leyendas que a éstas acompañan.

Tanto el público al que se dirige como la posición en sus obras son dinámicos y, por tanto, antiacadémicos. El mundo observador es entendido en el transcurso del tiempo, una obra abierta que conlleva una pluralización del arte y, por lo cual, una pluralización de los públicos. Duchamp asienta al tiempo como el filtro del verdadero arte.

¡A volar que es miércoles!

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