La radiografía de un sistema caduco

Por Alberto Acebes Maroto. Sociólogo.

Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre las valoraciones que hacemos los españoles de nuestros políticos son abrumadoras e inquietantes. Es una muestra de la opinión generalizada y repetitiva que no sorprende a nadie. En esta encuesta  hay aspectos interesantes, silenciados en los medios de masas, que van más allá de la nota otorgada a los líderes de los partidos. Son un reflejo de la forma en la que ejercemos nuestros derechos políticos. Aunque lo  más correcto es afirmar que los españoles “consumimos” política, como si de cualquier otro  servicio se tratara. Los partidos políticos ,surgidos tras la Transición, se han ido alejando paulatinamente de la sociedad civil a la que se supone que representan en favor de sus intereses partidistas. Únicamente son evaluados cada cuatro años, un periodo de tiempo que se antoja muy poco democrático que realza el concepto de partitocracia.

La televisión: profeta y eje estructural del actual sistema

La televisión: arma de control y protección de los intereses del poder fáctico.
Fuente: Manel Fontdevila

Este tipo de consumo político poco participativo ha sido posible, entre otras cosas, por la presencia central de la televisión como envase de consumo. Los partidos han sabido adaptarse perfectamente a este medio y le han sacado el máximo poder de persuasión. Para ello, entre sus filas se encuentran grandes expertos y analistas de la comunicación. Estos profesionales de la información han sabido presentar  una realidad deformada a través de la pantalla, para así poder movilizar electores de acuerdo a esta nueva opinión mayoritaria en periodos muy cortos de aparición en pantalla. Máxima eficiencia. Además, la televisión se presenta como el profeta de la sociedad de consumo surgida en los 60. Sin duda alguna, es la culpable de la intromisión del pensamiento económico en prácticamente todos los aspectos de la vida a través de la publicidad, factor explicativo elemental del cambio en los valores de la sociedad. Según los datos del CIS, este medio es el  favorito de los españoles para consumir política. Sin embargo, los datos presentan diferentes estructuras por edades. Las tendencias que muestra la encuesta realizada durante la celebración del pasado Debate del estado de la Nación se pueden resumir de manera sencilla:

-Los jóvenes valoran mejor el Debate sobre el estado de la Nación a pesar de tener menores tasas de seguimiento. Además, en dicho estudio no hay una referencia que muestre un desinterés político mayor que entre otros grupos de edad, ya que ocurre todo lo contrario. Por lo tanto, es falso afirmar que la juventud española está desinteresada en la política. Sería más correcto hablar de desafección con el sistema político actual.

-La televisión aparece, en todos los grupos de edad, como la principal plataforma de consumo diario de información política. Por el contrario, entre los grupos de población más jóvenes aumenta con fuerza Internet como fuente prioritaria de información.Por otro lado, la información política de la prensa se encuentra entre las tasas de mayor interés entre la juventud como medio ocasional.

Con estos datos se puede realizar una caracterización ideal del individuo medio consumidor de política: hombre mayor de 45 años que consume política a través de la televisión y que acude a votar. Entonces, no hay que extrañarse de la deriva que han adquirido los principales partidos políticos nacionales, convirtiéndose en auténticas agencias atrapavotos que con la ayuda inestimable de los medios, principalmente audiovisuales, tratan de inyectar mediocridad política a amplias capas de población, justamente las que más se movilizan de cara a las urnas. Suelen ser  las generaciones más mayores y como consecuencia, las más conservadoras y reaccionarias.

 Marca España: bipartidismo, conformismo e inmovilismo

No hay que sorprenderse por el bipartidismo existente, ya que los partidos tradicionales conservadores, PP y PSOE, son los únicos que compiten de manera efectiva por el poder en el ámbito nacional. Una vez analizadas todas estas variantes sociales de España, ya tenemos todos los ingredientes necesarios para que se produzca el peligroso cóctel de los resultados electorales. Pero aún falta un componente importante que resaltar, pero para el que no hay respuesta: ¿por qué el voto se vuelve más conservador con la edad? Para comprender este fenómeno no es suficiente el análisis que relaciona la edad con el riesgo y el deseo de estabilidad. Esa idea que expone que cuanta más edad tenga un individuo, más ansias tiene de buscar la estabilidad y evitar el riesgo.

No se admiten orgías políticas. Rubalcaba y Rajoy dando rienda suelta a su amor bipartidista. Fuente: Malagón

Hay una teoría  reciente que alude a la existencia del llamado “franquismo sociológico” y que  es un reflejo del comportamiento político-social de España. Según esta conjetura, el hecho de no habernos recuperado aún del trauma que supusieron 40 años del “en la mesa de política no se habla” ha conllevado: conformismo, baja participación, sumisión ante la autoridad y ausencia de crítica contra el orden establecido. La ausencia de debate político en los hogares es parte de nuestra historia  y sociedad más reciente. Por lo tanto, no es cierto que en España no interese la política. A raíz de la crisis económica se ha visto que el deseo de participación existe, simplemente hay una brecha generacional en el modo y los deseos en que los españoles consumimos política. Por un lado,  las capas más envejecidas de la población se conforman con un sistema político de participación reducida, basado en la integración de un bipartidismo canovista y en mantener artificialmente la línea ideológica que separa a PP y PSOE. Además, este ratio de la sociedad se  contenta con ratificar o castigar cada cuatro años las decisiones coyunturales en las urnas, como muestran los datos de transvase de votos entre bloques ideológicos. En el otro extremo nos encontramos las nuevas generaciones que se incorporan a la vida pública. A pesar de su preferencias televisivas, el crecimiento de Internet es notable como plataforma de consumo político. Asimismo, podemos preveer que esta tendencia va a continuar,ya que el primer contacto con medios interactivos se produce cada vez a edades más tempranas. También, aumentan las voces discordantes en la calle que no se conforman con votar a uno u a otro partido, las cuales no parecen querer adaptarse al conformismo político.Este electorado que no vota a los partidos mayoritarios siguen siendo, por el momento, una mera anécdota, ya que el PP y PSOE sigue teniendo unos votantes y unas bases sociales muy bien adiestradas. Todos estos aspectos son la consecuencia de un sistema “democrático” que provoca el actual bipartidismo, donde la financiación pública depende del número de votos y la actual Ley Electoral  beneficia a las grandes formaciones. Además, si a esto sumamos  una sociedad adormilada, envejecida y conformista, tenemos la  respuesta a la existencia y perpetuación de este sistema.

La  regeneración del pensamiento político y social 

Este problema  político del sistema acabará resolviéndose con el paso del tiempo y el relevo generacional. Más que resolverse, acabará por  transformarse. Se producirá un cambio en las ejecutivas de los partidos políticos, donde aparecerán líderes que sepan encauzar las necesidades reales de las nuevas generaciones. Cambiará el sistema, introduciéndose verdaderas medidas de transparencia, participación, reparto de poder  y se instalará otro en su lugar. La respuesta a todos estos interrogantes está en nuestra mano, la de los jóvenes y en la forma de canalizar la invisibilidad a la que este sistema nos condena.

Manifestación del 15-M para la creación de una democracial real y participativa.
Fuente: Madrid.tomalaplaza.net

Por el momento, algunas cosas están cambiando : los jóvenes nos informamos mejor del ámbito político, también estamos mejor formados académicamente y reclamamos nuevas vías de participación como pueden ser Internet o los movimientos sociales nacidos a raíz del 15-M. Formamos parte de una de las generaciones mejores preparadas de la historia. No nos influye el pensamiento extendido del miedo a lo nuevo, no conocemos el temor a escribir nuestro futuro y somos el reflejo que de una sociedad enfadada. Si este descontento se va a traducir en cambio o ruptura, dependerá de la transformación del poder. Hay varias opciones: mediante un movimiento dinamitador interno del sistema que cambie las reglas del juego tras la concurrencia a elecciones, o por el contrario,  a través de las pequeñas victorias conseguidas con la lucha del día a día. Para lo primero conocemos el camino, el poder es accesible en nuestro sistema político actual, pero llegar hasta él supone un esfuerzo que en principio se nos antoja imposible. Lo segundo es un camino incierto que en opinión puede acarrear situaciones que la gran mayoría de la población, amante de la estabilidad política, no va a apoyar, al menos mientras no empeoren sustancialmente nuestras condiciones materiales.

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