Cuatro puntos cardinales de Dignidad

Ayer comenzamos el día con la noticia de que alrededor de 2.000 agentes habían sido convocados para recibir a las marchas de la Dignidad. Y lo terminamos con los vídeos, las fotos y las noticias de las cargas policiales provocadas, en teoría, por un centenar de manifestantes muy violentos que lanzaban latas de cerveza y piedras a la policía. 2.200 antidisturbios -casco, porra, chaleco antibalas, escudos, pelotas de goma- contra un centenar de manifestantes -capucha, piedras, botellas de cristal-. Así transcurrió la jornada para el gobierno y sus medios (independientes) oficiales.

Para los cientos de miles de personas -se ha hablado de hasta dos millones- que llenamos ayer las calles el balance del día es diferente. Por la mañana escuchaba estas palabras: “No me he podido esperar a las cinco de la tarde, han pasado por debajo de mi casa y he tenido que unirme yo sola a la marcha” y recibía estas primeras fotografías: las puertas abiertas de una ciudad que se preparaba para un día grande.

A las cuatro de la tarde la gente paseaba por el medio de la Gran Vía haciendo sentir absurdos a los pocos coches que seguían creyéndose reyes del asfalto. Se reunían pequeños grupos de personas que habían quedado en paradas de metro cercanas al lugar de inicio de la manifestación. Y en Atocha iban desembocando, en un desfile sin pausa de personas, los componentes de todas las columnas.

Llegada a Atocha desde Embajadores

Así estaba Atocha a las cinco de la tarde:

El Paseo del Prado se transformó en una especie de “Pueblo Español”, sin la horterada del turismo, con la autenticidad que otorgan las semanas de caminata. Madrid se convertía en capital, en ágora, con esa acogida que sigue existiendo en sus calles para quienes somos de fuera y nunca nos hemos sentido así; aunque se haya olvidado en sus políticas. Madrid sonaba a todos los rincones de España.

 

 

Desde todos los puntos de un mapa sin fronteras y de todas las generaciones…

Los más pequeños

Los más pequeños

Ayer marchamos sabiendo que lo que hacíamos era denunciar, pero sin perder la alegría contagiosa de sentirse, una vez más, un pueblo unido.

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Texto y vídeo: Ana Pérez Martín. Seguir a @ArteProfano

Fotografía: Ana Pérez Martín, Ainamar Clarina, A. del Valle

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