Rushdie, Joseph y Salman

Por Alberto Acebes Maroto- sociólogo.

Sir Salman Rushdie (Bombay, 19 de junio de 1947), es un escritor indio con nacionalidad británica, cuyas dos novelas más laureadas son Hijos de la medianoche y Versos satánicos. Esta última obra marcaría la vida del novelista, puesto que el fundamentalismo musulmán dictaría una sentencia de muerte contra él por blasfemar el Islam. El escritor  estuvo durante más de una década perseguido, así que tuvo que cambiar de vida e incluso de identidad. La figura y la vivencia de este novelista indio se proyectan en tres nombres: Rushdie, Joseph y Salman. O lo que es lo mismo, el novelista libre, el escritor preso que tuvo que renunciar a todo y la persona liberada tras permanecer 10 años escondido. Tres personajes que componen la agitada vida de Sir Salman Rushdie.

El 13 de febrero de 1989 Salman Rushdie aún podía presumir de llamarse así. Todo cambiaría al día siguiente.El 14 de febrero ,de hace un cuarto de siglo, comenzó para él un periodo de metamorfosis obligada.En ese día, el ayatolá Ruhollah Jomeini, líder religioso iraní, dictaba una fetua contra Rushdie; una orden de ejecución contra el autor por considerar Los versos satánicos, su última novela, una blasfemia contra el Islam. A partir de esa fecha, el terremoto en la vida de Salman Rushdie provoca que el suelo bajo sus pies desaparezca y comience a girar en caída libre, con pocas cosas alrededor a las que asirse. Durante el proceso de escritura de su polémica obra, el novelista indio escribió una nota para sí mismo: “Escribir un libro es establecer un contrato fáustico a la inversa. Para conseguir la inmortalidad, o al menos la posteridad, pierdes, o al menos arruinas, tu vida cotidiana real”. A partir de ese 14 de febrero nada volvería a ser igual en la vida de Salman. Se vio inmerso en un periplo insoportable entre pisos francos que temporalmente serían su hogar. Una deriva de más de diez años en los que las unidades especiales de la policía británica, que le escoltarían las 24 horas durante la década que pasó escondido, se convirtieron en su familia. Un viaje clandestino durante el cual tuvo que cambiar de identidad, pasando a llamarse Joseph Anton.

Salman Rushdie con su polémico Versos satánicos. Fuente: Graham Turner

Rushdie, el autor, había sido condenado a muerte desde Irán, pero tuvo que esconderse en Reino Unido de la persecución fundamentalista. La furia islámica no pudo evadirla Hitoshi Higarashi, traductor de la obra de Rushdie para Japón, al ser asesinado en Tokio en 1991 ni William Nygaard, el editor noruego tiroteado en Oslo en 1993. Tampoco pudieron escapar las 37 personas quemadas en un hotel turco a raíz  de unas protestas contra el traductor turco de las obras de Rushdie. Durante los diez años de calvario de Salman, la persona, convertida temporalmente en Joseph, el fantasma desnaturalizado y recluso en sucesivos hogares, de los cuales ninguno era el suyo, tuvo que observar como la política y el derecho internacional no podían ,y en algunos casos no querían, hacer nada por revertir la situación. La ira fruto del fundamentalismo no entiende de derechos, fronteras o argumentos. Lejos de aminorarse, la presión sobre Salman continúo con una campaña de desprestigio a nivel global a la que se unieron multitud de personajes públicos que desde sus cómodas posiciones acríticas difundían que Salman, la persona, era algo menos que un demonio, una especie de Saladin Chamcha real que había escrito su novela con el objetivo de blasfemar contra el Islam. Durante este tiempo, Salman tuvo que cambiar forzosamente de identidad, pero también contempló cómo la ficción de su novela se volvía contra él. El personaje religioso de su novela se materializaba en la realidad para convertir a su autor en uno de los personajes de la misma. Pero aquello no era ficción. Los versos satánicos si lo fueron; una ficción que como todas, queda sujeta a interpretaciones. Salman cometió el error de dotar de demasiada realidad a su ficción. Sin embargo,no puede ser considerado error; el mundo de la imaginación ha de ser un mundo libre; ninguna expresión personal, ninguna historia, ninguna criatura nacida de la imaginación puede ser motivo de diez años de miedo, denigración y, en definitiva, tortura.

Durante el periodo que duró la fatua, el mundo de la literatura dio un ejemplo de dignidad, solidaridad y valentía. Muchos fueron los escritores que de una u otra forma mostraron su apoyo a Salman, que negaron las mentiras vertidas contra Rushdie, o que apoyaron a Joseph en su nueva vida a escondidas. Uno de los escritores que más fervientemente mostraron su apoyo a Salman fue Paul Auster que en 1993 publicó Una plegaria por Salman Rushdie, un texto añadido al final de su libro Experimentos con la verdad. En dicha plegaria , Auster hace referencia a la fraternidad entre los escritores, una profesión ,aunque dicha palabra no abarque el significado del arte de escribir, que se basa en la libertad para crear mundos inexistentes o para criticar el que habitamos de verdad.Es muy sorprenderte que un autor de ficción, y en especial uno tan laureado como Salman Rushdie, que consiguió consagrarse como escritor superlativo con su segunda novela Hijos de la medianoche, excelente relato de la historia contemporánea de India y ganadora del prestigioso premio Booker, haya podido pasar diez años escondido, siendo imposible su participación en eventos públicos y obstaculizando la escritura de nuevas novelas. Finalmente, la orden de ejecución se retiró fruto de las negociaciones entre los gobiernos de Inglaterra e Irán. Como consecuencia, este triste episodio quedó grabado en la memoria de escritores y amantes de la literatura como uno de las máximas expresiones de intolerancia religiosa contemporánea.

Una de las multitudinarias protestas contra Salman Rushdie (Pakistán). Foto: Canadian Press

Tampoco podemos obviar que el libro Los versos satánicos está aún prohibido en multitud de estados y que el autor tuvo vetada su entrada a India, su lugar de origen y uno de los países en los que el libro sigue prohibido. Así mismo, el propio Joseph Anton tuvo que declararse seguidor y creyente del Islam, confiando en que ello disminuyera la tensión reinante. Todas estas afrentas fueron sin duda graves, pero de esta historia también se pueden recoger importantes lecciones: enseñanzas de dignidad y fraternidad en el mundo de la literatura, disertaciones sobre la bajeza del ser humano y sobre el poder de los sentimientos como la ira y, como no, viajes por la sabiduría del arte de escribir. Que el fundamentalismo no acabara con la vida de Salman supuso que Rushdie, el escritor, pudiera seguir creando. Tras sus magníficas novelas Los hijos de la medianoche y Los versos satánicos,el autor ha seguido escribiendo, deleitándonos con obras de la calidad de El suelo bajo sus pies, un relato contemporáneo indispensable sobre amor, música y el “otro mundo”. También destaca Joseph Anton, el libro de memorias en el que Salman, a través de Rushdie, nos cuenta las desventuras de Joseph durante los 10 años que duró la amenaza formal de muerte.

La historia de Salman, Rushdie y Joseph pudo haber acabado como la de Hitoshi Higarashi, pero la paulatina reincorporación a la vida pública de Salman, a partir de que el gobierno iraní anulara la declaración de ejecución de Rushdie en 1998, no solapa la amenaza pública tanto al autor como a la libertad de expresión que fue permitida por instituciones gubernamentales, que en pos de las relaciones internacionales se negaron a realizar acciones contundentes.

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